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Inflación de cumbres
Por: Antonio Guti{errez Vegara/ La Vanguardia
Fecha de publicación: 31/12/05
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TAL VEZ SOBREN cumbres y falten reformas democráticas de los organismos internacionales

Se agolpan las cumbres internacionales tanto como los compromisos incumplidos y retos aplazados. En lo que llevamos de otoño hemos asistido a la Asamblea de la ONU, que debía evaluar el grado de cumplimiento de los objetivos del milenio acordados cinco años atrás e implementarlos con nuevas medidas para reducir a la mitad la pobreza en el mundo hacia el año 2015. La reunión de Nueva York se saldó constatando la decepción por lo realizado en el quinquenio transcurrido y la frustración de unas resoluciones tan livianas que desalentaron a los más optimistas. Previamente, los más ricos, que se agrupan en el G-8, habían preparado en su particular cumbre de Londres la pendiente hacia el fracaso de la ONU minimizando cuanto les fue posible la condonación de la deuda externa a los países más pobres.

A continuación, la cumbre del clima en Montreal ha tenido que volver sobre el protocolo de Kioto adoptado en 1997 y torpedeado desde el inicio por EE. UU.

Finalmente se han ido desenganchando de la obstruccionista posición norteamericana países tan determinantes del cambio climático como Japón, Rusia, China o Australia, y en la reciente cita canadiense lo que en realidad se ha podido celebrar es la reiteración de los objetivos de reducción de emisiones de gases contaminantes y de efecto invernadero que ya se acordaron en Kioto. No es despreciable el acuerdo tras sortear tantos y tan poderosos intereses económicos, políticos e incluso geoestratégicos que están en juego, pero no debe pasarse por alto que las consecuencias del cambio climático ya están aquí en forma de catástrofes de la naturaleza con sus secuelas de muerte y destrucción, mientras que aún esta por ver si se cumplen la medidas adoptadas para contrarrestar sus efectos, ya que se nos pasó el tiempo de prevenirlos. De hecho, la propia UE ha renovado su compromiso contraído en Kioto de reducir entre un 15% y un 30% la emisión de gases, pero aplazado ahora hasta el año 2020. Peor es aún el caso particular de España, que lejos de reducir dichas emisiones nocivas para el medio ambiente, como asumió a mediados de los noventa, las ha aumentado casi en un 50%.

La OMC inauguró una nueva ronda en Doha hace cuatro años bajo el rimbombante enunciado de Agenda para el Desarrollo y el Libre Comercio. Según aquella declaración de intenciones, el impulso al libre comercio iba a contribuir poderosamente al objetivo de sacar de la pobreza extrema a cientos de millones de personas del Tercer Mundo. Habría sido muy positivo levantar barreras comerciales, eliminando subvenciones y aranceles, tanto para el acceso a los mercados más boyantes de los productos agrícolas y materias primas provenientes de los países menos desarrollados como para el progreso industrial de estos últimos. Pero a la cumbre de Hong Kong que concluyó hace unos días se llegó sin haber cumplido los deberes asumidos en Qatar y la mayor parte de los debates han transcurrido entre la mayor o menor astucia de los más ricos del planeta en la forma de camuflar sus proteccionismos y la desconfianza - fundada- de los que aspiran al desarrollo prometido ante la exigencia de abrir sus mercados a los bienes industriales y servicios del Norte. No obstante, el acuerdo de mínimos alcanzado es mejor que el fracaso total vaticinado hasta unas horas antes del cierre de la conferencia, pero es también una renuncia al objetivo global de desarrollo que se trazó en Doha y el más absoluto olvido del compromiso adquirido en la cumbre de laOITde 1998 para acompañar la globalización con el respeto universal de los derechos sindicales y sociolaborales básicos.

Uno de los huesos más duros de roer en Hong Kong, la agricultura, ha lastrado en buena medida también el desenlace de la otra cumbre de las últimas semanas y que nos es más próxima a quienes vivimos en esta parte del mundo, la de la UE.

El acuerdo alcanzado in extremis en Bruselas sobre las perspectivas financieras 2007-2013 ha permitido salvar los muebles de algunas casas particulares, pero el edificio común no termina de cubrir aguas. La española está entre las que se libran de la quema, con un exiguo saldo de beneficiario neto al final del periodo y sobre todo por el nuevo fondo para el desarrollo tecnológico que buena falta nos hace para mejorar la productividad de nuestra economía. Sin embargo, haber reducido el presupuesto de Europa al 1,047% de su PIB hace más difícil todavía combinar la cohesión interna de la Unión en proceso de ampliación y convertirla de aquí al 2010 en la zona más dinámica y competitiva del mundo, respetando su modelo social, como proclama la estrategia de Lisboa.

Tal vez sobren cumbres y falten reformas democráticas de los organismos internacionales, así como una mayor coordinación vinculante entre ellos. Los eventuales acuerdos que se fueran alcanzando estarían mejor trabados y, con más democracia en el gobierno de la globalización, la libertad iría de la mano de la justicia. Sin ellas seguirá imperando la ley del más fuerte, que, por injusta, siempre termina provocando los mayores desórdenes.

A. GUTIÉRREZ VEGARA, presidente de la comisión de Economía y Hacienda del Congreso
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Antonio Guti{errez Vegara/ La Vanguardia


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