Auditando lo auditado

El resultado del 14-A es el argumento perfecto para generar una nueva polémica “justificada” en el país. La razón es sencilla: el chavismo estaba acostumbrado a ganar con no menos de 10 puntos de ventaja, y la oposición a perder por no menos que eso.

Sin embargo, en cualquier país del mundo estos resultados serían suficientemente sólidos como para que el ganador celebre con bombos y platillos y el perdedor acepte la derrota.

Esta perspectiva permite comprender la euforia que expresan los vencidos y la cara de “sepelio” de los vencedores.

No obstante, ganar unas elecciones sin la presencia física de su mayor capital político en el contexto de una devaluación; acaparamiento; inseguridad galopante; fallas eléctricas; luto en el chavismo, y 14 años en el gobierno es suficiente para levantar los ánimos y celebrar con vehemencia la victoria, sin negar la revisión y rectificación profunda que están obligados a hacerse.

Ahora bien, es natural que el vencido busque mecanismos para optimizar lo que es su mejor resultado, pero deberá tener mucha cautela para no desperdiciarlo.

Auditar el 100% del acto electoral es una solicitud lógica pero irracional. Lógica porque la opinión pública no encuentra ninguna justificación para negar una petición tan “simple”, sobre todo cuando el vencido mantiene una campaña sistemática de descrédito al CNE, y también porque evitaría enfrentarnos en las calles como kamikazes, reclamando o defendiendo los resultados de parte y parte.

Irracional porque científicamente está demostrado que el sistema electoral venezolano es uno de los más seguros del mundo y que auditar el 54% es una muestra exagerada para corroborar la solidez de los resultados. Algo de lo que la MUD está consciente.

A lo anterior debemos sumar que el proceso de auditoría se realizó “en caliente” con presencia de representantes del CNE, testigos electorales, veedores nacionales e internacionales (170 acompañantes internacionales, más 40 representantes de Unasur, 30 de Uniore; 40 otros acompañantes políticos y 3.435 observadores nacionales) además de la ciudadanía.

Por ello, admitir la petición de la MUD era de esperarse. Aunque no la comparto desde el punto de vista técnico, creo que es pertinente y oportuna. No tengo dudas que el gran ganador será la institucionalidad.

Esos resultados ratificarán que el chavismo es un pelín más de la mitad, y la oposición un pelín menos.

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Huerfano, Jiuvant Geovat

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