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Dong Yansheng, afirma en su artículo “Don Quijote y
la dignidad del hombre” (www.rebelión.org, del
15/09/05) que el mensaje de Cervantes en su obra
cumbre es un clamor: “¡Hombre, gánate la dignidad!,
porque es la quintaesencia y la meta final de la
libertad y la justicia”. Y está en lo cierto no sólo
en su interpretación literaria, sino en la proyección
que de ella hace en el tiempo, porque ese clamor se
repite aún hoy en las sociedades llamadas avanzadas ¡Y
cuánto más en las arrasadas por el capitalismo
neoliberal! Y son pocos los líderes políticos que
sobre esta tierra de agravios, tuertos, insolencias y
vestiglos, se atreven a levantar su voz sincera y
valiente para denunciar el horror y exigir soluciones
verdaderas en las fauces mismas del gigante (que no
molino de viento) insaciable del norte. Quién lo hace
si no muere en el acto lo rallan: lo pulverizan, o por
lo menos se mancha de Quijote, es decir: de locura. Es
que en este mundo capitalista que reduce cerebros y
borra el horizonte de la mirada del hombre la utopía,
los ideales, los sueños de justicia y libertad son
cosas de locos y mucho más si quien las clama no es un
joven ahíto de romanticismo en un campus
universitario, sino un Jefe de Estado en el mero
centro del poder hegemónico mundial: la sede de la ONU
en Washington.
Por esto le damos las gracias a Chávez: por haber
reivindicado la voz de los locos. Voz que por su
arrojo oportuno recorre hoy el mundo con la misma
fuerza mediática con que nos venden la Coca-Cola.
Compañero Presidente, en un mundo petrificado por el
miedo y la cobardía entreguista, tus palabras son como
el grito del Caballero de la Triste Figura llamando a
los hombres a ganarse su dignidad luchando. Y si por
Quijote piden de ti la cabeza y emprenden contra
nosotros un atropello bestial como acostumbrados están
contra los pueblos insumisos, no te preocupes en
demasía: que la batalla por la dignidad se lucha con
alegría.
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