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Aprendiendo de Venezuela
Por: Tariq Ali
Fecha de publicación: 03/10/05
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Publicado originalmente en el periódico Folha de Sao Paulo

El 21 de septiembre, su periódico me acusó de expresar el "rancio" antidemocrático y sugirió que mis críticas al presidente Lula tenían algo a ver con su respeto a la "integridad de las instituciones" (editorial "Izquierda Obtusa", pág A-2). Normalmente, ignoro tentativas de difamación como esa, pero, dada la crisis política que Brasil viene atravesando, creo que es necesario refutar sus argumentos.

Lo que argumenté, en la conferencia en Río de Janeiro, es que muchos políticos, entre los cuales Lula, respetan instituciones antidemocráticas como el FMI, el Banco Mundial y la OMC. Se tratan de las instituciones del Consenso de Washington: ninguna de ellas electa, pero con cuadros apuntados por, o sujetos a la aprobación de los EUA.

¿Será que democracia de hoy significa una economía neoliberal que dé primacía al consumo, tenga la especulación como cierne de la actividad económica y dependa de la entrada del capital privado en los dominios hasta ahora inviolados de la provisión colectiva? Si es eso lo que la democracia tiene que tolerar, entonces lo que tenemos en verdad es una dictadura del capital.

¿Será posible desafiar ese consenso, en el mundo neoliberal? ¿O cualquier forma de desafío de este tipo debe ser considerado "populismo" o "dictadura"? ¿Será que la diversidad se refleja en el hecho de que los 247 editores de Rupert Murdoch esparcidos por todo el mundo apoyaron todos la Guerra de Irak?

Los acontecimientos en Venezuela son importantes no porque ese rumbo pueda ser seguido por todos los demás países latinoamericanos. Cada país tiene su especificidad. Pero la importancia de Venezuela reside en el hecho de que los bolivarianos vigorizaron fortalecieron la democracia. La Constitución bolivariana concede al pueblo el derecho de destituir al presidente. Ningún otro país en América tiene semejante cláusula.

Las opiniones expresas en su editorial se asimilan a las de la oligarquía y de los partidos políticos venezolanos, que vienen siendo derrotados regularmente en las elecciones locales, nacionales y en el referendo. Fue el ex presidente Jimmy Carter quien declaró que el referendo realizado en Venezuela fue ampliamente democrático.

El país entero sabe lo que sucedió. Chávez derrotó a sus oponentes democráticamente, y por la cuarta vez consecutiva. Y eso a pesar de la completa hostilidad de los medios privados de comunicación. Corresponsales extranjeros en Caracas se convencieron de que Chávez es un caudillo opresor y, como el autor de su editorial, están desesperados por traducir en realidad sus fantasías.

Será que Lula y el PT pueden aprender alguna cosa con esa experiencia? Sí, pueden. En Venezuela, 1 millón de niños de las favelas y de las aldeas más pobres ahora reciben educación gratuita; 1,2 millón de adultos aprendieron a leer y escribir. En lo que se refiere a la salud, los 10 mil médicos cubanos enviados transformaron la situación en los distritos más pobres, en los cuáles 11 mil clínicas de barrio fueron establecidas, con la triplicación del presupuesto de la salud. Debemos añadir la ley de la reforma agraria aprobada e implantada a pesar de la resistencia, tanto legal como violenta, de los señores de las tierras. A finales de 2004, 1.262.467 hectáreas habían sido distribuidos a 116.899 familias. Los motivos de la popularidad de Chávez son obvios.

Es ridículo sugerir que Venezuela está al borde de una tragedia totalitaria. Fue la oposición quien intentó arrastrar el país en esa dirección. Cuando le a pedí Chávez que explicara su filosofía, respondió:

"No creo en los postulados dogmáticos de la revolución marxista, no acepto que estemos viviendo en un periodo de revoluciones proletarias. Todo eso necesita ser revisado. La realidad nos dice eso cada día. ¿Nuestro objetivo actual en Venezuela es la abolición de la propiedad privada o una sociedad sin clases? Creo que no. Pero, si me dicen que, a causa de esa realidad, no se puede hacer nada para ayudar los pobres, las personas que enriquecieron este país con su trabajo -y nunca olvide que parte de ese trabajo era esclavo-, es entonces que digo que no puedo concordar. Jamás aceptaré que no puede haber una redistribución de la renta en la sociedad. Nuestras clases altas aún no les gusta pagar impuestos. Ese es uno de los motivos de que me odien".
La leite quiere que Lula sangre lentamente hasta la muerte, para que pueda entonces ser sustituido. Aquellos de nosotros que consideran lo que sucedió en Brasil como tragedia desean que Lula cambie de rumbo y ayude aquellos cuyos votos lo hicieron presidente. Si eso es señal de obtusidad, me admito culpable.

Tariq Alí es historiador y editor de la revista académica "New Left Review".

Traducido para Aporrea por Fernando Henriquez. Publicado originalmente en www.vermelho.org.br/diario/2005/1001/1001_venezuela-tariq.asp
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Tariq Ali


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