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(o la carta de un adulto al Niño Jesús venezolano)
La magia de la navidad venezolana
Por: Gregorio J. Pérez Almeida
Fecha de publicación: 25/12/05
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Querido niño Jesús, hoy presencié un bello espectáculo musical que te tiene a ti como motivo, centro y norte de toda la escena y, claro está, de nosotros los espectadores. La trama es un lindo sueño de unos niños en la víspera de navidad ¿y tú que crees? está íntegro dedicado a tu historia y a lo que significas para los cristianos y especialmente para nosotros los venezolanos. Un espectáculo verdaderamente alegre, risueño y jocoso que disfrutamos a lo máximo todos los que estábamos en el Teresa Carreño.

¡Imagínate! Ese pocotón de célebres cantantes, grupos musicales y de actores infantiles interpretando canciones navideñas y recreando nuestras tradiciones más populares, que si la Paradura del Niño, la Zaragoza, los giros de San Benito, la Gaita de Tambora, La Mariposa, la Pavana, el Estribillo, el Pregón Navideño y la Candelaria Hermosa…todo mezclado en un bello cuento navideño. ¡Guau! ¡Yo nunca había visto todas esas tradiciones juntas y tan bien interpretadas! Recorrimos casi todas las regiones y parajes de nuestra patria a través de las tradiciones navideñas ¡Qué atmósfera más agradable se creó en el teatro y cuántas cosas aprendí después de viejo! Por ejemplo, que todo el rollo de tu nacimiento tiene que ver con el culto al Sol naciente que viene desde muy lejos en la historia de la humanidad y, una verdadera bomba para mi: que no eran tres los reyes magos como nos habían enseñado, sino cuatro pero lo que pasó fue que uno se retrasó y llegó tarde y por eso no lo contaron los cronistas de la época. ¡Qué tremenda es la importancia de llegar a tiempo! Por un retraso el tipo ni aparecía en la historia siendo tan rey como los otros tres. Menos mal que lo encontraron y como si fuera poco el hallazgo también era negro… O sea que estaban parejos los reyes negros con los blancos… ¿de qué color serían los cronistas de la época? Bueno, a decir verdad, esto no importa mucho si lo que nos interesa es festejar la navidad porque, como leí en el programa que nos entregaron, de lo que se trata en estas fechas es de vivir el sueño de la igualdad, la hermandad y la solidaridad entre los seres humanos, en fin, de vivir el viejo sueño de la humanidad: la justicia.

Y hablando de justicia, en esta obra hay un personaje en escena que me llamó mucho la atención y es un “niño de la calle”. Te digo sinceramente que no sólo me llamó la atención, sino que luego me ocurrió algo extraordinario con él. No sé por qué, pero fue con él con quien me identifiqué… y no me sentí muy bien que digamos. Claro, ya sé que te preguntarás qué tiene que ver este niño y mi sentimiento con la justicia, pues bien, dame un tiempito y te lo explico.

Durante todo el espectáculo el chamito estuvo deambulando entre los actores, pero nunca supe cómo se llamaba porque jamás nadie lo llama por su nombre y ni siquiera aparece en el reparto. Sé que es un niño de la calle por la pinta que tiene: ropa vieja y rota, sin medias, con zapatos que le quedan grandes y sin trenzas, además duerme a la intemperie sobre unos cartones mientras los demás niños duermen en colchones gordotes. Se ve que no es hijo de nadie, que no tiene hermanos, en fin que no tiene familia pero, chamo al fin, habla con los duendes, con los otros niños y con un abuelo que al final le regala un juguete. Y es esto lo que me llamó la atención querido Niño Jesús, porque me parece que eso no es justicia sino caridad, simple y llana caridad, igual que la limosna que damos en la iglesia al final de la misa. Como decía mi papá (al que tengo como un verdadero cristiano): “Caridad no es justicia. La caridad, esto es la limosna, sirve para lavar los pecados. Justicia es acabar con la pobreza para que no tengamos que dar limosnas”. ¡Ay Niño Jesús! discúlpame si estoy equivocado y si soy un poco grosero con la palabra que utilizaré, pero creo que ese niño de la calle, sin nombre y sin familia que deambuló por el escenario durante todo el espectáculo le puso una nota triste a la “magia de la navidad”, ya que si lo que querían era que se despertara en los espectadores el sentimiento de justicia ¡fracasaron! porque a mi lo que me dio fue arrechera al verlo en esa situación. Y te digo más: es por confundir caridad con justicia por lo que estamos como estamos. Y que me perdone Dios, pero creo que esta confusión está en la mente de muchos de los funcionarios que dirigen y administran las misiones. Por lo menos está en la mentalidad de quienes dirigieron el espectáculo. No lo digo yo… ¡Está a la vista! Y si creen que exagero con lo de confundir caridad con justicia, vean lo que me sucedió con este “niño de la calle”, en verdad fue algo tan extraordinario que ahora dudo si no fue parte del espectáculo.

Me lo encontré en la salida del estacionamiento del teatro, a un paso de la caceta de pago. Ahí estaba, cuarenta años después, haraposo, sucio, hediondo y medio loco sosteniéndose con una mano los trapos que le servían de pantalón mientras con la otra pedía la limosna acostumbrada. ¡Sí! ¡Era él! Lo vi en su cara y me lo dijo con su mirada cuando le extendí mi mano para darle el vuelto del estacionamiento (¿mi “limosna de navidad”? Cierto, pero es que entre la piedad y la indiferencia prefiero aquella). Y al igual que en el espectáculo “La Magia de la Navidad Venezolana” no tenía voz propia ni derechos, era nadie, un “peluche” como le dice la policía, pero no era un fantasma: era un hombre de carne y hueso, la pura y simple continuidad de la miseria reproducida por la “magia” del capitalismo y mantenida a raya a punta de limosna por los cristianos de buena voluntad y los revolucionarios piadosos. Y aunque te parezca exagerado, en el breve instante que cruzamos miradas mientras nuestras manos se tocaban a través del dinero, me dijo lo siguiente:

“Yo también fui niño. ¿Sabe? y soñé con regalos en víspera de Navidad y le escribí cartas al Niño Jesús. Hasta una novia le pedí una vez… Siempre lo hice y aún lo hago ¡Por eso estoy aquí! Y aunque ya no le pido juguetes siempre espero que me traiga lo mejor como cuando era niño. Ahora le pido algo que tal vez sea imposible, pero ¡Quién quita y aparece mi mamá o mi papá y me reconoce, o tal vez un hermano o un primo que sepa quien soy y me invita a cenar con él! Es verdad, yo también fui niño y tuve una familia, amigos y enemigos que me llamaban por mi nombre y no sé cómo ni por qué pero un día amanecí entre la misma gente pero ya no me miraban ni me trataban como antes, dejaron de llamarme por mi nombre y comenzaron a llamarme “niño de la calle” y a tratarme como un perro. Ahora los muchachos me llaman “pordiosero” y un sabio alcalde, doctor en misterios sociales, dice que soy un “nómada”, como que yo quisiera vivir como los gatos. Nómadas son los gatos, a los hombres nos gusta una casa para vivir para siempre, una familia para siempre, unos vecinos para siempre, nos gusta tener un amor para siempre y en un país que nos reconozca como ciudadanos siempre, siempre aunque estemos arruinados. Si somos como dice el alcalde “nómadas” es porque los demás no nos dejan vivir en paz y además bajo los puentes hay muchas ratas y no hay comida para todos y hay que irse porque ellas no se van, atacan. Por eso pedimos limosna, porque la limosna está cerca de uno y en muchas partes, donde hay un cristiano pecador hay una posible limosna, es decir alguien que quiere salvarse de ir al infierno espiritual y uno le sirve de salvaalmas desde este infierno terrenal. ¿Cómo dice? ¿Que qué ha hecho el gobierno por mi? ¿Me preguntas o me lo cuentas? Yo que sé si ha hecho o no ha hecho, se oyen cosas, lo que sí sé es que por mi lado no ha pasado ni yo lo busco, no soy político. ¿Qué…? ¿Mi nombre? ¿Quieres saber cómo me llamo? ¡A pues! ¡No, por favor! te pido por amor a Dios que no me preguntes eso porque hace mucho tiempo que nadie me llama por él ni lo pronuncio para no recordar los gritos que daba mi mamá allá en el barrio buscándome cuando se hacía de noche. Ahora tú vez ¡qué más da! ya no importa si me llamo Juan, Jesús o José… dame una ayudita y ya, que se hace tarde. Eso es lo que quiero de ti. Lo demás es puro espectáculo…”
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Gregorio J. Pérez Almeida


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