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La Política de Estado del gobierno de los Estados Unidos para Latinoamérica se basa en la imposición de su razón a través de la presencia masiva de su capacidad militar. La Fuerza Armada de USA tiene un rol preponderante como instrumento de su política exterior y eso lo demuestra el despliegue militar del Comando Sur en región. Aunque reconocemos que la imposisción de políticas económicas y comerciales es también un gran vértice, sólo abordaremos el tema militar.
Hoy el Presidente George Bush mantiene una estrategia de demostración de fuerza y empleo militar en varios escenarios, especialmente donde sus “intereses estratégicos” están más comprometidos. Bajo el comando y control del Comando Sur, el Departamento de Estado y todo su aparataje encubierto mantiene activa presencia en bases como; Bahía de Guantánamo en Cuba, Fort Buchanan y Roosevelt Roads en Puerto Rico, y Soto Cano en Honduras; ha establecido forward operation locations (ahora denominadas cooperative security locations) en Manta en Ecuador, Reina Beatriz en Aruba, Hato Rey en Curacao y Comalapa en El Salvador y opera la red de radares (3 fijos en Perú, 3 fijos en Colombia y 11 móviles y secretos que operan en 6 países andinos y caribeños) para acciones antidrogas, la supervisión del Plan Colombia, entre otras misiones de salvaguardia de los intereses de su gobierno.
Recientemente se han instalado tres unidades de acción rápida, tipo brigadas de infantería ligera, en Centro América, bajo la argucia de apoyar a esos indefensos pueblos coadyuvando en sus esfuerzos de control de desastres naturales, mantenimiento de la paz, y la lucha contra el narcoterrorismo. Por su puesto no podemos dejar por fuera la estrenada fuerza de intervención establecida en el Acuífero Guaraní, en Paraguay donde se encuentra la gran reserva de agua potable del mundo.
Negocios privados de armas y ayuda oficial militar, tienden a reforzarse en el inicio de este nuevo siglo. Se observa un aumento de las iniciativas estadounidenses que proveen recursos militares a América Latina y el Caribe y que ofrecen interacción y educación.
Colombia, donde Estados Unidos tiene hoy la segunda embajada más grande del mundo después de Irak, se ha convertido en el primer receptor de asistencia (en especial militar y policial) estadounidense en América Latina y el cuarto en el mundo (después de Israel, Egipto e Irak).
Y es que, tal como lo conciben algunos analistas internacionales, “la pasividad, la resignación o la indiferencia del liderazgo latinoamericano ante esa proyección militar desde Estados Unidos parece legitimar el momento proconsular en Latinoamérica”.
*Tcnel. Héctor Herrera Jiménez, Editor de la revista Ámbito Cívico-Militar
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