¡Ay balazos!

No se trata de la expresión atribuida a Sucre.

Se trata los balazos que suenan diariamente por todas partes de Venezuela, mañana, tarde y noche. Eso nos preocupa porque esos sonidos percutados para la muerte no se escuchan en las aristócratas urbanizaciones de la oligarquía pantallera y sin corazón en el pecho. Escribo sin eso que los mofletudos de la pirinea llaman “resentimiento”, no sé lo que es esa vaina: siempre he vivido en el mundo feliz de la lucha, del despertar, del pensamiento, del dolor, de la risa y el llanto, del ¡coño que será hoy de mi país! ¿Qué estarán planeando los cipayos y los vende patrias para donarlo al imperio?

Los balazos de los que reniego son esos que producen muertes, asaltos, despojos de las pertenencias, viudez, dolor, llanto, muertes de niños, jóvenes, ancianos, mujeres y hombres del pueblo. Esas muertes le producen alegrías a nuestros enemigos que no vamos a ser mojigatos lo tenemos nombrado varias líneas arriba. A ellos les gusta que en el barrio, en el bloque, en la orilla de la carretera, en la aldea, en la choza, en el rancho, entre la clase trabajadora la gente se mate, se conviertan en asesinos, se desvalorice con eso llena las páginas de sus periódicos, de sus revistas, de sus morgues. Con la muerte de los pobres gana el sepultero, el que vende urnas, el que arregla flores, el que vende balas y armas, el editor gozón, el dueño de la televisión amarillista.

Mientras el pueblo se elimina, los capitalistas se hacen más ricos. Los que fabrican licores, drogas, cervezas, whisky, “formulas”, modas, aparatos y demás tonterías para venderle al pueblo, son felices mientras el pueblo que ha estado alienado por siglos por los malhechores del dinero, acude a la invitación macabra del vicio y la enfermedad incurable. Leemos que lo mataron para robarle zapatos de dos mil bolívares en el barrio equis. ¿Qué carajo hace un muchacho del barrio con unos zapatos de dos mil bolívares? ¿No es eso una muestra de que el capitalismo le ha robado su inocencia, convirtiéndolo en un imitador de lo foráneo, en un esclavo de las transnacionales, en un sumiso de la publicidad racista? “el fin de semana la morgue se atiborro de cadáveres”…”mato a su hermano luego de estar ingiriendo cerveza con él “, pero ¿por cuál lugar del Country andaba el camión de cervezas surtiendo a las quintas para que en ellas se eliminaran los ricos? ¿No es esto una lucha de clase? ¿No lo ha impuesto así la oligarquía desde los tiempos cuando un “blanco nacional” era un mojón y no tenía derecho a un carajo? ¿No es propio de estos oligarcas mente de pollos las palabras: segregación, manumisa, pardo, mestizo, cachifa, zambo, indio, negro, desdentado, tierruo? ¿Por qué hemos de ver eso como una caricia en boca de los “hijitos de papa”?, ¿ Qué ridiculez es esa? Y que conste no estoy alimentando odios: estoy alimentando el derecho del pueblo de ser dignos y a no ser esclavo de la hipocresía, de la idiotez del señor que vive en la mansión y de la doña que se baña con chanel y aparece en la crónica social. Esa vaina es pura paja para burros. Los oligarcas de hoy son los mismos que dijeron en aquel histórico terremoto de Caracas de 1812, que Dios estaba arrecho porque el pueblo se quitaba el dominio del Rey español y Bolívar tuvo que darle coraje el pueblo con las bolotas bien puestas y el talento que tenía para borrar tal mojón verbal.

Bien mientras el pueblo ve con indiferencia que la muerte nos ronde, que sus hijos se maten, que los hombres se emborrachen y le caiga a coñazos a la mujer, que la drogas nos inunde, que nos matemos, que las armas lleguen por magia, que la televisión presente a mujeres mostrando todo lo que pueda diciéndole a las chicas que eso es estar a la onda, el pueblo estará jodido. Mientras la muchacha del barrio, de la oficina, del bufete, de la fabrica se deje obnubilar por el galán de billete, la cara de efebo, y el auto último modelo el retroceso seguirá incólume. Mientras el regatón devalué a la mujer con ofensas, machismo, groserías, discriminación y esta no haga nada por evitarlo, el pueblo estará pelando bolas. La lucha por la decencia será una pérdida de tiempo.

Cada fin de semana suenan las balas. Los muertos son los mismos: la gente de las barriadas se eliminan entre sí, mientras se abren nuevos centros comerciales para invitar a los que quedan vivos a que vean un mundo de cachivaches, de estupideces, de ficción y compren, compren, compren, para que sean como los ricos que tienen muchas vainas de “punta”. ¿Por qué no quitarse esas cadenas? ¿Por qué no hacer que nos demos cuenta que un arma solo sirve para defender a la patria de algún enemigo que quiera violarla?

Que la balas no suenen en los barrios, que nuestros jóvenes no se maten, que el licor no nos atrapa totalmente, que las drogas no nos envenenen más, que el camión de la cerveza sea menos asiduo entre los pobres, que el ron se lo tome quien lo fabrique, que la empresa cervecera se vaya con su basura bien lejos y no convierta más a las personas en guiñapos, en borrachines con ojos rosados y mentes destrozadas, todo esto podemos evitarlo educando a nuestra población a nuestros niños, hablándole y explicándole lo que significa ser digno. Vamos a echar ese revolver al mismo cipote porque a los pobres le sobra el coraje para enfrentar los entuertos de la vida ellas, digámosle al que vende drogas que se la meta por el bolsillo a ver si se le duermen los parásitos, por favor no mas muerte entre nosotros porque entonces ¿Qué carajo es lo que estamos haciendo?

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