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Carta al cardenal Velasco
Cardenal, si es con usted. Yo le pregunto no le da vergüenza llevar el capelo cardenalicio si usted traicionó al pueblo católico y a Venezuela en general cuando se alió en Noviembre del 2001 con FEDECAMARAS, CTV, medios de comunicación golpistas, AD, COPEI, los vende patria de PDVSA (esos altos ejecutivos ladrones que hacen contratos con empresas donde sale perjudicado el estado). El ala militar llamados los Matos-Ibáñez, la alta burguesía y el imperio yanqui. ¿Cómo fue que usted propuso a Carmona para presidente?, ¿Quién le dio ese derecho divino para decidir? ¿Cómo es posible tamaña ignominia que hasta se presto para acompañar a nuestro Presidente cuando fue hecho preso?, ¿Y su amigo Porras, quien dijo por televisión que el presidente había renunciado?... Son unos delincuentes, golpistas, hasta se prestaron para ser testigos de la deportación de Chávez o para ser testigos de que lo "suicidaran", menos mal que él le dejó su arma a Chacin.
Por todo esto deberían estar en la cárcel, si en este país funcionara la justicia. Se ve que ustedes no piensan que si ese golpe se hubiera concretado estaríamos peor que Argentina. Tampoco usted se ha preguntado por qué más y más venezolanos dejan la Iglesia Católica, si no lo sabe se lo cuento:
1) Por traidores y vendidos como ustedes.
2) Por los abusos sexuales que muchos no cuentan.
3) Por falta de piedad ante el pueblo necesitado.
4) Por utilizar a los niños en algunas escuelas católicas, obligándolos a realizar pancartas para las manifestaciones de la "alta sociedad civil"
Sólo quieren que el gobierno les dé dinero, como lo hacia Jaime Lusinchi para mantenerles la boca cerrada y le rindieran pleitesía a su barragana Blanca Ibáñez. Yo tengo memoria y he leído mucho sobre las tropelías de la Iglesia Católica, quienes en nombre de Dios y La Cruz se adueñaron de grandes riquezas desde los tiempos antiguos y fueron cómplices del genocidio contra millones de indígenas y negros esclavos durante la conquista de América.
Llegó la hora de que usted le pida perdón a este hermoso, valiente y honesto pueblo, gracias al cual estamos en democracia, la mejor del mundo. Somos creyentes en Dios, y en mayor o menor grado somos Católicos, pero con sacerdotes así, las cosas cambian. No me despido ni lo saludo, usted no lo merece.
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