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La clase política en Venezuela ¿desplazamiento de una elite política por otra?
Por: Nadeska Silva Querales
Fecha de publicación: 17/10/05
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PRIMERA PARTE

Las reflexiones que se desarrollan bajo este título se presentarán en tres partes. Se apoyan en dos artículos publicados en Aporrea sobre el tema de las élites. El primero es de Heinz Dieterich “Venezuela: diez tesis sobre la nueva clase política” de fecha 28/08/05 y el segundo es de Armando Carrieri, Profesor de la UBV, “Privatizar lo público” del 08/09/05. Ambos trabajos abordan la reflexión sobre un tema medular, escasamente tratado en Venezuela ya sea por conveniencias político-partidistas, el falso consenso impuesto a raíz de las múltiples agresiones contra la revolución bolivariana desde 1999, el silencio de los medios de comunicación, el pragmatismo y la improvisación presente en algunas instituciones del Estado, la urgencia por tratar asuntos relacionados con el petróleo, las misiones sociales, la defensa de la nación, los procesos electorales, la política internacional, etc.

Venezuela atraviesa por importantes transformaciones que a la luz de la historia contemporánea de las últimas décadas, adquieren la condición de revolucionarias ya que erradicar el analfabetismo, crear módulos de Barrio Adentro en las comunidades populares, establecer centros de distribución y venta de alimentos como Mercal, democratizar la tierra, impulsar la creación de nuevas formas de organización económica y del trabajo constituyen políticas sociales revolucionarias dado el carácter estructuralmente excluyente de nuestra sociedad marcada por una profunda distribución desigual de la riqueza y por el elitismo político, económico, religioso, sindical, militar y académico del siglo XX.

Cabe preguntarse ¿existe interés en abordar la discusión acerca de quienes están ocupando los espacios de la antigua clase política en las instituciones del Estado?, y reflexionar acerca de ¿cuáles son sus concepciones de sociedad, los proyectos políticos que representan, los intereses grupales que defienden, sus credenciales profesionales y políticas, la cultura política que socializan a través de sus decisiones, estilos y prácticas, la ética política mediante la cual se conducen, las nociones de democracia que promueven, los beneficios económicos y materiales que perciben al ocupar altos y medianos cargos de dirección en los cinco poderes públicos...?


SEGUNDA PARTE

El pueblo sabio y paciente observa con el asombro de su rebeldía las incongruencias presentes entre el discurso del presidente Chávez y lo que acontece en algunas instituciones del Estado, tanto en las heredadas como en las recientemente creadas por la revolución. También califica como “burocratismo” a las prácticas de la ineficiencia, la incapacidad para la escucha y la democratización de la toma de decisiones. Eso que retarda los procesos de actuación de las instituciones del Estado, la ineficiencia de la respuesta para la atención de las necesidades objetivas de la ciudadanía, no ocurre como un proceso natural, no se trata del fenómeno de la lluvia, del ciclo evolutivo de la vida, ni de la inmodificable ley de la gravedad. Se trata de un funcionamiento que atiende a razones de orden político que se expresa en la tensión histórica entre reformismo y revolución como bien lo expone Armando Carrieri en su artículo.

En ese gran bloque político identificado como chavismo se encuentran representaciones de las tendencias reformistas y revolucionarias. La nueva clase política, la que actualmente dirige el aparato del Estado se encuentra integrada por estas dos tendencias. La primera esconde sus concepciones y prácticas a través de una retórica que incorpora “símbolos, iconos, frases hechas, fragmentos de alocuciones presidenciales” y sobretodo se apoya en el poder que temporalmente le confiere la figura de autoridad que representa u ocupa en la institución de la cual forma parte. Es importante observar que con la imprudencia propia que a veces el poder genera en quienes se sirven de éste, para sus intereses personales y grupales, son hasta capaces de señalar en espacios públicos que las instituciones que ellos dirigen no serán democráticas hasta que las personas se ganen ese derecho o son hábiles en generar estrategias orientadas a obstaculizar la participación popular alegando ausencia de condiciones, la presencia de factores perturbadores, la existencia de “infiltrados políticos”, entre otras pseudo explicaciones para garantizar el control de esos espacios por parte de los grupos que han conformado y a los cuales se deben. Todo ello expresión de aquella popular frase “cambiar todo para que nadie cambie” o “aquí todo está bien mientras siga como está”.

La pertenencia a la tendencia revolucionaria es disputada tanto por los reformistas, oportunistas y por quienes ciertamente en su historia de vida han dado muestras de ser militantes de sus convicciones políticas, proyectos, sueños, logros, derrotas, vida sencilla y combatientes por la idea de que otra sociedad es posible ya sea inspirada en el socialismo, comunismo, anarquismo, ecofeminismo o la teología de la liberación. Este último sector corre el riesgo de ser desplazado de los espacios político-institucionales, debido al progresivo dominio de la tendencia reformista y oportunista que ha secuestrado la posibilidad de crear una nueva institucionalidad y avanzar en el proceso constituyente originario en los distintos ámbitos de la sociedad, así como también ha obstaculizado el empoderamiento de las comunidades y la participación de éstas en los procesos de toma de decisiones. Distingue al reformismo, del pasado y del presente, su condición camaleónica, el mimetismo discursivo y la destreza para cooptar espacios de poder político.


TERCERA PARTE

Es tarea intelectual y política impostergable analizar, con la suficiente mesura y responsabilidad, el proceso de conformación de la nueva clase política dirigente del país porque de lo contrario se coloca en alto riesgo el avance de las transformaciones apenas iniciadas en Venezuela. El actual funcionamiento de las instituciones públicas, el limitado logro de los objetivos previstos en el Nuevo Mapa Estratégico 2004, el comportamiento de los partidos políticos en los procesos electorales recientes, la pugna interna por integrar las listas de candidatos a la Asamblea Nacional, las alianzas pragmáticas y desideologizadas, el clientelismo y la corrupción, la limitada eficiencia en algunas misiones educativas, la obstaculización de los procesos de participación, la ausencia de debates político-ideológicos sobre los cambios en marcha y la idea del “socialismo” como proyecto de sociedad, representan signos evidentes de que existen importantes contradicciones entre el modelo de sociedad por el cual apostamos la mayoría de los venezolanos y quienes detentan la responsabilidad de conducir el Estado.

La mayor amenaza es que esta nueva clase política se transforme en una élite gobernante que, al igual que todas las élites del pasado y el presente, termine defendiendo principalmente sus intereses. ¿Cuál es el espacio para este debate?. La calle, las comunidades organizadas, el aló presidente, las instituciones del Estado, las escuelas, el lugar de trabajo, los partidos políticos, los movimientos sociales, las universidades, los medios de comunicación, las comunidades cristianas de base, los pueblos indígenas, entre otros espacios, donde la resistencia e insurgencia popular logre expresarse con conciencia revolucionaria.
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Nadeska Silva Querales


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