Venezuela: modo de producción socialista y fase de transición

1. La Revolución Bolivariana pretende transitar de una economía de mercado con superestructura burguesa hacia una sociedad socialista del siglo XXI. El centro de gravedad de este proceso es el desarrollismo democrático latinoamericano y la defensa estratégica ante la Doctrina Monroe, con fuerzas colaterales avanzando en la preparación de la civilización socialista.

2. Si este Nueve Proyecto Histórico (NPH) encabezado por Hugo Chávez puede triunfar en esta fase de transición no sólo es de interés regional, sino universal. Y aunque la teoría de la transición entre formaciones socioeconómicas se encuentra totalmente abandonada en las ciencias sociales, las experiencias respectivas de la época moderna junto con la comprensión científica del status quo nos permiten prever el desenlace del proyecto bolivariano-socialista con considerable probabilidad.

3. En los últimos doscientos cincuenta años ha habido un proceso de transición civilizatorio triunfante y dos fracasados. Las transformaciones exitosas han sido las de la burguesía, que le arrebató el poder al sistema feudal, notablemente en las revoluciones inglesa, francesa (jacobinos) y estadounidense. Las experiencias fracasadas se dieron en las transiciones socialistas de la Unión Soviética y China.

4. Es de notar que las derrotas socialistas se dieron en la fase intermedia de la transición hacia la civilización postcapitalista. En todo proceso de transición entre civilizaciones pueden distinguirse tres fases: 1. la toma del poder por la clase ascendente y la concepción de las tareas inmediatas por parte de esa nueva clase política; 2. la conversión de esos planteamientos estructurales en realidad, es decir, la construcción del nuevo Estado y de las principales instituciones sociales, y, 3. el desenlace del proyecto a largo plazo.

Las fuerzas socialistas fueron exitosas en la primera fase, la génesis, pero fallaron en la segunda, la consolidación estructural. Para que Venezuela no repita este histórico patrón de triunfo-fracaso, hay que entender su causalidad.

5. Las condiciones para vencer a la civilización capitalista definitivamente han sido expuestas con claridad por Lenin, posiblemente el revolucionario socialista práctico-teórico más grande que haya conocido la época moderna. Esas condiciones son dos: a) una productividad del trabajo superior a la del capitalismo y, b) la democracia participativa real de las masas.

6. Bajo Stalin, ambos criterios fueron vaciados de contenido real, socavando la viabilidad del Proyecto Histórico original a mediano plazo. La productividad del trabajo es, esencialmente, una función de dos factores: el nivel tecnológico de las fuerzas productivas y la tasa de plustrabajo, es decir, la relación entre trabajo excedente y trabajo necesario que mide el grado de explotación del productor directo.

Dado que la URSS no disponía de tecnología avanzada, era imposible competir con la productividad laboral capitalista por esta vía. El aumento de la tasa del plustrabajo mediante la militarización del trabajo fue la respuesta de Stalin al dilema planteado, con la consecuencia de que las condiciones laborales y el “plan” de producción se convirtieran en fuerzas tan impositivas y enajenantes para el productor directo (trabajador), como lo habían sido el capitalista y el mercado en la economía anterior.

El absolutismo político del sistema stalinista, con plena absorción y control burocrático de todos los circuitos posibles de autodeterminación y autoorganización democrática de la gente y del Estado, por un partido omnipotente y omnipresente, destruía el segundo criterio que Lenin había formulado como precondición para el triunfo definitivo sobre el capitalismo: la democracia participativa. De esta manera, la inviabilidad evolutiva del sistema a mediano plazo quedó sellada y su implosión era solo una cuestión de tiempo; salvo que se regresara al modelo leninista de la transición socialista.

7. Lenin había definido el modo de producción socialista por: a) una productividad superior del trabajo a la del modo de producción capitalista y, b) la democracia real en economía, cultura y Estado. El primer criterio nació de las circunstancias de destrucción y subdesarrollo extremos de Rusia: se trató de una necesidad imperativa de su tiempo. Hoy día ya no es necesario postularlo de esta manera, porque la productividad laboral alcanzada por el género es suficiente para proporcionarle a la humanidad entera un nivel de vida adecuada.

De tal forma, que la tarea económica de la Revolución Bolivariana no consiste en superar los niveles productivos más avanzados del capitalismo fordista-taylorista-toyotista, con sus profundas facetas de explotación bestial burguesa. De lo que se trata es: a) alcanzar niveles de productividad razonables y sustentables, orientados en los estándares mundiales, pero sin copiarlos mecánicamente y, b) aprovechando futuros adelantos tecnológicos para reducir gradualmente la tasa de plustrabajo a fin de liberar el productor directo de la tiranía del trabajo necesario.

8. El modo de producción socialista se define hoy día por tres criterios: 1. Alta, pero sustentable productividad del trabajo, basada en las tecnologías más productivas y ecológicamente sostenibles; 2. Creciente planificación macroeconómica (presupuesto nacional, sistema impositivo, tasas de inversión, etc.) y microeconómica democrática desde los consejos de consumidores (ciudadanos) y productores (trabajadores); 3. Economía de equivalencia sobre el principio operativo de contabilidad socialista, que es el valor (time inputs).

9. Ningún proyecto de construcción del socialismo que descuida los tres elementos ---que son integrales--- se consolidará como civilización alterna a la burguesa. Aunque pueda mantenerse cierto tiempo en el poder, generalmente bajo la conducción de líderes excepcionales, y construir un poder inexpugnable, como fue el caso de la Unión Soviética, involucionará inevitablemente hacia el pasado y terminará a mediano plazo en la economía de mercado con superestructura burguesa.

Los regímenes burgueses mencionados se consolidaron frente a la contrarrevolución feudal, porque el modo de producción naciente y su proyecto histórico superestructural coincidieron. Los proyectos de Lenin y Mao fracasaron, porque no se logró establecer un modo de producción socialista en el sentido arriba definido. Sin esta sólida base de evolución, las superestructuras “socialistas”, deficientes de por sí en democraticidad participativa, estaban condenadas a involucionar y, finalmente, sucumbir.

10. Los requisitos estructurales para transitar exitosamente del proyecto desarrollista democrático regional bolivariano hacia una civilización socialista, son claras, tanto en cuanto a su base económica como a su superestructura, su ética y su estética. Esos conocimientos estratégicos han sido pagados con sangre por los pueblos y las vanguardias de los últimos tres siglos.

Descartarlos por los cantos de sirena de la socialdemocracia europea, cuyos emisarios rondan por el Palacio de Miraflores; los sueños del ayer de un marxismo vulgarpositivista; de un trotskismo ritualizado y del mimetismo “neosocialista” de los obsecuentes que circulan por lo que el Presidente llama “los anillos de influencia” que lo rodean, sería una tragedia.

Sin embargo, Hugo Chávez tiene hoy día demasiada visión política estratégica, para caer en esas desvirtuaciones ideológicas. ¿Estará a salvo, entonces, el proceso de transición venezolano? No, porque el peligro viene de otro lado. Este peligro será tema del próximo ensayo.

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* Parte de una ponencia, presentada en el 34° Congreso Anual de la Asociación de Pequeños y Medianos Empresarios, Fedeindustria, Caracas, Venezuela, 20 al 22 de Octubre, 2005

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Heinz Dieterich, Rebelión


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