Ya no apuestan a la guarimba, van por la guerra civil

Volvió la violencia a tomar el mando de la oposición venezolana, pero esta vez va con todo. Luego de la derrota que sufriera la dirigencia opositora el 13 de abril del 2002 cuando el pueblo hizo retornar el hilo constitucional roto por el golpe de estado fraguado y ejecutado por esa dirigencia opositora; seguida de una segunda derrota cuando intentaron asfixiar al país económicamente con el paro petrolero, y el pueblo nuevamente los derrotó; buena parte de la dirección opositora (ojo, dije buena parte, no todos) se ve obligada a seguir el camino electoral y centran sus esfuerzos en esa ruta, para ello mantuvieron su campaña de descrédito al Gobierno del Presidente Chávez; campaña que arreciaron nacional e internacionalmente, y con la que además, a través de sus medios de comunicación masiva, no han parado de inocular odio en las mentes de sus seguidores. Sin embargo, a pesar que esa campaña alienante no ha cesado, las derrotas electorales han sido el signo distintivo de la oposición. El liderazgo de Chávez era incuestionable y eso mantuvo a raya, en los voceros opositores, la tentación de gritar fraude electoral, amén de la escaramuza que en ese sentido intentaron Henry Ramos y Pablo Medina.

Los medios de comunicación opositores han convencido a sus usuarios de que la oposición es mayoría, y éstos se lo han creído, aun cuando los resultados electorales dicen lo contrario, y aun cuando sus voceros reconocen los resultados. El asunto está en que si usted le pregunta a un opositor común, el por qué han perdido todas las elecciones presidenciales, la respuesta será, seguramente, que les han hecho trampa; y es que no puede ser otra la respuesta, ya que los han convencido de que son mayoría. No sólo los convencieron que son mayoría; además grabaron en su inconsciente que Chávez y los chavistas le quieren quitar su casa, su carro, su negocio o su trabajo, sus hijos y hasta su vida, lo que conlleva un sentimiento de odio profundo a todo lo que se le parezca a chavismo y un amor a todo lo que se le contraponga; es por eso que ellos no votan a favor de su candidato, sino en contra del chavismo de una manera irreflexiva. Pero todo ese ataque sicológico al que ha sido sometido la población opositora, los ha convertido en una bomba a la espera de la mano que la active.

Estamos viendo que están ocurriendo hechos realmente preocupantes, que van más allá del “show propagandístico” de una campaña electoral. Recordemos que una de las estrategias opositoras en el pasado fue crear desconfianza en el proceso electoral cuando decían que las máquinas captahuellas permitían saber por quien se votaba; incluso llegaron a decir que un satélite ruso manipulaba los resultados. Luego en agosto del 2004 salieron Henry Ramos y Pablo Medina a decir que hubo fraude en el Referendo Revocatorio y que además tenían unas pruebas que nunca mostraron. Después de eso, en las elecciones parlamentarias del 2005 la oposición decidió no participar alegando que no confiaban en el CNE. Finalmente los líderes opositores se dieron cuenta que esa estrategia sólo desestimulaba a sus seguidores para votar, ya que no lograron para aquel entonces una reacción violenta de sus seguidores que generara una situación de conflicto para desestabilizar el Gobierno y entonces optaron por cambiar la estrategia y comenzaron a crear confianza a sus electores acerca de la transparencia del sistema electoral; eso les permitió ganar algunas gobernaciones y alcaldías e incluso mejorar de manera importante su votación en las presidenciales. Esa estrategia la utilizaron hasta la elección presidencial de octubre de 2012. Ahora sin la presencia de Chávez y ante el inminente triunfo de Nicolás Maduro, Capriles comenzó a atacar al CNE induciendo a sus seguidores a pensar que se está fraguando un fraude electoral en su contra. En recientes declaraciones en Cumaná Capriles dijo: “Yo les quiero decir responsablemente a nuestro pueblo: yo no soy el mismo del 7 de octubre, yo toleré muchos abusos, yo voy a defender todos los votos del pueblo de nuestra Venezuela; si creen que somos pendejos se quedarán con las ganas. Yo vengo aquí a defender al pueblo” ¿Él va a defender los votos contra quién? ¿Quién les va a robar votos? ¿Él no es el mismo del 7 de octubre? La única diferencia que podemos deducir de su discurso es que en esta oportunidad no aceptará los resultados. Pero si a alguien le queda duda a quién está atacando Capriles, veamos estas expresiones de él en ese mismo acto: “Señora Presidenta del Consejo Nacional Electoral no juegue con nosotros, porque nosotros no estamos jugando, nosotros estamos en una ruta democrática… Señores del CNE, yo no tengo que ir allá a firmar nada, yo firmo aquí delante del pueblo de Cumaná, no van a torcer la voluntad de nuestro pueblo” es obvio que está acusando al árbitro de fraude anticipadamente. Pudiésemos pensar que es una estrategia equivocada porque eso desestimula a sus votantes, igual como ocurrió en el pasado; el asunto es que ellos (los líderes opositores) no están pensado en ganar las elecciones. Aunada a esta acción del Capriles Radonsky que busca desprestigiar al CNE, están, en esa misma línea de ataque, los estudiantes que se apostaron cerca de la DEM y que ahora están acampando en la Plaza de La Castellana.

Otro hecho significativo está en el hallazgo en nuestro país de mercenarios salvadoreños, igual que el 11 de abril del 2002; y si a eso le sumamos las expresiones de Armando Briquet, en el correo que le fue interceptado, donde dijo: “…necesitamos todo lo expuesto en Washinton para revisión del comando, es necesario todo documento expuesto internacionalmente, si el camino que se decidiera fuese el desconocimiento de resultados” nos damos cuenta lo peligrosa de la agenda opositora.

Ahora unamos todos los elementos que hemos venido describiendo; tenemos un pueblo opositor que realmente cree ser mayoría y al que le han sembrado un odio profundo en contra de los chavistas; tenemos al mejor candidato que tenía la oposición, sin ninguna posibilidad de ganar la elección, lo que constituye, tanto para la oposición como para el candidato en lo personal, una debacle porque el hecho que Capriles pierda ante Nicolás, supone que el chavismo y esa nueva forma de ejercicio del poder está ya inserta dentro de la mayoría del pueblo venezolano sin importar el candidato. Este panorama previsible, explica el por qué la oposición recurre nuevamente a la agenda de violencia; y podemos entender la presencia de los mercenarios, las expresiones de Armando Briquet, la actitud de los estudiantes opositores y los actos de saboteo al sistema eléctrico. Ante todo esto, me atrevo a plantear un posible escenario: Capriles al saber los resultados canta fraude lo cual convencería a sus seguidores de que siempre tuvieron razón al pensar que les han robado siempre las elecciones presidenciales y saldrían a la calle a “defender la constitucionalidad” con toda la carga de odio que tienen acumulada. Esto obligaría al gobierno a reprimirlos para reestablecer el orden y en ese momento se estarían gestando las condiciones para aplicar en Venezuela el nuevo modus operandi del Imperio Estadounidense, ya aplicado en Egipto, Libia y Siria: una seudo-guerra civil con un montaje mediático internacional donde se hace ver que hay pugna entre dos fuerzas radicales y donde una de las dos fuerzas es el gobierno que se aprovecha de su ventaja militar para masacrar a un pueblo alzado legítimamente. El imperio no va a intervenir directamente pero financiará a mercenarios (paramilitares) para que mantengan la guerra interna ya que ellos saben que el pueblo venezolano no es fraticida. Buscarían así lograr una presión internacional para establecer un gobierno transitorio que no culmina en otra cosa que en un gobierno títere impuesto por el imperio.

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