Un abrazo en el cielo

Pildoritas 43 (año VI)

Ese día, inolvidable por lo doloroso, cuando oímos por boca del  designado quien con la voz que parecía no le respondía, a mi, y yo sé que a millones como que se me iba la vida, por mi cerebro que apenas atinaba a quedarse en blanco  para sólo llorar, no pasaba nada, lo increíble bordaba una pesadilla, que pasados minutos pude comprender no lo era, sino que yo, como los venezolanos de bien, lo que vivíamos era uno de los trances más duros que nos ha tocado vivir, como si se amalgamaran en nuestra alma, las pérdidas más sentidas de mi padres y única hermana, en su momento.

Estaba sólo en mi casa, me hicieron intentar frenar el llanto llamadas de mis más allegados que  querían compartir conmigo su dolor, pero que no nos dijimos nada porque no podíamos contener el llanto, ese llanto que sale del alma y no permite hablar, pero que dice más que todas la palabras juntas.

Pasado un tiempo pude, tal vez con la fuerza que él siempre nos inspiró, frenar, al menos temporalmente, tanto dolor hecho lágrimas y recordar cómo este hombre ahora inmortal, excepcional, sin parecido en la contemporaneidad, convertido durante buen tiempo de su vida en un redentor para los pobres y excluidos de todos los tiempos, y ese ejemplo, esa entrega, como que sentía, al pensarlo, en ese rol permanente que fue su vida, era mi fortaleza para no llorar y poder escribir como lo hago casi a diario, e intentar por esa vía, encontrar un escape a tanto dolor.

Han pasado varios días, reponerse no es fácil, porque todo lo recuerda a él, si se enciende la  televisión, la buena, veo sus imágenes como si estuviese aun presente en físico, porque en su otra presencia no se ha ido ni se irá jamás, veo su alegría, su canto, sus gestos de amor por niños y viejos a quienes besaba sin gestos de repulsión como otros y otras, su espontaneidad, su humildad, en fin su entrega por encima de dolores, y cómo no volver a llorar.

Allí en esos momentos, cuando por más que uno como humano se quiere resistir al llanto y no puede, es cuando tiene que aceptar que este ser tan especial que Dios nos regaló para que  en un tiempo tan relativamente corto nos librara del coloniaje que arrastrábamos de tantos años, no es del común, es como aquellos que la historia registra que han propasado todos los límites, mas allá de las normales condiciones de humano y que trascienden por el resto de los siglos, se hacen eternos y son fuente de inspiración para que muchos seres cuadrados con las mejores causas, intenten seguir su ejemplo.

Por eso cuando oigo a cierta gente sin alma, demonios humanos, exigiendo que en esta campaña nos olvidemos de Chávez no podemos más que maldecir sus pretensiones, porque simplemente eso es imposible, ahora cuando apenas se acaba de ausentar físicamente de entre nosotros y menos aun cuando en el tiempo sea digno de aquellas palabras dedicadas al otro genio de América, el primer Libertador, por el historiado Choquehuanca, cuando escribe: “Sois el hombre de un designio providencial, grande en el pensamiento, grande en la acción, grande en la gloria, grande en el infortunio, grande para magnificar  la parte pura que cabe en el alma de los grandes y grande para sobrellevar en el abandono y en la muerte, la trágica expansión de la grandeza ….con los siglos crecerá vuestra gloria como crece la sombra cuando el sol declina”.

Estoy seguro que el gran Libertador, gustosamente en el momento en que recibió en el cielo a su par de finales del siglo XX y principios del XXI, gustosamente le endosó estas hermosas palabras mientras le daba un gran abrazo de bienvenida, para juntos desde allá, sellar el compromiso de no desampararnos  nunca para que su inmensa obra no se pierda  jamás.-

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