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DESDE HACE MUCHO tiempo Catia ha deseado una Universidad en su amplia y generosa geografía, desde hace mucho ha esperado que algún gobierno entienda esta necesidad y que, sin mayores contratiempos apareciera, un buen día, una Universidad en la zona que es algo más que una parroquia: Catia.
Desde agosto del año 2002, después del funesto Golpe de Estado, un grupo de habitantes de Catia, reunidos en acciones sociales y culturales, procurando no dejarle espacio al fascismo, vislumbraron nuevamente la idea de su Universidad. Esta idea se convirtió en reuniones periódicas, estas reuniones en borradores que le entregamos en sus manos a el, para entonces, Ministro de Educación Superior, Héctor Navarro, y estos borradores se transformaron en Mesas de Trabajo los días 4 y 5 de octubre de 2003, días que trajeron al mundo una hermosa y revolucionaria propuesta universitaria para Catia, para hacer de toda Catia una Ciudad Universitaria, al aprovechar los activos arquitectónicos —muchos de los cuales son patrimoniables— con los que cuenta la Parroquia, y propusimos desde un principio el desalojo del antiguo “Internado Judicial del Junquito” para levantar en sus terrenos de horror, una espe-ranza de vida, de formación universitaria, de amor por y desde Catia, como contribución “participativa, protagónica, multiétnica y pluricultural” al proceso revolucionario que queremos llevar a cabo desde abajo, desde las bases, desde el pueblo creador que es Catia. A ese terreno del IJJ le sumamos los del “Departamento de Transporte de la Policía Metropolitana” y el viejo y querido Estadio del MOP. Este sería el corazón de la “UNIVERSIDAD POPULAR BOLIVARIANA DE CATIA, 13 DE ABRIL”
Esta hermosa y sentida propuesta se la entregamos personalmente al Presidente de la República Hugo Chávez Frías, el 20 de noviembre de 2003. Suponemos que el Presidente debe pensar que esa propuesta ha seguido su curso, sin mayores contratiempos, pero no ha sido así, para Catia nunca nada ha sido fácil. Lo que para cualquier otra región o parroquia hubiese sido de natural existencia como lo es una Universidad, para Catia se convirtió en una lucha titánica contra todos los poderes. Puesto que, una vez que logramos —por expresas instrucciones del Señor Presidente de la República, y en reunión con el General en Jefe Lucas Rincón Romero, Ministro para entonces del MIJ— que se nos cediera el terreno del ya extinto “Internado Judicial del Junquito”, (extinto, entre otras causas, por nuestra perseverancia para impedir que se reinaugurara) una vez que logramos esto, digo, aparecen otros entes con un poder distinto a nuestra conciencia ciudadana, a nuestras luchas civiles, a nuestra ubicación en el momento histórico, este presente de honda Revolución que queremos vivir los venezolanos que optamos por la Libertad sin precio de venta, esos otros entes con poder, pretenden darle a esos espacios, otros usos distintos a los usos por los cuales hemos luchado.
Algunos entes, a espaldas del Presidente Hugo Chávez, a espaldas de las deliberaciones democráticas de las comunidades organizadas como Catia, luego de criticar burlescamente nuestra propuesta de crear en los espacios de una vieja cárcel, un farol de luz universitaria, luego de ello, pretenden arrebatarnos los espacios que ganamos con muchísimo trabajo de equipo, para instalar allí sucedáneos universitarios.
No dejaremos de luchar para lograr de Catia un lugar más hermoso y feliz, donde vivamos todos orgullosos de nuestro gentilicio catiense. Pero la última palabra la tiene el pueblo todo de Catia. El pueblo decidirá si quiere una Nueva y Revolucionaria Universidad diseñada desde la esencia, el talento, la fuerza y la inteligencia catienses, o permite que le impongan patrones copiados de un afuera ajeno a nuestra particular idiosincrasia. Las Aldeas Universitarias fueron diseñadas según nuestro Presidente Hugo Chávez, para las zonas de difícil acceso, para las zonas cuya población por ser poca y dispersa no ameritan mayores centros educativos, porque pueden aprovecharse las edificaciones ya existentes en los pueblos aledaños. Sean así, bienvenidas éstas, a las poblaciones que las requieran.
Tal vez nosotros debamos revisar nuestros conceptos, y más que conceptos, nuestros sentimientos de lo que debe ser un comportamiento revolucionario. Tal vez, por hablar claro, por revolucionar íntimamente (eso que llamamos la Revolución dentro de Revolución), tal vez por querer mostrar nuestro punto de vista crítico y no exento de pasión, tal vez por eso nos llamen “escuálidos”, que es la nueva manera que tienen algunos falsos bolivarianos de descalificar las buenas intenciones de crecimiento revolucionario de los bolivarianos de hondo sentir.
Está muy bien que la Universidad Bolivariana de Venezuela sea una opción, que crezca y se diversifique, pero si la UBV posee ese derecho justo a favor del venezolano, nos preguntamos: ¿CUÁL ES LA DIFERENCIA ENTRE ESA UNIVERSIDAD Y NUESTRA UPBC13A? Nuestra Universidad nacida desde la entraña misma del sentir catiense, es decir desde la Revolución, desde el arraigo y desde el sentido de pertenencia, de la aguerrida conciencia de clase, conciencia de vida, conciencia de solidaridad, conciencia de unidad y de universalidad, conciencia y experiencia de tolerancia. ¿Quién podrá responder esta pregunta? ¿Quién se aproxima al alma catiense, a nuestra alma mil y más veces humillada y calumniada?
Queremos respuestas, queremos explicaciones, queremos dialogar a nivel, sin cortapisas, sin murallas, sin rangos ni elevados cargos que pretendan, desde su circunstancial y temporal altura, apabullar las razones preteridas de Catia y su gente, su bella, talentosa y humilde gente. Queremos oír voces, porque sólo así entenderemos que participamos de un diálogo, sólo al oír otra voz entenderemos que vivimos en un lugar donde cada ciudadano merece respeto, el respeto de ser escuchado y de que se le responda.
¿Alguien nos escucha?
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