Estamos viviendo uno de los momentos más brillantes de nuestra historia
y sin lugar a dudas de la historia de lucha de los pueblos latinoamericanos.
La insurrección masiva y autogobernada del pueblo en combinación
espontánea con las bases militares leales a su primer comandante y al
proyecto bolivariano bastó para garantizar la victoria de la libertad.
Siguiendo el mandato exclusivo de su propia disposición a luchar de cualquier
forma por restablecer el orden democrático y mantener la continuidad
del sueño justiciero y patriota que encarna el presidente Hugo Chávez,
ambas partes del cuerpo popular dieron al traste con uno de los planes golpistas
más maquiavélicos que haya conocido la nación latinoamericana.
El poder popular, convertido en cuestión de horas en una fuerza cívico-militar
insurreccional, quebró en menos de dos días una componenda conspirativa
donde se juntaron poderes militares, económicos, políticos, mediáticos
e imperiales con el objetivo inmediato de sacar del poder al presidente Hugo
Chávez, y mucho más allá aún, con el propósito
de crear el primer modelo de dominio fascista en el siglo XXI. E insistimos
en la caracterización de fascista y no solamente dictatorial de este
plan, ya que el mismo estuvo condicionado a la creación previa de un
sujeto o monstruo social cargado de odio, de racismo y de un deseo de exterminio
y venganza que, efectivamente, tuvo el chance de probar su horror en el corto
tiempo en que se impuso entre nosotros...vencida esta bestia por un acto multitudinario
de valentía...¡Honor y Gloría a todos, todos los venezolanos
caídos entre el sangriento 11, el terrorífico 12 y el majestuoso
13 de abril!.
Se trata de una proeza libertaria de tal inmensidad que nos permite decir que
la rebelión del 13 de abril no solamente permitió restituir el
hilo constitucional y la presencia del presidente Chávez en el palacio
de Miraflores, sino que marca, por su propia fuerza y belleza, el renacimiento
de un nuevo país y de un nuevo pueblo. Nuestra Patria ha renacido el
13 de abril y a la par de este renacimiento, el pueblo venezolano se constituye
hoy en día en la más alta inspiración para la lucha de
todos los pueblos del mundo... Por eso también reafirmamos que el pueblo
venezolano es en estos momentos, junto al pueblo palestino, un héroe
mundial de la lucha por la soberanía y la libertad.
Todavía es muy temprano para hacer un balance completo de los hechos
acontecidos, y no solamente es muy temprano, sino que acabamos de vivir una
rebelión tan extraordinaria y laberíntica que jamás será
tarde para añadir algún elemento más, alguna crónica,
anécdota, sentido, contenido, a esa inmensidad vivida. Cuantos desplazamientos,
llamadas, mensajes al exterior, contactos, rezos de nuestras madres, barricadas,
cacerolas, manifestaciones, cauchos quemados, encuentros fugaces, planes rápidos,
enfrentamientos armados, tomas, avanzadas de gentes hacia los cuartes, fusiones
entre fuerzas militares y civiles, agitación de motorizados, marchas,
pintas, y la invención de preciosas y alentadores consignas como aquella
que quedará para siempre en la memoria popular y con la cual se coreaba:
"Chávez aguanta que el pueblo se levanta", hicieron falta para
garantizar el desarrollo de una espiral insurreccional, es imposible saberlo.
Pero lo esencial dentro de todo esto fue cada grupo o comunidad, incluso cada
individuo aislado con disposición a la pelea asumió de hecho ser
el centro estratégico del levantamiento popular. Aquí se fueron
pal carajo las pretensiones arrogantes de las clásicas vanguardias; el
pueblo rebasó por completo los instintos conservadores y defensivos que
infectan cualquier dirección o comando central en momentos como ese.
Fue más bien una rebelión con miles de puntos de dirección
que operaron espontáneamente en perfecta coherencia y ritmo y que potenciaron
al máximo el papel de lucha de cada quien, desde las señoras que
comenzaron a apostarse frente a Fuerte Tiuna queriendo saber del estado de salud
de su único presidente, los soldados y oficiales que empezaron a objetar
los mandos impuestos y disponerse a confrontarlos, hasta los colectivos revolucionarios
que fueron agrupándose como podían y que sirvieron de centros
de articulación y lucha. Y así mismo de las herramientas de lucha
que se tenían a la mano, desde la piedra, la moto, las armas de combate,
hasta el Internet o el tanque de guerra. Lo que sí se mostraron absolutamente
necesarios fueron los líderes comunitarios y militares que inspiraron
la lucha y los miles de comunicadores que armaron una red gigantesca de relaciones
que rebasó por completo el silencio asqueroso que se impusieron a sí
mismo prácticamente todos los medios de comunicación. Esa fue
en definitiva la clave de la victoria. Si hubiésemos esperado por la
línea de un comando o partido, seguro que estaríamos aún
huyendo, testigos únicamente de una barbaridad represiva que se extendía,
y lo que hubiese sido la más triste de las tristezas, ver como el fascismo
iba hora tras hora apropiándose de la conciencia colectiva y ganando
a adeptos a sumarse a la labor de exterminio y represión que se disparó
de inmediato. Por ello les proponemos, en primerísimo lugar, que ayudemos
entre todos a reconstruir la memoria de confrontación, resistencia y
rebelión del 11, 12 y 13; una memoria que por sí sola constituye
un nuevo tesoro en la lucha revolucionaria de los pueblos del mundo y un modelo
inédito de rebelión victoriosa; la primera del siglo XXI y la
segunda después de los zapatistas en los tiempos de esa cosa que llaman
posmodernidad...¿y qué dirá por cierto el comandante Marcos?.
Lo que si sabemos es de la estupefacta felicidad que hoy siente ese otro comandante
que tenemos entre las islas del caribe.
Ya muchos estamos concientes que le hemos dado una bofetada en la madre al
imperio más gigantesco y totalitario de la historia, y lo que no pudieron
hacer otros aplicando un criminal terrorismo se lo hemos hecho nosotros a punta
de nobleza, inteligencia colectiva y amor a nuestros símbolos, principios
y esperanzas comunes. La magnanimidad que demostramos luego de la victoria,
empezando por la del propio presidente y sobretodo del pueblo dueño nuevamente
de las calles desde el 13 de abril, es una bellísima patada en el culo
a la prepotencia y el maquiavelismo imperial. La rabia colectiva e insurrecta
que hemos sabido convertir nada menos que en respeto y reconocimiento de los
derechos de todos aquellos que colaboraron directa o indirectamente en el desarrollo
de este macabro golpe, en contraste absoluto con el puro instinto de represión
y muerte que demostraron estos asesinos ayudados por el imperio, les quita la
careta y los despoja de cualquier justificación moral o política
a estos que han venido sometiendo al mundo a su gusto y manera en nombre de
la libertad y sin nadie que los adverse desde hace más de una década.
El poder moral, el más grande de todos los poderes humanos, que tenemos
ante el mundo es hoy en día muy, muy grande, algo que debemos aprovechar
para profundizar el desenmascaramiento de ese sórdido imperio que se
ha autootorgado el papel de "policía" del mundo, e inspirar
a los movimientos sociales y revolucionarios de todo el planeta a profundizar
esta acción liberadora de la verdad y la dignidad humana. Y no es solamente
el desenmascaramiento, es la denuncia y la exigencia de que ese sátrapa
de Bush deje de ser el presidente del pueblo que al fin y al cabo y a su particular
manera creó la primera república democrática del mundo.
Es la denuncia al cínico papel mediador que hoy juega el traidor racial
de Collin Powel frente a la masacre continuada del pueblo palestino. Y que valga
nuestro respeto y absoluta solidaridad con ese aguerrido y digno pueblo. Es
el papel de instigadores y estrategas de la muerte y el intervensionismo que
vienen jugando en Colombia a través del Plan Colombia, y que también
valga nuestro respeto y solidaridad con los ejércitos insurgentes del
pueblo colombiano.
Estamos entonces inaugurando un nuevo tiempo donde el protagonismo popular,
ahora sí, se convierte en la energía fundamental de la transformación
nacional y un aliento ejemplar en las luchas de liberación que hoy se
libran en nuestro continente y el mundo. El proyecto revolucionario bolivariano
pasa por lo tanto a una nueva etapa donde no será el gobierno en sustitución
de la sociedad y de la comunidad popular quien dirija y determine el movimiento
conjunto del proceso revolucionario. Cada quien recobra su papel y autonomía,
cada quien asume su responsabilidad particular y propia dentro de este complejo
proceso. Por nuestra parte, tratándose del movimiento popular, si sabemos
hacerlo y asumimos por entero la enorme responsabilidad política que
tenemos, estamos ante la posibilidad de garantizar desde ya el desarrollo de
un movimiento popular muy diverso y activo, totalmente autónomo, pero
cohesionado sobre valores y metas políticas esenciales que en estos momentos
compartimos con la dirigencia de gobierno y que nos permiten seguir avanzando
coherentemente, por supuesto, siempre y cuando exista un diálogo claro
y de igual a igual con ellos desde donde se produzcan los acuerdos políticos
necesarios. Ya lo veníamos diciendo, pero ahora como mucha más
razón, que entre el gobierno y el movimiento popular es necesario establecer
un nuevo pacto de gobernabilidad que nada tenga que ver con la repartidera de
puestos burocráticos y mucho menos de billete, y sí de consensos
programáticos y de ejecución programática sobre los cuales
se vaya definiendo el rumbo y el contenido del proceso revolucionario. Pero
para que todo esto sea posible es necesario que el gobierno -siendo este un
mensaje particular a nuestro comandante Chávez- se despoje de las herencias
mesiánicas que arrastra culturalmente este proceso, se decida a defenestrar
por completo las bases del viejo estado corrupto y burocrático, y promueva
la formación de una dirigencia de gobierno con verdadero sentido de compromiso
y militancia con el sueño patrio que todos compartimos, sin dejar en
absoluto de guardar su compostura y responsabilidad con un Estado que por principio
ha de ser de todos los venezolanos y sobretodo con la bella constitución
que lo norma, ahora legitimada por la insurrección y no sólo por
la discusión de constituyentistas y la votación refrendaria pasiva.
De hecho, ahora sí sabemos hasta que punto los venezolanos estamos dispuestos
a luchar hasta la muerte por que se respete, se mantenga la vigencia y se materialicen
los principios de la constitución bolivariana.
Ahora bien, el llamado a la crítica y la autocrítica no sólo
van para ellos, también va para nosotros: mientras no construyamos espacios
políticos comunes, centros de encuentro y articulación sólidos
donde cada quien se despoje del sectarismo y el dirigentismo ridículo
que arrastramos como maldición edípica entre nosotros, y nos atrevamos
a crear y respetar planes políticos, estratégicos y de trabajo
conjunto reunidos sobre una pluralidad de centros asamblearios y organizados
donde quepa realmente todo el mundo y todas las ópticas, que los asumamos
como patrimonio organizativo fundamental del movimiento popular, que aclaren
el problema de las legítimas vocerías que debemos darnos a nosotros
mismos, que se unan ellos mismos en una inmensa red revolucionaria, que apoyen
y multipliquen el proceso constitutivo del poder participativo y popular que
dicta el proyecto revolucionario y que en estos momentos debe irradiarse sobre
todas las comunidades, espacios públicos, educativos y comunicacionales,
sobre calles y centros de trabajo, y terminar de cortarle la cabeza en principio
y hasta donde la paciencia del pueblo por las muy buenas legales vías,
a todas esa basura de la IV República que aún controla las redes
básicas del poder en nuestro país y empezar la construcción
en firme de una democracia efectivamente participativa y protagónica
en nuestro país, mientras todo esto no suceda será muy difícil
romper con nuestro propia entropía y desorden, con nuestro marginalismo
aprendido y con la actitud delegativa que hemos guardado frente a las figuras
de gobierno, representantes y partidos oficialistas desde el triunfo de 1998.
En ese sentido como Asamblea Popular Revolucionaria queremos hacerles a todos
la propuesta de que nos avoquemos de inmediato a construir a nivel nacional
el movimiento o la unión o la asamblea popular y revolucionaria 13 de
Abril. Sin que tenga ningunas pretensiones de centro de mando, ni siquiera de
espacio aglutinante del movimiento popular en su conjunto, sino el de un lugar
importante de coherencia, debate, articulación y organización
de una gran cantidad de colectivos populares, cooperativos y de trabajadores.
Ese cambio central de actitudes, de visión, de perfil, de políticas,
de criterios de encuentro y organización que demandamos y nos demandamos,
acordémonos que nos es solamente algo que nos permita ajustar cuentas
entre pueblo y gobierno, es también un principio básico para la
sobrevivencia del proceso revolucionario. El fascismo no ha muerto, por el contrario
por primera vez en nuestro país ha encontrado una base social que lo
sustente políticamente y permita reproducir su subjetividad de odio y
exterminio. Por ello nos adelantamos a decir que muy bien hace el gobierno con
garantizar el clima democrático en nuestro país, abrir puentes
a través de la propuesta de mesas de diálogo con los sectores
burgueses y de clase media pero donde nosotros también estaremos presentes.
Ubicarse en definitiva dentro de una posición política dialogante
y centrista que permita al menos por los momentos desarmar esta subjetividad
que sigue subterráneamente su desarrollo y que seguirá, por perversa
y en algunos casos inconsciente complicidad, teniendo el apoyo de los grandes
medios, de los grandes capitales, del imperio y sus agentes, de partidos políticos
y de intelectuales y comunicadores. Después del 13 de Abril ya no necesitamos
pedirle al gobierno que refleje nuestros intereses, nuestras políticas
y sueños. La revolución, como lo dicta la insurrección
en curso, se hace desde abajo o simplemente se convierte en una caricatura absurda
y esquizofrénica de un gobierno que dice estar aquí pero por presión
de poderes termina estando allá, y al mismo tiempo se constituye él
mismo en el centro y la totalidad del proceso revolucionario (¿no será
por eso la locura de Chávez?...y no es por insulto porque en la calle
la gente con pancarta en mano demandó que le devuelvan su loco, así
mismito). Un proceso controlado y dirigido desde el celestial lugar del estado.
Consideramos que el papel central del gobierno en estos momentos es de servir
de aparato contentivo del fascismo mientras continúa en "Calma Activa"
-como diría el presidente en su primera rueda de presa- el proceso insurreccional,
hoy convertido nuevamente en proceso constituyente del pueblo (¿y por
fin cuando sacamos a Peña y tomamos la CTV?). Sin embargo, sabemos que
todo esto es muy frágil, que la provocación va a ser continúa
y la manipulación mediática restituirá la "verdad
fascista" que en estos momentos se desmorona por el contundente surgimiento
de una "verdad de pueblo" que ellos mismos no pueden tapar. Por su
parte el gobierno contiene y a la vez mantiene la continuidad de las políticas
transformadoras, negociando donde aceptemos todos negociar, mientras que nosotros
acompañamos y servimos el avance del pueblo en "calma activa",
dándole una correcta direccionalidad a la lucha de clases; ese es nuestro
papel. Pensamos que ese es el fondo del pacto de gobernabilidad en estos momentos.
Si fallamos vendrá la guerra y si ella se hace inevitable dado el cuadro
nacional e internacional actual con el sátrapa de Bush en la cabeza del
imperio, ella vendrá al menos demasiado pronto. Por eso insistimos en
que trabajemos con un máximo de responsabilidad y coherencia, nos estamos
jugando la sangre y el pueblo activo ha pasado a ser un actor fundamental dentro
del destino de nuestro país.
De todas formas, y volvamos al punto esencial de toda esta historia, si hay
algo que nos enseño esta insurrección es que el único agente
con posibilidades de garantizar la continuidad y la realización efectiva
de un proyecto revolucionario es el hombre y la mujer de la calle convertidos
en comunidades y colectivos de lucha. Mucha gente querrá sumarse desde
ahora y por muchas más razones al derrotero de esta especial, sorpresiva
y paradójica revolución. Y es allí precisamente donde juega
un papel primordial el movimiento o los movimientos populares organizados. Como
vanguardias amplias y colectivas, pero necesariamente mucho mejor articuladas
y organizadas, nuestro servicio es a ellos a ese hombre y a esa mujer que continúan
su insurrección, a ese niño que nos dibuja con su cara el país
que debemos construir.
Ciertamente y después de trece años es magnífico reiterarlo
compañeros, aquí:
¡No hay pueblo vencido!
¡Viva el pueblo venezolano!....
¡Viva la revolución bolivariana!
¡Arriba la lucha de los pueblos del mundo!.....
¡Venceremos!
ASAMBLEA POPULAR REVOLUCIONARIA
Comisiones Delegadas