Los derechos de los nietos, bisnietos y tataranietos de Bolívar y Chávez

En los recientes sucesos acontecidos en Venezuela, producto de la arremetida fascista contra un pueblo que se ha declarado soberano e independiente, hemos visto en un acuerdo y con eficiencia socialista, que no sólo se ha resistido, sino se ha desplegado todo un colectivo de organización para la paz, popular, comunal, institucional e internacional para denunciar y contener la agresión.

Las denuncias e investigaciones son la orden del día. Todos se han pronunciado. Las mujeres, trabajadores, adultos mayores, obreros de la construcción, estudiantes, ministros, empresarios, diputados. Los desfiles de twitter, aparición de aplicaciones del momento, repunte del uso de redes sociales, todas muestran, (des)informan, lo que pasa. Sin embargo, aún a la fecha, luego de casi un mes de agresión sostenida, violación de la Carta Magna y de toda una pléyade de leyes, por un grupo bien minoritario (que se abroga mayoría), que van del sentido común hasta los más elementales derechos, LOS NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES de la gran Patria, resisten y corren el riesgo de convertirse en un eslabón más del anecdotario de éste mes de violencia.

En éste tiempo, hemos visto flagrantes agresiones contra niños: los nietos del Presidente, hijo de Winston Vallenilla, hijo de Roque Valero, hija de Diosdado Cabello, por nombrar a figuras públicas, pero también los hijos y nietos de venezolanos y extranjeros, que tratan de asistir a clases, celebrar carnaval, transitar por la vía pública, cantar el himno de los Bravos de Apure o simplemente, cantar, el himno, canciones… y todo pretende prohibirse hasta que se dé “una salida” , anunciada, amenazada y coaccionada del Presidente de La República. Hasta que el esperpento no se concrete, se pretende anular todas las funciones de un sistema democrático y de la vida en común sobre el territorio venezolano (fascismo).

Los niños, niñas y adolescentes parecieran ser los grandes ausentes del debate. Sabrán algunos de ellos, las intenciones de sus padres de cercenar y amenazar su derecho a la Educación? Qué pasa con esos padres y representantes (si aún pueden ser llamados así), que amenazan a otros por enviar sus hijos a clases? Qué pasa con el vecino que agrede a una familia, porque los niños se disfrazaron en Carnaval? Qué sucede con el grupo de personas que cacerolea a una familia con NIÑOS en un restaurant y los exhorta a salir con groserías e insultos? Cuál es el impacto en la mente infantil, de toparse con barricadas encendidas en la calle, por la que transitaba a diario? En el ánimo de denunciar el fascismo, terminamos entrampados por él si no activamos, denunciamos, levantamos la voz, auspiciamos la participación de los niños, que son sujetos plenos de derecho.

Qué podemos hacer? Acudir a la denuncia individual? O generar un gran movimiento de alerta y conciencia sobre la violación flagrante de los derechos de los niños, niñas y adolescentes?

Corremos el riesgo que si no hay un pronunciamiento contundente por los órganos con competencia en la materia, y acompañado de acciones legales para la protección de los derechos de los niños, niñas y adolescentes terminamos por ceder a la nube conspirativa y de temor que lleva en sus entrañas el fascismo. Cierto es que las acciones de guarimba están focalizadas en un número reducido de municipios, pero cuando se trata de niños, basta que le suceda a uno, para que nos concierna a tod@s. Venezuela ha sido pionera en materia de inclusión social y debemos seguirlo siendo. Los niños del “Este de Caracas” tienen derechos, que hoy se ven violentados por padres, vecinos y hasta autoridades complacientes ante la violencia. Una exhortación a la corrección y erradicación de esa conducta de raíz. Salgamos de la anécdota, y tomemos la Constitución y la LOPNA para defender la participación protagónica de los hijos, nietos, bisnietos y tataranietos de Bolívar y Chávez.

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