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Revolucionarios y un país en tensión
Por: Johann Hari / The Independent
Fecha de publicación: 27/08/05
imprímelo mándaselo a
tus panas
Jueves 25 de agosto 2005-08-25
Los venezolanos no se asombraron cuando un pastor estadounidense
llamó a asesinar a su presidente. Después de todo, los Estados
Unidos ya han participado financieramente en un golpe de estado en
su contra.

La Misión Milagro de Chávez. Venezuela vive bajo la sombra de otro
11 de septiembre. En 1972, en un día sinónimo de muerte, Salvador
Allende - el presidente de izquierda, electo democráticamente en
Chile - fue bombardeado y expulsado del poder. La CIA y el
Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Henry Kissinger,
decidieron que la "irresponsabilidad" de los chilenos en las
votaciones debía ser "rectificada" - así que instalaron a un general
fascita, Augusto Pinochet. Este, hizo "desparecer" al menos 3.000
personas y torturó a 27.000 más al tiempo que se atornillaba en el
poder hasta 1990.

Desde que los venezolanos eligieron su propio presidente
democrático de izquierda en una victoria aplastante en 1998, han
estado esperando un 11 de septiembre. Por eso, a nadie sorprendió
aquí esta semana que Pat Robertson - uno de los líderes evangelistas
y amigo de George Bush - abiertamente pidiese que el gobierno de los
Estados Unidos asesinase al presidente venezolano.

En las cuatro esquinas de la Plaza Bolívar hay grupos de
ciudadanos que trabajan por turnos, esperando, permanentemente
esperando para movilizarse en caso que Chávez sea atacado. Se les
conoce como "Esquinas calientes", y todos en la ciudad saben que
deben dirigirse allí en caso de un ataque al líder elegido por
Venezuela.

Laydez Primera de 34 años, ha estado haciendo un turno de ocho
horas. El explica: "Los escuálidos" (como se les conoce a los
opositores) y Bush han hecho de todo para salir de Chávez. Ellos
saben que lo hemos elegido en elecciones totalmente abiertas, pero a
ellos eso no les importa. Intentaron con un referendo revocatorio,
pero el presidente ganó con el 60%. Dijeron que las elecciones
estaban amañadas, y la oposición le pidió a Jimmy Carter que
viniese para vigilar las elecciones, pero él dijo que las mismas
fueron totalmente limpias. ¡El no dijo lo mismo de la elección de
Bush en la Florida!. También intentaron dar un golpe de estado.
Jamás, jamás olvidaremos"

El golpe de estado. Todo el mundo acá tiene una historia sobre el
golpe de estado del 2002 y la extraña presidencia de 47 horas de
Pedro Carmona Estanga, el presidente de Fedecamaras. (El llamado de
Pat Robertson hizo brotar una cascada de recuerdos por las calles de
Caracas.)

En esos días de abril, Chávez fue secuestrado y sacado del poder
en una decapitación de la democracia orquestada por los medios, unos
pocos generales y la oligarquía. Carmona disolvió la Corte Suprema,
la Constitución y la electa Asamblea Nacional y asumió el control
del país. La administración de Bush aprobó inmediatamente éste
cambio.

Washington estaba muy interesado en asegurarse que la mayor
reserva de petróleo aparte de la del Medio Oriente - y que provee
del 10% de la importación de USA - fuese controlada por las
corporaciones estadounidenses y no por un izquierdista con ideas
propias acerca de ganancias petroleras. Luego se supo que los
Estados Unidos habían proporcionado fondos a los líderes del golpe.
Solo que la historia no terminó aquí. Venezuela se rehusó a ser un
Chile. Judith Patiño, una abuela de 57 años y buhonera, quien vive
uno de los barrios al oeste de Caracas explica: "No íbamos a dejar
que destruyesen nuestra democracia. Nos rehusamos. Todo la gente de
éste barrio, todas las gentes de los barrios, nos fuimos a las
calles de Caracas. Teníamos miedo, pensamos que nos masacrarían,
pero habíamos escogido nuestro Presidente y estábamos gobernando
nuestro propio país y eso no lo íbamos a renunciar".

Más de un millón de personas se fue a las calles, rodearon el
Palacio de Miraflores - la residencia presidencial - y exigieron el
retorno de Chávez. Los escuálidos huyeron; Chávez retornó a
Miraflores en helicóptero y Caracas explotó en lo que una joven
mujer me dijo "fue la fiesta más grande y emocionante que se haya
visto en Venezuela".

Sin embargo, van tres años y el país aún sigue dividido. Los ricos
que son el 20% de la población y que por más de un siglo recibieron
las ganancias del petróleo - hasta que llegó Chávez al poder y
comenzó a distribuir esas ganancias ampliamente - le dieron la
bienvenida al golpe de estado y se han alegrado con los comentarios
que ha hecho Robertson. Y mirándolos, por encima de ese abismo de
incomprensión, está el 80% que defiende a Chávez.

Una carrera en taxi a través de Caracas me hace ver cuan pequeña
es la división física entre estas dos Venezuelas, los universos
mentales en conflicto que comparten un país. Santa Fe, al este de la
ciudad, podría ser un pedazo de Beverly Hills. Comunidades
palaciegas y enrejadas se extienden a lo largo de las laderas de las
colinas, interrumpidas solo por campos de golf y casetas de
vigilancia. Me sorprende ver un autobús de uso público,
destartalado, que pareciera tener sus partes unidas con sellotape y
buena voluntad. "Es para el servicio doméstico", dice el chofer del
taxi. Ese bús los lleva en 15 minutos a un barrio que podría
recordarnos un pedazo de Africa.

Muchos barrios son el producto de tierras ocupadas ilegalmente por
las migraciones del interior hacia las ciudades durante los últimos
50 años. Las casas hechas con cartón y techos de zinc se ven como
cicatrices en las laderas de las colinas sosteniendo de alguna forma
la vida que crece entre sus grietas. ¿Es esta choza de metal un
salón de belleza? ¿Es esta masa tambaleante de concreto una tienda
de ropas? Es fácil entender porqué la gente en los barrios defiende
a Chávez apasionadamente: Yo he visitado docenas de las "misiones"
creadas por Chávez para proveer de salud y educación para los
pobres, en algunos sitios por primera vez.

La Misión Milagro, por ejemplo, facilita operaciones de cataratas
para retornarle la vista a los pobres que han estado ciegos por
décadas. No hubiesen recobrado nunca la vista con una oposición
dispuesta a cortar el gasto público y reconducir las ganancias
petroleras para beneficio de los ricos. Si se destruye la
democracia, estas misiones - que son salvavidas para los barrios -
pronto desaparecerían.

Es mucho más difícil entender porqué la oposición odia a Chávez
con tanta ferocidad que desean incluso la intervención de un poder
externo. Voceros del partido de oposición Primero Justicia, uno de
los partidos anti-chavistas principales, me ofrecieron argumentos
elegantes pero vagos - frases débiles que no explican el porqué ese
odio tan intenso. Decidí entonces entrevistar algunos anti-
chavistas, así que me dirigí a Las Mercedes donde se encuentran
restaurantes con aire acondicionado. Me encontré con Mario y Ellie
Novo Chávez (vestidos con ropa de Armani y Donna Karan
respectivamente). Le pregunto a Mario si es familia del
presidente. "¡Por favor!, que vamos a comer, no me haga vomitar".
Ellie se ríe. Ella explica que "Chávez es un desgraciado comunista",
un hombre que se inspira en "Fidel Castro, Muammar Ghaddafi y Saddam
Hussein". Mario está por cambiarse el apellido porque piensa que es
una mala imagen para su negocio de Tecnología de la Información
estar asociado aunque sea nominalmente por "ese psicópata". El dice: "En realidad solo hay dos clases sociales en este país - los educados y los estúpidos. Los
pobres son pobres porque son increíblemente ignorantes. Pero Chávez
les dice que es porque nosotros les quitamos el dinero del petróleo.
¡Es ridículo!. El les está dando el dinero sin nada a cambio."

Pero hay aquí una ironía: mientras acusa a los pobres de
ignorantes, esta pareja es totalmente ignorante sobre la vida en su
propio país. Nunca han estado en un barrio, y me dicen que
estoy "loca" si visito uno.

"¡Ellos no tienen calles en los barrios!, no podrás llegar hasta
allá", me dice Mario en forma extraña. "Te pueden secuestrar y
matar", agrega Ellie. Recuerdo lo que me dijo una muchacha de
servicio en Barquisimeto, al sur del país: "nosotros sabemos como
viven ellos porque vamos a sus casas todos los días, haciendo aseo y
cuidando sus niños. Pero los ricos no tienen idea, ninguna idea,
como vivimos nosotros". Pero Ellie interrumpe mi pensamiento,
declarando: "¡Por favor - no hablemos más de Chávez! ¡El está en
todas las conversaciones en Venezuela y ya estoy cansada de eso!"

¿Cuánta de esta división en Venezuela es debida al racismo? Aunque
con excepciones, la elite acaudalada es de piel blanca y el tono se
torna más oscuro a medida de que uno se adentra en un barrio. En los
periódicos - que son todos anti-chavistas - se representa al
presidente como las caricaturas de propaganda del Ku Flux Klan,
exagerando extremadamente su cabello crespo y sus facciones
indígenas. "Oh, no había ningún problema con el racismo antes de
Chávez", me dice Ellie. "Era una señal de cariño llamar a alguien el
negro. Si uno tiene a alguien moreno en la familia, así es como se
le llamaría. Pero ahora, desde Chávez, la gente ahora piensa que eso
es racismo."

A través de los territorios de la oposición, así es como se
expresa la gente - y a veces peor. Los ricos parecen haberse creado
un estado de histeria por si mismos, convencidos de que su servicio
doméstico, la policía y el presidente los van a linchar en sus
propias casas. Los medios refuerzan cuidadosamente esa idea, creando
una fantasía donde ese 20% vocifera. Sin embargo, si uno le pregunta
por los hechos - ejemplos reales de persecución o conducta
dictatorial - ellos hablan de falsos mitos, fácilmente demostrables,
o declaran: "¡Pero pasará!". Es cierto, las misiones de salud son
atendidas por médicos cubanos, quienes son parte de un intercambio
que hace Chávez con Castro por petróleo venezolano.

La oposición ha tomado esto como "evidencia" de que Chávez quiere
convertir a Venezuela en una dictadura castro-comunista. Pero sus
defensores insisten en que él está tomando lo bueno del modelo
cubano - servicios de salud y educación gratuita - mientras que no
adopta lo negativo como no tener libertad de expresión, elecciones
libres y la libertad comercial para los pobres.

Pero uno no se enteraría - si se lee lo que dice la oposición por
medio de los periódicos venezolanos o la propaganda de Pat
Robertson - que las elecciones venezolanas han sido abiertas y
limpias, que Chávez ha sido electo o reconocido 7 veces y que hay
mucha más libertad de prensa aquí que en el Reino Unido. En
Venezuela, la gente puede (y cada noche lo hace) llamar a la
televisión y pedir la muerte del presidente. Y tanto es que Chávez
no ha querido perseguir a nadie que aún los líderes del golpe de
estado están libres y sin castigo. Los venezolanos aún siguen
nerviosos, a la espera de que vuelvan en forma de otro golpe o por
medio de las balas de la CIA.

A las 2 de la madrugada, en una mañana de parranda caraqueña, me
dirijí otra vez hacia la esquina caliente de la Plaza Bolívar,
debajo de los loros que viven en los árboles. Le pregunto a Zaid
Cortéz de 27 años, ¿que pasaría si a Chávez lo asesinan? "Venezuela
nunca volverá a ser gobernada por los escuálidos. No volveremos a un
país donde el dinero del petróleo es usado para beneficio de una
minoría y no para los barrios. ¿Qué pasaría si matan a Chávez? La
guerra civil. Estamos listos"



Traducido por Mercedes Gardner

Colectivo Bolivariano Machete - colectivo.machete@g...
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Johann Hari / The Independent


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