Yo también te recuerdo, Hugo

Epa, Comandante Hugo, ¡buena vaina que me echaste!

Estaba con mi amigo Roberto Arenas en mi casa, con mis padres cuando oímos la fatal noticia. No se decir quien de los dos se derrumbó primero, si él o yo. Mi madre, lloraba y mi padre, tranquilo, como esperando la noticia porque se había preparado mejor que Roberto y yo. Él me pidió el favor de usar mi enlace de Internet y se lo facilité para que se desahogara. Después, yo también lo hice. Dormí mal, amanecí recordando la tragedia. Y ahora que "Tribilín" se ha ido físicamente, con el llanto desbordándose en un verdadero Manantial de Corazón, quiero también escribir mis recuerdos sobre el Hombre que Queda, Quien Vence (al decir del compatriota Raúl Betancourt López) a la Muerte, a la Pelona, a la Parca.

La primera vez que supe de Su Presencia, fue el día que amaneció de golpe y porrazo. No sabía que opinar de aquel Hombre Atrevido que se lanzó a desafiar al inicuo ser que después proclamaría "No me perdonan". Un rumor, en mi sitio de trabajo, decía que lo habían matado y pensé: "Bueno, dijo lo que tenía que decir...". Pero no era verdad. Ése día viví la experiencia de ver que una mujer de cuyo nombre no me acordaré más nunca, hablaba de este Ser con un ODIO irrefrenable, en un sitio donde se suponía que uno iba a botar las tensiones: un gimnasio.

Volví a saber de Él, dos días después de mi cumpleaños, cuando volvió a amanecer de golpe y porrazo en la transmisión loca y con el video clandestino grabado en prisión, con la anuencia mal disimulada de sus guardianes. Se hizo su presencia indispensable en aquel suplemento que me divertía tanto, "El Camaleón" de Luis Muñoz "Lumute" Tébar, Manuel "Graterolacho" Santander y El Sargento Full Chola. Lo dibujaba el Compañero Artista Omar Cruz, quien se quedó defendiendo la causa bolivariana. Libros y artículos de prensa de todas partes, lo empezaron a eternizar con sus compañeros de armas. El Camarada Carlos "Nené" Quintana lo evocaba en su papel de "grafitero" en la extinta y querida "Radio Rochela". Rafael Caldera, aprovechó el momento y defendió la acción del joven Comandante quien dos años después saldría de prisión para inflamar con su verbo de Gaitán Revivido al pueblo descorazonado.

Una noche cualquiera de 1997, en la plaza que lleva el nombre del Almirante Luis Brión, con una pequeña parafernalia, lo ví por primera vez. Pero una cobardía inusitada, me impidió hacerle la pregunta atrapada en la garganta: ¿Como entender esto del "Árbol de las Tres Raíces"?. Ahora, Él sabe QUE le quise decir. Lo volvería a ver, el día de su llegada al poder en Los Próceres, en primera línea, con la compañía del Comandante Fidel Castro, quien aún lucía muy entero y quien se resistió a hablar, pese a que se lo gritaban...

Lo vería otra vez en una concentración en Caña de Azúcar en el 2003, junto al Ido en Mala Hora, Don Carlos Escarrá Malavé. Pero seguiría igual sus pasos en la prensa y en la televisión. Voté por él cuantas veces fue necesario y le auguré una larga vida, envejeciendo en las Sabanas y las Barrancas de Arauca, a las que cantó Don Eneas Perdomo. Me reía de sus intentos de cantante, de sus salidas humorísticas, respetaba su pensamiento. A veces, imitábamos su modo de hablar y en un programa colombiano, con mis familiares, no me perdía las ocurrencias de quienes le imitaban vocalmente y me molestaba sobremanera, cuando se le trataba en forma desconsiderada.

Me angustié el día del Golpe Infame que casi nos roba, al decir de Joaquín Sabina, el mes de Abril. Y más aún cuando supe que un hombre sin talentos pretendía reemplazarlo. Felizmente, eso no ocurrió. Y me volví a angustiar, pero no tanto como ahora, cuando el "Gran C" (como lo llamara John Wayne) empezó a husmearle los pantalones, pero sin decidirse, como la Muerte al Melquíades de "100 Años de Soledad", a darle el zarpazo final.

Imagino, en medio de grandes dificultades, como Semejante Hombre podía agonizar en la cama de un Hospital Militar, sin poder pronunciar una palabra. No lo puedo suponer, exánime, atado a una máquina, aislado o no en una cama, a un hombre que rezumaba Vida y Más Vida. Y cuando llegó el Momento Fatal de encarar las verdades, allí estaba en medio de mis familiares cercanos, llorando como el Niño que pierde lo más preciado: no fuí el único. Y quisiera creer la frase de "Los que mueren por la vida" de Alí Primera Rosell, pero me sale de la garganta el llanto difícilmente contenido. Quisiera creer que todo fue un mal sueño, una pesadilla urdida por algún bromista infame. Pero, NO es así.

"Cuando un amigo se va", cantó Alberto Cortez, "queda un espacio vacío" que no puede ser llenado. Todas y todos somos únicos, pero nuestro Pueblo en 14 años ha entendido que debe tener una sola alma y un solo corazón para enfrentar las nuevas luchas, los nuevos retos. Él entregó su vida, a un precio altísimo que no todos podemos pagar, por un ideal como hicieran Nuestros Libertadores. Y ahora que se marcha su alma, como lo supongo, cabalgando en una Nube en forma de caballo, a encontrarse con Dios y su parte corporal queda en el suelo de la Patria, parte de Él seguirá viva en el niño y la niña que estudian, en quien usa el Software Libre, en quien es honesto para hacer Arte, Deporte o cualquier labor que nos engrandezca, en la Persona Mayor que tiene una pensión, en quien es atendido como se debe en una oficina pública o en un Centro Asistencial. Estará en todas partes y no saldrá por más que la Abominable Parca trate siquiera de intentarlo.

Yo también te recuerdo Hugo, y en esta hora menguada (nunca mejor empleado ese adjetivo) tan solo te pido que nos dejes parte de tu Alma para enfrentar la vida, para que no muera la Esperanza. Porque el Hombre muere, pero no el ideal mientras exista quienes lo perpetúen. ¿Verdad que sí?. Ahora lo sabes de primera mano: Dios Nunca Muere, como cantaba Javier Solís, y tú menos que nadie junto con los Padres Miranda, Bolívar, Sucre y las Madres Manuela Saenz y Luisa Cáceres de Arismendi.

Amor con amor...se paga.

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Ramón Jaramillo


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