Quiero escribir, debo escribir, no obstante me asaltan algunas ideas. Procuro hacer lo posible

Primero lo primero, con la redundancia de la frase. Voy a poner a rodar “Canciones venezolanas. Nuevos compositores Vol. 1” un regalo del hueco del cañón del alma. ¡Vaya! Bien barato el disco éste, treinta y cinco bolívares (35 Bs), lo produce el Cendis. Además, voy a tomarme un cafecito ahí.

Estoy acostumbrado a las obscenidades, a las ofensas, a la afrenta y al oprobio de alguna gente por ahí:

“Usted no sabe nada del país” “Cuando CAP…” “Usted es muy joven para opinar, le falta vivir” “Profesor, usted debiera votar por...” “Como usted siendo usted no vota y se declara…” (Claro, voy a proponer una marcha, “otra” concentración en la cual la gente se desnude y grite que el país se está cayendo a pedazos, etc.)

“Pero usted no ha sido pobre…” Y la última “¿Usted tiene profesión?” a propósito de que fui de visita a una arepera y pasé del otro lado de la barra a tomar agua de un filtro, pues los panas que allí atienden a los clientes estaban muy ocupados y la gente pegaba gritos.

Eso me lo lanzó en la cara un hombre entre borracho y drogado. (Ojo, no tengo nada en contra de ninguno de esos dos estados, la caña en dosis bien reguladas, en mi caso, genera alegría, de lo segundo no sé, no tengo idea. La única forma de haber estado bajo los efectos de alguna sustancia sicotrópica ha debido ser cuando me intoxico por la comida o la curda en exceso).

El hombre que menciono añadió. “Porque si usted tiene profesión el estudio se le fue por el C…” Hablaba, y sus acompañantes aplaudían, de una realidad paralela ¡Vociferaba! ¡Gritaba!

Por lo general, procuro ser paciente, escuchar y luego me disparo como un fusil a hablar, a opinar, y asumo lo dicho. Pero ese pobre hombre –y no es lástima, es compasión– allí alienado, enajenado, fuera de sí, me dejó un sin sabor enorme, más por el hecho de verlo en ese estado de disociación que por haberme sacado a mi vieja al ruedo.

Soy de los que piensan que el fanatismo nos lleva a grados de torpeza y desesperanza espiritual e intelectual de los cuales es bien difícil salir.

Procuré escucharle mientras me ofendía, e intenté proferirle una de esas palabras y frases hechas por nuestro saber popular que invitan al diálogo, a la camaradería, para reconocernos como lo que somos, iguales, venezolanos, andinos, tachirenses; pero esta vez no había argumento posible con el cual cruzar palabras con aquel pobre hombre.

Me quedó en la mente “Ya el 14 veremos, escóndase malditos, porque los vamos a buscar donde estén enconchados” Eso último, en lugar de asustarme, se sumó a mi tristeza.

He leído al menos un par de noticias que circulan en la mayoría de toda la prensa escrita y digital del país y del extranjero sobre los comicios del domingo, he dedicado un par de horas a escuchar los discursos de los candidatos y sus contenidos, también he reído y me he preocupado por lo laxo e irónico de los contenidos de las redes sociales y por lo que tienen de racista, discriminatorio y ofensivo algunos cómics.

Por todo ese paquete complejo de cosas que describo líneas arriba, y producto de las ya acostumbradas y reiteradas ofensas, sacadas de progenitora, lecciones “fingidas e hipócritas” de humildad y de experiencia, he querido mantenerme un tanto al margen, es verdad lo reconozco, pues, definida está, desde hace varios años mi posición respecto de la política, es decir, de mi participación en lo público. En esa batalla de máscaras y sombras, que es también la política real, tal cual nos encontrásemos en el otrora sangriento y decadente coliseo de los emperadores.

Sin embargo, quería escribir, debía escribir, y pues me resulta vergonzoso que, y no salgo del asombro, algunos sectores económicos del país tengan que recurrir a un juego macabro, tan de baja ralea, para así hacer desaparecer “por arte de magia” los productos más básicos de nuestra dieta, los complementarios de la canasta de higiene, y hasta aquellos que considerábamos un “deleite” “Pa´ danos un gustico ahí, pues”

Sumo a ese asombro nuestra ausente autocrítica, dado que, pese a tener las herramientas legales e institucionales, el boicot, el acaparamiento y el desabastecimiento parecen estar cobrando saldos y caídos. Si a esto le sumamos nuestras más recientes devaluaciones, todo este concierto de problemas campean triunfantes en campos oscuros, en anaqueles bajo candado, en estantes desvencijados, y hasta por los caminos verdes del contrabando regido por la “viveza criolla” Podrán decirme ¿Y qué hace usted por eso? Yo al menos, en mi condición de ciudadano, y nada más, denuncio, llamo al INDEPABIS. No soy dirigente de nada, salvo del aula en las clases de Cultura y Literatura latinoamericanas en la Universidad, y eso a veces, Jajaja, los otros miembros de ese pequeño país, mis estudiantes, también tienen papel protagónico ¡Esta materia es medio subversiva! Me dijo uno de los veinteañeros de mis estudiantes. Le dije. “Si estuviéramos en otro país, en otro momento histórico, le aseguro que esta conversación no la habríamos tenido” “En este país todo el mundo dice lo que se le da la gana, sin ninguna responsabilidad” Sentenció.

Al parecer el problema que tenemos como sociedad, como cultura, y como pueblo evidencia una marcada y profunda crisis, término médico aplicable a las distintas áreas del país nacional en terapia intensiva.

Tras la muerte del Líder, detrás de la desaparición física de Chávez, hemos entrado en un entramado quejumbroso de gritos, insultos, desesperanzas, intolerancias y sembradíos de odio, espacios aptos para el caldo de cultivo de quienes aprovecharán estas circunstancias para sus fines económicos, perversos y de capital político.

En el supermercado, frente a esos anaqueles vacíos, unos, incompletos, otros; he pasado del gusto, marca y elección en la preferencia de un tubo de crema dental, al insulto, oprobio y ofensa de quien maldice, experimenta odio, y cree que el día 15-A amanecerá y todos nuestros problemas, los de hace décadas, y los de los tres últimos lustros, quedarán resueltos.

¡Qué memoria tan corta vale! Hace 11 años estábamos ante la incertidumbre, el horror y la tragedia del un golpe de estado y la ruptura del hilo constitucional, frente a una campaña férrea, horrenda y antinacional de los medios de comunicación como actores principales en una escena cuyo reparto estaba integrado por las élites patronales y económicas de los sectores del capital privado nacional y trasnacional.

Luego, un año más tarde, es decir, hace una década, de nuevo, estábamos en medio de en un paro absurdo, patético y obtuso que generó enormes pérdidas al país.

Hoy, parte de la “sabia y culta” Europa, la cual nos vendió la democracia occidental como remedio” está quebrada (Grecia, Portugal y España) Y aquí, como tenemos un “imaginario” de la riqueza, de la abundancia, de que tenemos “petróleo” para votar y gastar, andamos en esto: Odiando unos, amando otros, dando tumbos y tambos, como dos ciegos que intentan buscarse entre las sombras para abrazarse, porque a fin de cuenta se reconocen, el otro, la otredad, ese sí mismo.

Me resta señalar que guardo entre mis sienes, y recito a voces una sabias palabras de uno de mis maestros “Un corazón vacío no puede hacer acto de presencia junto al corazón del pueblo. Es preferible el anonimato de los humildes que se convierten en humus alimenticio para las virtudes humanizantes donde se esconde y sueña el futuro vigor de la patria” (Briceño, 1983).

Hermano, amigo, venezolano, compañero, compatriota, sal a votar el domingo 14-A, en paz, con alegría, en un marco de respeto y tolerancia, con Dios y los hombres como testigo. Estoy seguro que, pese a esos ejemplos aislados que nombro, somos un país de gente que trabaja, se esfuerza y sueña ¿Y cómo dejemos de soñar? Dicen unos versos de la pista 10 (Desalma de P. Colomet) del disco que puse al inicio para acompañar estas líneas y el café doble que me recuerda a mi padre “Ya llegará el día en que la utopía te tome del brazo y salgan a caminar /mientras esto pasa salgo de mi casa/ descansando mis sueños siempre en el empeño/ de ver en mi cama sonar las campanas que ensordecen a la fatalidad…

Saludos y abrazos.

El autor es: Profesor universitario. Doctorando en Letras USB.

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