Las Comunas Socialistas Utópicas, La Comuna de París y las Comunas en el Socialismo Bolivariano

Los revolucionarios que no tienen huertos, que dependen del mismo sistema que atacan y que producen palabras y balas, y no comida ni abrigo, son inútiles.
Huertos de cáliz.

¿Es viable la transformación de la sociedad capitalista en sociedad socialista a través de la propaganda y la experiencia convincente de comunas modelos, cuyos ejemplos serian socializados y generalizados a través de la difusión de conocimientos, de la prédica de la verdad, de la justicia y de formas cooperativas de trabajo? ¿Es viable la transformación de la sociedad capitalista en sociedad socialista sin cambiar el régimen-todo- de propiedad privada capitalista sobre la tierra y los otros medios fundamentales de producción?

El término Comuna

El término Comuna se ha usado a través de la historia con distintos significados. Al principio se usó en Francia simplemente para designar una comunidad. Después se le dio un significado revolucionario como en La Comuna de París. Hubo muchos pueblos comunales idealistas en los primeros días de la historia de América, algunos de los cuales como Llano colony (EE UU) y otros, subsistieron hasta después de la primera guerra mundial. Después vinieron las comunas, en la URSS, en China, Perú, y ahora en Venezuela.

El termino utopía

El termino utopía se refiere a la representación de un mundo idealizado que se presenta como alternativo al mundo realmente existente, mediante una crítica de este. El término fue concebido por Tomás Moro en su obra: Libro Del estado ideal de una República en la nueva isla de Utopía publicado en 1516, donde Utopía es el nombre dado a una isla y a la comunidad ficticia que la habita cuya organización política, económica y cultural contrasta en numerosos aspectos con las sociedades humanas de su época. Aunque el término fue creado por él, el concepto subyacente es anterior. En la misma obra de Moro puede verse una fuerte influencia e incluso directa referencia a La República, de Platón, donde se describe pioneramente una sociedad idealizada. Además de La República, hay otras ideas utópicas anteriores a la de Tomás Moro, por ejemplo, el jardín gilgamesh, la isla de la Inscripción sagrada de Evémero y los mitos de Hesiodo.

Asimismo laten las narraciones extraordinarias de Américo Vespucio sobre las recién avistadas islas de Fernando de Noronha, en 1503 y en general el espacio abierto por el descubrimiento de un Nuevo Mundo a la imaginación, ambos son factores que estimularon el desarrollo de la utopía de Moro.

La Comunas Utópicas

Colonia la Nueva Armonía en 1820.

Robert Owen socialista utópico Ingles, por el año 1820 llega a la conclusión de que la sociedad debe ser transformada, donde el trabajo en común y la propiedad social sobre los medios de producción sean la base de una nueva sociedad. El oponía al régimen capitalista, una “sociedad racional”, que se representaba como unas federaciones libres de pequeñas comunidades socialistas autoreguladas. Intenta llevar a la práctica sus ideas y en 1824 viaja a EE UU y organiza una colonia llamada “La nueva Armonía”, que tiene una vida efímera, porque desaparece en 1828, después de cuatro años de fracasos, regresa a Inglaterra y en 1839 de nuevo intenta aplicar sus ideas sobre las comunidades autodirigidas organizando la colonia “Entrada a la Armonía”, la cual se mantuvo en existencia hasta 1845.

Los proyectos o intentos de Owen sobre la realización de las ideas socialistas se basaban en el deseo utópico de transformar la sociedad capitalista en socialista, sin tener en cuenta cuestiones como la lucha de clases, la conquista del poder político por la clase obrera, ni destrucción de la burguesía como clase.

Los Falansterios de Charles Fourier

Charles Fourier (1772-1837) Socialista utópico Francés. Al igual que Owen sueña con la transformación pacifica de la sociedad burguesa “irracional” en un régimen armónico. Según el seria una falange o falansterio (Asociación) la unidad orgánica básica para la transformación de la sociedad; En el falansterio se encuentra el trabajo en común. Tenía en cuenta que cada miembro de la falange podía elegir libremente el tipo de trabajo a realizar, y alternar su ocupación en la industria, con la agricultura. Fourier consideraba que el trabajo perdería paulatinamente su rasgo esclavizador y se transformaría en la primera necesidad vital del ser humano.

Según Fourier se obtendría una elevada productividad del trabajo y un caudal de bienes materiales, que se distribuirían entre los socios, en dependencia de la cantidad de trabajo y de la capacidad que cada que uno de ellos aportara a la asociación. Según él, a la nueva sociedad se pasaría a través de la propaganda y la experiencia convincente de falanges modelos, cuyos ejemplos serian tomados por toda la sociedad. Fourier niega de hecho la lucha de clases y subestima la transformación revolucionaria del capitalismo al socialismo, él consideraba estas medidas una consecuencia del subdesarrollo del proletariado.

La doctrina de Owen y Fourier desempeñó un papel importante y constituyó una de las fuentes del socialismo científico de Marx y Engels. Ellos se oponían a la violencia revolucionaria y creían que a través de la difusión de conocimientos, de la prédica de la verdad, de la justicia y de formas cooperativas del trabajo podría llegarse a la instauración de una nueva sociedad, incluso con el aporte de los ricos de quienes solicitaban y esperaban obtener ayuda para la creación de cooperativas y comunas.

La Comuna de París

La Comuna de París (francés: La Commune de Paris) fue un breve movimiento insurreccional que gobernó la ciudad de París del 18 de marzo al 28 de mayo de 1871, instaurando un proyecto político popular autogestionario que para algunos fue la primera experiencia práctica de una sociedad rumbo al comunismo.

Tras la derrota y derrumbe del gobierno imperial de Napoleón III en la Guerra Franco-Prusiana (1870-71), París fue sometida a un sitio de más de cuatro meses (19 de septiembre de 1870 – 28 de enero de 1871), que culminó con la entrada triunfal de los prusianos -que se retiraron de inmediato- y la proclamación imperial de Guillermo I de Alemania en el Palacio de Versalles.

Debido a que París no aceptaba rendirse, la nueva Asamblea Nacional y el gobierno provisional de la República, presidido por Adolphe Thiers, prefirieron instalarse en Versalles y desde ahí doblegar a la población rebelde. El vacío de poder en París provocó que la milicia ciudadana, se hiciera de forma efectiva con el poder a fin de asegurar la continuidad del funcionamiento de la administración de la ciudad. Se beneficiaron del apoyo y de la participación activa de la población obrera, de los sectores organizados radicales y de la oposición a la más que probable restauración de la Monarquía borbónica. Al intentar el gobierno arrebatarles el control de las baterías de cañones que habían sido compradas por los parisinos por suscripción popular para defender la ciudad, éstos se alzaron en armas. Ante esta rebelión, Thiers ordenó a los empleados de la administración evacuar la capital, y la milicia ciudadana convocó elecciones para el consejo municipal que fue copado por radicales republicanos, socialistas y comunistas.

La Comuna (el término commune designaba y aún designa al ayuntamiento) gobernó durante 60 días promulgando una serie de decretos revolucionarios, como la autogestión de las fábricas abandonadas por sus dueños, la creación de guarderías para los hijos de las obreras, la laicidad del Estado, la obligación de las iglesias de acoger las asambleas de vecinos y de sumarse a las labores sociales, la remisión de los alquileres impagados y la abolición de los intereses de las deudas. Muchas de estas medidas respondían a la necesidad de paliar la pobreza generalizada que había causado la guerra. Sometida casi de inmediato al asedio del gobierno provisional, la Comuna fue reprimida con extrema dureza. Tras un mes de combates, el asalto final al casco urbano provocó una fiera lucha calle por calle, la llamada Semana Sangrienta (Semaine sanglante) del 21 al 28 de mayo. El balance final fue de unos 30.000 muertos y el sometimiento de París a la ley marcial durante cinco años

Palabras de Marx sobre la Comuna de París:

“La Comuna estaba formada por los consejeros municipales elegidos por sufragio universal en los diversos distritos de la ciudad. Eran responsables y revocables en todo momento. La mayoría de sus miembros eran, naturalmente, obreros o representantes reconocidos de la clase obrera. La Comuna no habría de ser un organismo parlamentario, sino una corporación de trabajo, ejecutiva y legislativa al mismo tiempo. En vez de continuar siendo un instrumento del Gobierno central, la policía fue despojada inmediatamente de sus atributos políticos y convertidos en instrumento de la Comuna, responsable ante ella y revocables en todo momento. Lo mismo se hizo con los funcionarios de las demás ramas de la administración. Desde los miembros de la Comuna para abajo, todos los que desempeñaban cargos públicos debían desempeñarlos con salarios de obreros. Los intereses creados y los gastos de representación de los altos dignatarios del Estado desaparecieron con los altos dignatarios mismos. Los cargos públicos dejaron de ser propiedad privada de los testaferros del Gobierno central. En manos de la Comuna se pusieron no solamente la administración municipal, sino toda la iniciativa llevada hasta entonces por el Estado.”

Las Comunas en el Socialismo Bolivariano del siglo XXI.

Principios y valores

La constitución, conformación, organización y funcionamiento de la comuna se inspira en la doctrina del Libertador Simón Bolívar, y se rige por los principios y valores socialistas de participación democrática y protagónica, interés colectivo, complementariedad, diversidad cultural, defensa de los derechos humanos, corresponsabilidad, deber social, cogestión, autogestión, autogobierno, cooperación, solidaridad, transparencia, honestidad, eficacia, eficiencia, efectividad, universalidad, responsabilidad, rendición de cuentas, control social, libre debate de ideas, voluntariedad, sustentabilidad ambiental, igualdad social y de género, garantía de los derechos de la mujer, de los niños, niñas y adolescentes y de toda persona en situación de vulnerabilidad, de equidad, justicia y defensa de la integridad territorial y la soberanía nacional.

Es un espacio socialista que, como entidad local, es definida por la integración de comunidades vecinas con una memoria histórica compartida, rasgos culturales, usos y costumbres, que se reconocen en el territorio que ocupan y en las actividades productivas que le sirven de sustento, y sobre el cual ejercen los principios de soberanía y participación protagónica como expresión del Poder Popular, en concordancia con un régimen de producción social y el modelo de desarrollo endógeno y sustentable, contemplado en el Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación. Parlamento Comunal

El Parlamento Comunal es la máxima instancia del autogobierno en la Comuna; y sus decisiones se expresan mediante la aprobación de normativas para la regulación de la vida social y comunitaria, coadyuvar con el orden público, la convivencia, la primacía del interés colectivo sobre el interés particular y la defensa de los derechos humanos, así como en actos de gobierno sobre los aspectos de planificación, coordinación y ejecución de planes y proyectos en el ámbito de la Comuna.

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