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Hace días, el Reverendo norteamericano y uno de los principales activistas y líder de los derechos civiles de los afro-estadounidenses, Jesse Jackson, dijo, en la visita que realizó a nuestro país, y con motivo de una sesión especial de la Asamblea Nacional para conmemorar el 42 aniversario del discurso -Yo tengo un sueño- que hiciera el líder político, Martín Luther King, que: “… En nuestro propio país (E.E.U.U.) la polarización radical de la riqueza y la pobreza es una realidad. Cincuenta millones de americanos no tienen seguro médico; los trabajadores pobres aumentan. Los más ricos van a la universidad, los más pobres van a la guerra. Muy a menudo se construyen cárceles de lujo, mientras las escuelas están en la miseria. Una nación de 2,4 millones de prisioneros, una población del veinte por ciento de afroamericanos, sesenta por ciento de ellos están en las prisiones americanas, hiede entonces la injusticia”.
Estás cifras espantosas desmantelan la realidad del imperio que, al parecer, se ha edificado sobre la humanidad de muchos seres que hoy, en Estados Unidos, viven en la penuria y la indigencia. Bajo este escenario, cabe preguntarse: ¿A qué viene tanto disfraz de parte del gobierno norteamericano? ¿Qué debemos hacer como país que ondea la bandera de la igualdad, la justicia y la cooperación entre vecinos? ¿Hacia dónde debemos dirigir nuestras actuaciones en pro de la verdad? Debemos tomar, entonces, como posibilidades ciertas, las palabras pronunciadas por el Reverendo Jesse Jackson en la que señala que: “Si durante nuestra vida, pudimos ver caer el muro de Berlín. Si una mañana de domingo pudimos ver a Nelson Mandela salir de la prisión luego de 27 años. Si pudimos ver a Rabin y Arafat sentados en la Casa Blanca discutiendo los acuerdos de la nueva era de la diplomacia en camino de una nueva instancia que solucionase los problemas de las dos regiones. Un día podremos ver al Presidente Chávez y al Presidente Norteamericano intercambiar visitas. El pueblo lo merece. Los líderes con mayor coraje y visión deben tomar esta iniciativa.”
Hasta los momentos, sabemos, a ciencia cierta, que nuestro Presidente Chávez tiene un objetivo claro y bien fundamentado: contribuir en la abolición de la indigencia y la penuria que azota a nuestro mundo, y también sabemos que esto se logra a través de la cooperación de todos los entes de fuerza política y económica del planeta, ojala ésta también sea la meta del Gobierno Estadounidense, eso esperamos y, entre tanto, nos regocijamos en la esperanza y la fuerza emitida por el Reverendo en su discurso, en el que nos llamó a no desmayar y perseverar en nuestra lucha, cuando sentenció: “ Venezuela, sé fuerte. Define tu fuerza levantándote, no deprimiéndote. Sé fuerte. Sal de la pobreza. Sé fuerte. Provee salud y cuidados a quien lo necesita, aunque no pueda pagarlo. Sé fuerte. Reduce la mortalidad infantil y extiende la esperanza de vida. Sé fuerte. Ayuda a los líderes en la lucha contra las drogas. Sé fuerte. Levanta a aquellos que están abajo, incluye a los que están afuera. Construye puentes para aquellos con quienes estamos desconectados. Dejémonos llevar por nuestra esperanza y no retrocedamos por nuestros temores. Deja que aparezca una nueva esperanza, deja amanecer un nuevo día. Venezuela, sé fuerte.”
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