La educación que Bolívar queria

Un historiador decía que después de 14 años de una guerra prolongada de independencia, como la que sostuvo nuestra Patria ante la colonización española, la economía había quedado arrasada como lógicamente era de esperar. Seguramente ninguna hacienda podría exhibir ganado en pie o plantaciones en producción. Pero ante tanta ruina y desolación, nuestro Libertador no colocó como primera prioridad la reconstrucción material o económica de las repúblicas recién liberadas. Desde entonces nos señaló que “moral y luces son nuestras primeras necesidades”. Y es que como dice el Evangelio todo lo demás se nos dará por añadidura. ¡Que gran verdad! Y contradictoriamente, qué poca importancia le hemos dado, puesto que siempre lo asumimos como un eslogan más y no como una directriz primaria del quehacer de la Patria.

Si cada venezolano es bien formado moralmente, sólo esperaríamos de él un correcto accionar en cada aspecto de su vida. Si siempre hubiera sido así, ¿quiénes serían nuestros dirigentes comunales, sindicales, empresariales, militares y políticos? ¿Y quiénes nuestros diputados, jueces, fiscales, periodistas, dueños de medio y educadores? Y lo más importante, quiénes seríamos cada uno de los venezolanos. Pero la moral de una gran parte de nosotros ha caído a tal grado que todavía muchos dicen que Carlos Andrés fue bueno porque “ robaba y dejaba robar”. Sólo si interiorizamos este clamor moralizante de nuestro Libertador derrotaremos la delincuencia y la corrupción. Recordemos las palabras que dirigió Bolívar a su maestro Simón Rodríguez como testimonio de su formación juvenil: “Ud. formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso”.

Lamentablemente cualquier encuesta entre nuestros pobladores arroja casi siempre que nuestros principales problemas son la inseguridad, el desempleo o el debate político, pero el tema de la educación, en su forma más amplia, jamás aflora como uno de los valores a instaurar en nuestros corazones. La moral es la primera riqueza para el desarrollo social de cualquier país.

¿Y las luces? Las luces son el saber, el conocimiento. Las luces son entonces la principal riqueza de cualquier nación para su desarrollo económico. Muchos son los ejemplos de naciones como Japón que ante la ausencia de riquezas naturales bajo su suelo, han tenido un desarrollo económico muy superior a aquellos que como nosotros ostentamos muchos. Esto lo han logrado gracias a contar con una población altamente preparada en todas las áreas del saber y muy especialmente en el campo científico y tecnológico.

Mientras otros países preparan a sus pobladores, increíblemente nosotros vemos cómo muchos de nuestros niños ni siquiera llegan a culminar el sexto grado de primaria. Preparación ésta que en alguna época ya superada, sólo garantizaba una profesión de “pico y pala”. Y en vista de que esta “profesión” ya no existe y que, sin embargo, seguimos “preparando” a muchos venezolanos para ello, éstos niños y jóvenes se vienen ocupando en tareas aún menos productivas como “limpiaparabrisas” y vendedores en avenidas y semáforos. Y aunque ésto nos resultara indiferente, en definitiva son también nuestros hijos por que son los hijos dela Patria. Con esta realidad nunca podremos afrontar ningún desarrollo.

Como en la vieja democracia representativa la educación no había tenido prioridad, vimos cómo fueron eliminadas las Escuelas Técnicas. O cómo se eliminó la asignatura Moral y Cívica, por poner sólo dos ejemplos. Ni hablar de los presupuest para tal fin. ¿Cómo en un país petrolero no existen un gran número de carreras técnicas a nivel medio y superior en esta área?¿Tenemos en la población los obreros, técnicos y profesionales universitarios técnicamente preparados para el desarrollo industrial que todos deseamos? O es que ingenuamente pensamos que el desarrollo del país sólo requiere inversión de capital.

En un país donde hemos tenido un maestro de la talla universal de Simón Rodríguez estamos oyendo un llamado antipatriota, de cierto “sector educativo” que todos conocemos; este llamado al cierre de centros educativos, lejos de cualquier interés que beneficie este sector, es una medida más de desesperación de mantener la zozobra entre la población que justifique la continuidad de un saboteo petrolero que viene siendo derrotado en todo el país. Ante esto, basta con traer a la mesa la posición fijada por la UNICEF de que ninguna crisis justifica eliminar el derecho a la educación de nuestros niños y adolescentes. Entonces, sí a las clases y sí a la educación.


Samuel García
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