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Pero que necesidad...
Por: Jorge Pérez Albarrán (Revista Proceso, México)
Fecha de publicación: 15/11/05
imprímelo mándaselo a
tus panas
Hay ocasiones que ni uno mismo sabe exactamente qué es lo quiere; a veces,
estamos tan confundidos que no atinamos a actuar adecuadamente o a tomar
decisiones acertadas; en algunas otras, ni siquiera estamos seguros de
cuáles son nuestras intenciones cuando hacemos o decimos tal o cual cosa.
Estos pensamientos me invadieron desde el fin de semana pasado, cuando
comenzó a llegar a México la información sobre la visita del presidente
Vicente Fox a Mar del Plata, Argentina, para participar en la IV Cumbre de
las Américas.

Hace unos días, me pregunté qué pensará el presidente Fox antes de cometer
un gazapo verbal. ¿Será a propósito para ganar espacios en los medios de
comunicación, conocido su gusto por los reflectores? ¿Es tal su confusión o
aturdimiento por tantos asuntos que tiene que atender como jefe del
Ejecutivo federal que no se da cuenta de lo que dice y suelta la lengua, sin
meditar las consecuencias de sus palabras?

Como cualquier acontecimiento, alguna explicación y justificación debe tener
el presidente para decir lo que dice, tanto en el extranjero como en el país
(casi a diario), y crearse problemas gratuitos que lo desvían de la atención
que debe poner en asuntos verdaderamente importantes para el país.

El fin de semana pasado, fuimos testigos de un escandalito más, de los que
el presidente nos tiene acostumbrados desde que asumió el poder: No está a
discusión la postura que asumió en pro del Acuerdo de Libre Comercio de las
Américas (ALCA) ni su férrea defensa, sino el berrinche por no haber
conseguido su propósito. El coraje de Fox ante el rechazo de los países que
integran el Mercosur, junto con Venezuela, fue tal que lo llevó --como lo
hace invariablemente-- a disparar calificativos sin ninguna necesidad;
olvidó lo que es la diplomacia para tratar asuntos espinosos entre naciones
soberanas.

Como consecuencia, nuestro mandatario recibió una paliza verbal, tanto del
presidente de Argentina, Néstor Kirchner, como del venezolano Hugo Chávez,
quien lo calificó de "cachorro del imperio". Ambos personajes sudamericanos
tuvieron sus razones para oponerse al ALCA -como las tuvo Fox en pro del
acuerdo--, pero la manera como reaccionó el guanajuatense, lo único que
demuestra es un total desconocimiento del protocolo diplomático, ya no de
una política exterior de Estado, que no se ve por ningún lado (él insiste en
que la hay).

Fox podrá alegar que ve por el bienestar de los mexicanos y de
Latinoamérica; podrá ponderar las bondades y beneficios del libre
comercio -como los ha tenido México en algunos rubros con el TLC con Estados
Unidos y Canadá--; pero no debe olvidar que, como representante de un país
soberano, tiene todo el deber de mostrar respeto por la investidura de otros
mandatarios. Si no lo sabe, para recordárselo está el secretario de
Relaciones Exteriores, Luis Ernesto Derbez, pero, al parecer, también él
desconoce lo que es la diplomacia.

Ninguna necesidad tiene el presidente Fox de ser exhibido en el extranjero
como "cachorro del imperio" ni como un mandatario que "confunde la
diplomacia con la pleitesía hacia los más grandes". Ya tiene demasiados
problemas en México que atender como para distraerse en conflictos creados
por él mismo --y por su flamante canciller--, por no saber conducirse con la
estatura de un estadista.

Tampoco tenía ninguna necesidad de "pelearse" con Diego Armando Maradona,
sólo porque el máximo ídolo de Argentina encabezó las manifestaciones de
protesta en contra de George W. Bush y el ALCA. Muy desafortunadas fueron
sus palabras con las que descalificó al futbolista, y mucho más las del
canciller Derbez, quien para defender a su jefe, atizó más la leña. Decir
que Maradona, por el simple hecho de ser deportista, no tiene derecho a
opinar sobre política, es descalificar a toda persona común que se atreva
alzar la voz sobre la manera de conducirse de sus gobernantes; y eso no
habla bien de quien se dice ferviente defensor de la democracia y los
derechos humanos.

El presidente Fox no tenía ninguna necesidad de crear otro escándalo, pues
en el país se presta más atención a sus gazapos verbales que a sus logros
administrativos, porque sirven como abono para el escarnio periodístico y se
suman a su lista de errores.

Alguien debería orientar al presidente y recomendarle volver al "guión" que
le impida cometer disparate tras disparate. Hay asuntos más importantes para
la nación que perder el tiempo analizando la ignorancia del presidente.

Comentarios: jperez@proceso.com.mx
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Jorge Pérez Albarrán (Revista Proceso, México)


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