Asamblea Nacional

“El Poder Legislativo es una pieza clave en la construcción de un ordenamiento jurídico que no solo haga referencia a los derechos humanos, sino que también otorgue a los ciudadanos las herramientas para su efectiva protección”. Este es un derecho fundamental expresado en nuestra Carta Magna, y quienes de ahora en adelante ocupen los curules de la Asamblea Nacional, tendrán que imprimir el mayor empeño por hacer de esta premisa constitucional, la columna vertebral de las actuaciones de este órgano público.

Bien sabemos que entre las funciones principales de la Asamblea Nacional está la de legislar sobre las materias de competencia nacional y sobre el funcionamiento de las distintas ramas del Poder Nacional, pero también es cierto que la Asamblea Nacional debe ejercer el control sobre el Gobierno y la Administración Pública Nacional, de conformidad con lo establecido en la Constitución Bolivariana. Por ello, hoy con más fuerza que antes, el Poder Legislativo materializado en la Asamblea Nacional, debe y tiene que ser conciente de la necesidad de ejercer sus funciones en concordancia con los proyectos de desarrollo social, económico, político, territorial e internacional de Venezuela. La tarea es aún mayor. La conciencia debe reinar en cada uno de los diputados y diputadas electas(os), para que intereses individualistas o partidistas, no solapen las actuaciones en pro del desarrollo y la prosperidad de nuestro pueblo, para que se afiance el verdadero cambio de acción que hará de éste, el país próspero que todos queremos, y para que cada organismo nacional y las instituciones gubernamentales, logren concentrar todo su potencial en el ataque frontal a la miseria y a la pobreza, y en la estructuración de una planificación estratégica y situacional acorde con las verdaderas necesidades de Venezuela.

En el período de la Aceleración y el Salto Adelante y del modelo de desarrollo endógeno de esta política de gobierno, la verdadera consolidación del poder se ubica en las instancias expresadas en la Constitución Bolivariana. La médula del poder está en los consejos locales y comunales de planificación pública, en las asambleas de ciudadanos, en la contraloría social, en los cabildos abiertos y en los gobiernos comunitarios. Por lo tanto, esta nueva Asamblea Nacional pasa a ser el canal para conformar la construcción de un nuevo Estado: el Estado del poder popular.

Y, establecer el poder popular y combatir por su institución, demanda la identificación plena con el pueblo venezolano, la convicción ideológica de un nuevo sistema político, económico y social, la responsabilidad con el proceso revolucionario y la razón de servicio al principio emancipador.

Todos los partidos políticos y a su vez, todas las regiones del país, todos los estados y todas las etnias existentes en Venezuela, tendrán que verse representadas en este organismo público, por lo que, la tarea de quienes ejerzan esta gran responsabilidad, debe verse reflejada, no sólo en su trabajo consecuente y sincero para con quienes hayan ejercido su voto, no sólo en su aptitud para resolver problemas específicos que competen y comprometen a la Asamblea Nacional, sino también con su actitud para mantener la unidad dentro de la diversidad antes que la verdadera oposición salga de nuestras propias filas. Tenemos que aprender a manejar los conflictos y las contradicciones que inevitablemente surgirán del juego triádico y la dialéctica del poder. Ahora toca formar con rapidez los nuevos diputados electos, para que cumplan a cabalidad sus funciones.

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Hugo Moyer Agostini


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