Yo no tengo Histeria por el Cambio

No siempre he sido una persona sana, sin embargo de unos años para acá, quizá por las misiones en materia de salud y sobre todo la preventiva, por las actividades recreativas y culturales, que cada vez son más y se han dignificado, puedo decir que tengo, mente sana en cuerpo sano, y si a eso le agrego la actividad de producción intelectual dentro de las comunidades, de elaboración de proyectos, de intercambio de saberes, estoy cada vez mejor.

Cuando en fecha reciente escuche al candidato de la derecha decir “Me puede doler el cuerpo, los huesos, pero tengo el alma que se me sale de la emoción, ya no es euforia es histeria por el cambio”, me dio curiosidad saber que puede significar esa frase y acudí a la internet, que disfrutamos gracias a los logros de la revolución Bolivariana, que dice: “La Histeria es una afección psicológica que pertenece al grupo de las neurosis y que padece el uno por ciento de la población mundial. Se encuadra dentro de los trastornos de somatización y se manifiesta en el paciente en forma de una angustia al suponer que padece diversos problemas físicos o psíquicos”. Esto abrió una ventana que me permitió entender como una persona “joven” puede tener tantos padecimientos, y más aún al indagar un poco más, a la histeria también se le llama “trastorno disociativo, que se basa en la pérdida en el control de la integración normal entre ciertos recuerdos del pasado, la conciencia, ciertas sensaciones inmediatas, la propia identidad y el control de movimientos corporales”.

Con la definición de trastorno disociativo, entendí entonces porque perdió los recuerdos del pasado cuando insultó de forma continua y descarada al Comandante Hugo Chávez, y llega a decir, como si nada, que siempre lo respetó; la conciencia por supuesto que está afectada y las sensaciones inmediatas, cosa que se vio claramente con sus declaraciones luego del anuncio del fallecimiento de nuestro Comandante Eterno. Lo que más ha llamado la atención en esta campaña electoral es la pérdida de la propia identidad: como abraza el tricolor que pintó de negro; como quiere nacionalizar a los cubanos a los que les ofrecieron de comer las alfombras de su asediada embajada; como llama Simón Bolívar a su Comando de Campaña, sin comulga con sus ideas y cuando les parece que el mejor lugar para un cuadro de nuestro insigne Libertador es un baño; como se visten de rojo; como dice comprender las necesidades de la clase trabajadora, cuando lo más que ha podido ser es patrono; como usas la música de Alí Primera en sus mítines; como rechaza su identidad burguesa y quiere imitar de la manera más burda al Comandante Chávez. El descontrol de movimientos corporales, se logra ver en las declaraciones del 10 de marzo, cuando por 41:48 minutos, vemos su mirada que va y viene de un lado a otro, al igual que su cuerpo; los continuos silencios; las manos en un vaivén constante; sin contar el insulto a Nicolás Maduro, al Ministro de la Defensa, al CNE, al Tribunal Supremo de Justicia; la sonrisa que escapa al dudar de las lágrimas de Nicolás y peor aún cuando nombra que el Presidente Chávez no está y nadie nos lo puede devolver; quizá para devolvernos la dignidad, es que se inventa el popularmente llamado “baile de la Obsesión”, ya que son movimientos compulsivos los que acompañan al “Nicolás, Nicolás, Nicolás”.  

Tenían razón mis camaradas al decir que debemos escuchar los planteamientos de la oposición, ya que esa frase que me quedo dando vueltas tratando de entenderla, me permitió ver cuán enfermo está Capriles, (que me disculpe por no poner sus dos apellidos como le gusta), cuán ciego y confundido, cuán alejado de la realidad de nuestra Patria Querida, y sobre todo saber que gracias a Dios, Yo no tengo Histeria por el Cambio.


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