El Pueblo saluda a su Comandante

Qué difícil es escribir en estos días. Son esos días en los que piensas de todo y en los que no piensas en nada. Son días de soledad, impotencia, desaliento, de bellos recuerdos, de mucha rabia, de profunda tristeza y de una nostálgica alegría.

Son de esos días en lo que quisieras fuesen solo sueños. Días en los la mirada se pierde en el infinito, y quisieras que la multitud fuera solo una ilusión óptica.

Pero no es una ilusión óptica. Es el pueblo en procesión que marcha desconsolado a saludar al Comandante del pueblo, al Comandante de los desposeídos, al Comandante de los campesinos, al Comandante de la esperanza, al Comandante de la rebeldía, al Comandante de la irreverencia, al Comandante de los sueños, al Comandante del coraje, en definitiva al Comandante de la Patria.

Miles y miles de mujeres, hombres, ancianos, discapacitados, niñas y niños de todas partes del país se acercan a la Academia Militar, para saludar al combativo cuerpo (en reposo) del presidente Hugo Chávez, para expresarle lealtad infinita a su legado, a sus enseñanzas, y a sus convicciones.

No es posible describir las sensaciones y vibras que se perciben en las multitudinarias e infinitas colas. Es difícil explicar cómo un pueblo es capaz soportar 16 horas y más en cola, solo para saludar un segundo a su comandante Chávez.

Pero más difícil es comprender que, después de saludar al cuerpo en reposo del gigante Hugo Chávez, el pueblo cambia su rostro y su estado de ánimo. Pareciera que existiera una sinergia entre quien lo saluda y él, que hace que su conciudadano se reencuentre con el espíritu combatiente que sintió se esfumó aquella tarde del 5 de marzo. Se les oía murmurando que deben seguir adelante, que la lucha continua y que Chávez mostró y marcó el camino.

Ante esto, la oposición está más preocupada hoy que antes, pensaba que la despedida física de Hugo Chávez sería una oportunidad valiosa para hacerse del poder; creían estar preparados para asumir un hecho que era eminentemente plausible, pero nuevamente subestimaron al pueblo, y ese amor frenesí que sienten por su líder.

Hoy se dan cuenta que las calles están repletas de Hugo Chávez, que el candidato de la Revolución es el pueblo, y que la multitud en cola marcha a la casa de los sueños azules, solo para saludar, no para despedir, al Comandante del pueblo y para jurar ante él lealtad y amor eterno a su legado y a su entrega.

Jiuvant Huérfano
Twitter: @jghuerfano

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