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Lugar común. Crónica de una reunión en un colegio “privado”.
“El hombre nace libre y por todo lado está en cadenas”
Jean-Jacques Rousseau. “El contrato social”.
El derecho a huelga alegado por los sindicatos de educadores de esta hermosa geografía ha obligado a un buen sector de la población a confiar la educación de nuestros hijos a los denominados “Colegios Privados” bajo el convencimiento que en Venezuela la educación es una sola. El estado se encarga a través de sus entes de garantizar que en los planteles privados se imparta educación bajo los lineamientos del Ministerio de Educación Cultura y Deportes, el mismo es el responsable de emitir la licencia respectiva. En enero del presente año, el Ministro de Educación anuncia el reinicio de clases bajo el clima político que vive el país, no creo necesario un análisis al respecto, argumentando el derecho humano y universal que poseen nuestros niños, niñas y adolescentes a la educación, UNICEF se pronuncia al respecto apoyando la resolución.
Convencida de mi deber como garante de los derechos de mis hijos, Daniel se apoderó de su indumentaria casi otoñal en un país tropical, emprendió su retorno a clases, teniendo que regresarse ya que educación no había. La objetividad, tesoro hermoso pero difícil de alcanzar, me monta en una diatriba para ejercer mi libertad de expresión, lo haré como una fábula en la que el trasfondo se presenta de manera subrepticia, apelaré al realismo mágico de García Márquez, recurso delicado de usar ya que la realidad supera este género literario, me agarro de la dialéctica o intento el análisis a través del materialismo histórico. Retomando el tema del retorno a clases (parece un comercial de televisión no he podido escapar de la campaña mediática a pesar de mis esfuerzos) preocupada me dirijo al plantel y la directora me afirma que no hay clases debido a la reducida asistencia, la violación al derecho constitucional a la educación de mi hijo se sustentaba sobre la base de no ejercer el derecho a la educación de los ausentes.
Al repetirse por tres días consecutivos esta situación, el colegio convoca a una reunión para discutir el reinicio a clases. Estoicamente agoto mis reservas de combustible para asistir a la reunión, comienzo de un episodio que al regresar a mi casa tuve que revisar “El asalto a la Razón” de LuKács luego de quedar absolutamente confundida de aquel acto que denominaron “reunión”, el cual empezó por la lectura de una agenda, esa sí era de verdad oculta, ya que nos convocan para discutir el reinicio a clases y el primer punto de la agenda era un subterfugio intitulado “La evaluación institucional de la crisis del país”, segundo punto: Varios. Inmediatamente el malestar colectivo no esperó en hacerse sentir y, a pesar de oír un discurso donde el reinicio el clases se dificultaba por el transporte y por la ausencia de pastelitos y Pepsi-cola en la cantina, se llegó a la conclusión, a petición de la mayoría de los representantes, que el punto único a tratar debería ser el reinicio de las clases.
En su exposición inicial, la directora del plantel alegó contundentemente que las clases no habían empezado ya que la norma del 50+1 lo impedía. En el laberinto de leyes que en la actualidad poseo en mi cerebro, esa no la recordaba, consecuentemente le pregunto a Teresa Villegas, educadora con amplia experiencia en la labor sindical que donde aparecía eso, ella solicita el derecho de palabra y pregunta a las representantes de la zona educativa, donde se contemplaba el referido 50+1, ellas responden que eso no está establecido. A pesar de ser atea invoqué a dios, se me debe haber pegado de los medios de comunicación, y recordé la constante prédica que le imparto a Daniel sobre la responsabilidad que se debe tener en el momento de aseverar algo.
Un representante toma la palabra, afirmando que la solidaridad con aquellos que viven lejos y tenían dificultad para arribar al colegio era un acto que perpetuaba la especie, escasos aplausos se oyen, irremediablemente una autoridad en el tema de la evolución reconocido internacionalmente, profesor y compañero de trabajo Ernesto Rodríguez inunda mi capacidad cerebral, sin olvidarme por supuesto de Charles Darwin. Como la mayoría de los representantes pensábamos que era una reunión para encontrar herramientas que facilitasen el reinicio de clases, ya que un derecho humano bajo ninguna circunstancia se discute, se elige o se cuestiona y, una minoría argumentaba los inconvenientes como la falta de combustible y la inseguridad en Trujillo, los asistentes comenzaron a exacerbarse y en medio de una gran cantidad de opiniones todas al unísono, una persona planteaba que las decisiones tomadas sobre el derecho universal a la educación fuesen propuestas que deberían ser sometidas al voto de los presentes.
Si hubiese al menos contado, los que defendíamos el retorno a clases constituíamos la mayoría, sin embargo, por principios un derecho no se somete a la elección de ningún colectivo, ni a ningún quórum chequeado grotescamente después de 2 horas de inicio de la reunión, imagínense si la discusión fuese el derecho a la vida. Aquella reunión se volvió un pandemonium en el cual se llegó inclusive a plantear que donde terminaba el derecho a la educación de mi hijo iniciaba el derecho de otros niños de no asistir al colegio, el derecho a la educación es un patrimonio colectivo y el derecho a la no-educación no existe. En medio de aquella suerte de Macondo no logro coordinar la secuencia de algunos hechos, destacaré algunos de merecida relevancia: la Directora del plantel esgrimió en un arrebato de soberbia: “entonces hay clases el lunes” y agarró sus carpetas para retirarse y dejar a la audiencia sin concluir nada, acto no consumido.
Un militar que hacía presencia, supongo que como representante, hace uso de su derecho de expresión y aclara de manera didáctica la situación del combustible y cómo se paliará paulatinamente minimizando las dificultades para trasladar a los estudiantes, como educadora sentí un escéptico alivio. Es inaceptable que existan seres humanos que se oponen a la impostergable labor de formar a nuestros jóvenes, al respecto aplaudo la postura irreconciliable de las representantes de la zona educativa en defender el derecho a la educación. No quiero terminar la presente sin antes pronunciarme por el acto político solapado que traté de narrar, por encima de la libertad de expresión, de pertenecer a cualquier partido político, religión o corriente del pensamiento humano, se encuentran nuestros niños niñas y adolescentes, si defender la formación del hombre como herramienta indiscutible e ineludible para la transformación de la sociedad, me convierte, para los que padecen de estreñimiento mental, en chavecista pues bienvenida sea la etiqueta. Se me olvidó algo Importante, esto ocurrió en el Colegio Monseñor Vicente Valera Márquez, de Trujillo...... creo que fue José Rafael Pocaterra que dijo “hay que vivir como se piensa porque se termina pensando como se vive”.
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