Nuestro destino manifiesto

Cuando se mira la enorme cantidad de recursos naturales y potencialidades de este país (tierras extraordinariamente fértiles, una envidiable hidrografía y mas de 2000 kM de costa marítima), convergidos en una posición geopolítica y geoeconómica única y estratégica, no deja de sentirse cierto sentimiento de pasmo, perplejidad y asombro. ¿Cómo es posible que esta Nación no se haya enrumbado con energía apodíctica al cumplimiento de sus Destino Manifiesto? Es inimaginable que un pueblo que pareciera destinado por la Providencia a descollar dentro de los primeros de la tierra desoiga de este modo el llamado de la Grandeza. Digo que este pueblo desoye el llamado de la Grandeza por que no tiene otra explicación la situación actual del país: pleno subdesarrollo, economía de puerto monoproductora de subsistencia o lo que es lo mismo, rentismo petrolero, nulo desarrollo científico, incipiente desarrollo industrial, se suministra materias primas y se importa productos terminados de los grandes centros del capitalismo industrial del mundo, ausencia absoluta de una burguesía industrial nacional ambiciosa y de grandes miras, de una dirección política sin audacia ni espíritu de grandeza y de un pueblo atolondrado por el consumismo, el conformismo, el bochinche, la anarquía y la desvergüenza.

Todo ello ha ocurrido por que no hemos fijado metas concretas a nuestro potencial, no hemos establecido un sendero, el cual transitemos con seguridad de sonámbulos. Toda nuestra historia se nos ha ido en revueltas estériles, en contiendas seudo ideológicas inútiles, en luchas fratricidas de poder, en “revoluciones” risibles, en caciques, Generales de montoneras y Mesías. Pero no ha habido aún en nuestra historia la convocatoria al poder de la Nación. No ha habido aún el llamado de toda la Nación al concurso de todas las energías colectivas, individuales, espirituales, morales, físicas y mentales para el cumplimiento de una tarea común. No hemos llamado al país a ser Grande. Y ser grande pasa por la conciencia suprema de que somos un pueblo único llamado a cumplir un gran destino. Conciencia que solo se forja bajo el fuego grandioso de un sano Nacionalismo. Y ese nacionalismo y ese llamado tiene que trascender miserias de partido y “luchas” por cuotas de poder de grupos prominentes. Esa es la tarea suprema que debimos imponernos hace ya bastante tiempo: el cumplimiento de nuestro Destino Manifiesto. Preparar desesperadamente al pueblo para esta tarea. Hacer que el pueblo comprenda y actúe en concordancia con la idea de que por nuestras características culturales, históricas, raciales, riqueza natural y posición geoestratégica estamos llamados, es nuestro destino, a liderar este hemisferio, estar dentro de las diez primeras economías mundiales con un sólido poderío económico, político y militar y conformar un sólido bloque económico-político-militar, del cual seamos el núcleo inmutable. Es nuestro destino. No podremos evitarlo. Aún cuando pasen diez mil años y miles de generaciones de líderes idiotas lo conseguiremos.

¿Cuales son los obstáculos que se nos oponen al cumplimiento de nuestro Destino?

Trataré humildemente de enumerarlos, en mi concepto, son solo tres los más preponderantes:

1. La falta de ambición histórica, de audacia, de compromiso y voluntad en el trazado de objetivos comunes de nuestras clases dirigentes. En verdad, nuestras clases dirigentes políticas viven enfrascadas en prácticas y controversias de tipo localista, simplista, ridículas y de pocas miras. No tienen espíritu de grandeza, luchan a muerte, sí, pero por prebendas y miserias del poder. Todos los partidos que conforman el espectro político venezolano tienen su propia idea de “Nación”, todos tienen su “verdad”, cuando en verdad solo ocultan sus voraces agallas. ¿Todos buscan en verdad la grandeza? entonces ¿Por que no entablar un pacto de caballeros de, respetando sus diferencias, trabajar con todas sus fuerzas por el bien del pueblo venezolano y de que cualquiera que sea el resultado en la urnas, vencedores y vencidos pondrán todo su empeño, no en diatribas intestinas, sino en impulsar la grandeza nacional en todos sus ámbitos?

2. Ausencia de una Burguesía Nacional que asuma la misión histórica de construir un capitalismo nacional pujante y sólido que transforme nuestras potencialidades en riqueza para nuestro pueblo. Por el mismo pasado histórico de América Latina y el esquema de dominación impuesto por las potencias a la región en su condición de productora de materias primas fue anulado en nuestros empresarios, industriales y dueños del capital el sentido de nacionalismo, de iniciativa, competitividad y espíritu de grandeza. En cambio fueron forzados y se enquistaron en una acomodaticia economía de puertos, se convirtieron en serviles suministradores de materia prima e importadores de productos terminados. Mas o menos parafraseando a ese gran escritor de hombres libres que es Eduardo Galeano, la idea de “Nación” que tiene nuestra Burguesía y nuestra clase política dirigente es la de un gran puerto activo habitado por la clientela mercantil y financiera de los centros capitalistas mundiales (aun hoy, después de tanta retórica, seguimos siendo puerto activo donde vendemos petróleo y compramos todo lo demás). Nuestra burguesía sigue formada por terratenientes, bastardos comerciantes especuladores y políticos de maletín venidos a más de la noche a la mañana. No tenemos una Burguesía Nacional, creadora, audaz, pujante y ambiciosa.

3. Un pueblo no preparado para la tarea. Si queremos un país potencia, entonces debemos contar con un pueblo potencia. No se trata de ideologizar. No queremos un pueblo idiota. Se trata de extraer de lo más profundo el poder creador del individuo, del ciudadano. Se trata de encender la chispa de la grandeza en el hombre nuestro. De arraigarle profundamente el objetivo, la tarea, de impulsarlo hacia la construcción de nuestro babel moderno. Mediante el ejemplo, la acción y el éxito la clase dirigente debe convertir nuestra administración revolucionaria en el modelo a seguir por encima de individualismos y figuración personal. Es una verdad, que en cuanto menos existe en un pueblo el afán de la cultura creativa y la búsqueda del conocimiento vitalizador, más bajo es generalmente su nivel de vida y más profunda la miseria de sus ciudadanos.

Por eso, debemos cortar la cadena de traición de siglos, echar por la borda los viejos procederes para encaminarnos al cumplimiento de nuestro Destino Manifiesto. ¿Que hacer? Es vital la nacionalización de nuestros empresarios. ¿Qué significa la nacionalización de los empresarios?

En primer lugar, como una política de nuestro Estado, la creación de sólidas condiciones materiales, económicas, jurídicas, éticas y morales sobre la cual estructurar el crecimiento de un capitalismo nacional pujante que explote, procese y transforme nuestros recursos naturales y cuyo excedente se reinvierta en el país para crear un estado nacional de bienestar. De parte de la administración revolucionaria debemos abandonar las posiciones ambiguas paralizantes y distractivas.

La propiedad de los medios de producción debe estar en manos privadas. Pensar lo contrario es hacer oídos a teorizantes de repúblicas aéreas. Solo podemos estar entre las diez primeras economías del mundo con la aplicación de un desarrollo capitalista nacional poderoso, pujante, audaz y creativo.

Capitalismo para la creación de riqueza y socialismo para la distribución de la misma y el establecimiento de las relaciones entre los elementos que conforman el cuerpo social. El estado juega un papel importante en revertir la realidad de siglos que ha desnacionalizado a nuestras clases empresariales: subsidiar a nuestros productores agrícolas, combatir con firmeza y acabar de una vez por todas con el latifundio, aumentar fuertemente las tasas impositivas a las importaciones, promover con respaldo financiero la inversión en manufactura nacional e impulsar decididamente la creación científica y tecnologota nacional en estrecha colaboración con el sector privado y la creación mediante una intensa campaña de propaganda de la mentalidad vencedora de nuestro pueblo para la magna tarea que tenemos por delante.

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