Los retos actuales de la Dirección del PSUV, la ausencia de Chávez y la carga de Nicolás

Quiero transmitir algunas reflexiones iniciales, atolondrado aún por la infausta noticia del día martes. Lo primero por señalar es que, sorpresivamente y en contra de los pronósticos opositores, hay una poderosa subjetividad unitaria entre los millones de venezolanos y venezolanas que apoyan el proceso liderado por el Presidente fallecido. Al contrario de lo vaticinado por los mediocres adivinadores reaccionarios, su partida ha servido para restañar las heridas internas y suspender por un tiempo las objeciones que, desde las mismas filas bolivarianas, se hacen a la inoperancia y taras del gobierno. Las fallas siguen allí, solo que hay una tregua para rearmarnos anímicamente , repensando el ser y la práctica política individual ante el nuevo panorama tremendamente diferente, por la ausencia del liderazgo totalizante (que no totalitario) del Comandante. ¡ Pero cuidado! Un análisis elemental lleva a concluir que, al no existir ya, al menos de cuerpo presente, la figura del catalizador social en que se constituyó el Presidente durante estos 14 años, las reacciones del pueblo bolivariano serán menos controlables, cuando no inesperadas, si continua un estilo de gobernar que en muchos acaso se asemeja a la VI República. Ya no nos queda el último recurso de esperar que Chávez “se de cuenta” de que tal o cual gobernador hace las cosas muy mal y se decida a cambiarlo, como en los casos de Anzoátegui y Trujillo, recientemente. Sigue muy vivo Chávez, pero no ya en la política fáctica como mediador y operador supremo. Ojalá, esta nueva condición, sencilla de comprender, sea tomada en cuenta por los gobernadores y alcaldes.

Otra cosa es que no hay resquebrajamientos en la máxima dirigencia del PSUV o, si la hay, al menos no se ha hecho evidente, lo que indica que esa subjetividad que señalo al inicio está presente también en los niveles decisores de la burocracia revolucionaria. La tan anunciada confrontación Maduro-Cabello no pasa de ser una obvia diferencia en el estilo discursivo de ambos, sin que podamos notar contradicciones importantes. No existen “madurismos” ni “cabellismos”, sino el consensual y masivo convencimiento de que es imperativo mantener y profundizar las conquistas e impedir, al costo que sea, la llegada de la derecha al poder. Hay sí, y bueno es señalarlo, descontento de buena parte de la militancia por el manejo del Partido y la presión del Poder Constituido en relación a algunos aspectos puntuales, como el caso de las elecciones internas, en las que deberemos andar con mucho tiento por tan delicado momento; urge al respecto, replantearse algunas cosas, como la no exclusión de simpatías internas ya oficialmente públicas. Bastará solo que la Dirección recurra, consulte y respete a la mayoría partidaria, considerando a los liderazgos regionales y locales (¡que ahora si existen y se potencian!), para zanjar diferencias y antipatías, conservando el equilibrio interno. Anda, la dirección colegiada del PSUV, caminando por una navaja, cuyo filo son las bases bolivarianas. De cualquier resbalón veleidoso o mezquino puede depender su legitimidad. EL CHAVISMO, SIN CHÁVEZ A LA CABEZA, SERÁ MÁS SENSIBLE Y MENOS TOLERANTE A LAS IMPOSICIONES, tomar conciencia de esto es fundamental en la actualidad.

Analizando en profundidad las circunstancias podemos concluir, sin riesgo a equivocarnos, que la Revolución Bolivariana vive uno de sus mejores momentos. Sin duda la muerte del Líder, es un golpe formidable al proceso, que perdió con ello la principal ventaja de una orientación carismática y preclara como pocas en la historia, pero, pese a ello, la crisis emotiva que implica tan terrible hecho, pudiera dar un impulso definitivo, un salto cualitativo en la conciencia colectiva, en el entendido de que la historia nos impone diluir y, a la vez, multiplicar el potente liderazgo de Chávez. Habrá un cambio de actitud importante de las mayorías bolivarianas, que, con lógica desconfianza a cualquier decisión no consultada, exigirán una mayor participación y protagonismo. La debilidad circunstancial por la ausencia del Comandante, brinda la posibilidad de ganar una fortaleza permanente: es el mejor momento para el MANDAR OBEDECIENDO. La consigna de “Yo soy Chávez”, debe transformarse de un simple mecanismo catártico a una condición de la política concreta, con sujetos y cuerpo social orgánico determinado (organizaciones sociales, consejos comunales, etc.)

¿Y la oposición qué? Ayer en la tarde Reuters y otras agencias noticiosas anunciaron el acuerdo de la MUD en torno a Capriles como candidato, para enfrentarse al compatriota Maduro. No tenían más remedio ni tiempo para reconstituir un liderazgo con suficiente posicionamiento mediático que pudiera medirse en el corto lapso. Capriles es el candidato “natural”, no tanto porque garantice el consenso de la reacción, sino por el efecto inercial de la campaña presidencial pasada y la ajustada victoria que obtuvo en la gobernación de Miranda. Capriles, ahora en plan de remajunche, seguramente hará un peor papel que el de las elecciones presidenciales pasadas, dadas las rencillas internas de la reacción y con una fuerza de votantes que se sienten en mal momento electoral, por la resaca derrotista de diciembre y ante un chavismo que, aun habiendo perdido a su Líder, se rearma a punta de emotividad póstuma. La oposición está siendo arropada y desarmada por el enorme impacto nacional e internacional que implica la partida del Presidente Chávez. No contaban con eso. La ventaja de Nicolás luce inmensa, pero también es inmensa la carga histórica que le toca llevar: solo apoyándose en el liderazgo colectivo podrá tener éxito.

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