El hombre de las dificultades del Siglo XXI

¡Hasta Siempre, Comandante!

No es fácil escribir sobre Hugo Chávez sobre todo para quienes estamos todavía impactados, consternados y conmocionados por una muerte que, no por saberse posible, ha dejado de tronchar nuestras expectativas de su victoria frente a la enfermedad, y entonces nos golpea fuertemente.

Sin embargo es necesario seguir adelante y el mejor homenaje que podemos hacerle, es intentar mostrar algo de la importancia de su vida y de su obra para Venezuela, para Latinoamérica (Nuestramérica) y para el resto del mundo.

Nos deja el hombre que surgiendo de las profundas raíces de su pueblo llegó, no sólo a la máxima magistratura de su país, sino que se convirtió en referencia ineludible en todo el mundo. El primer presidente latinoamericano en medio siglo (desde la Revolución Cubana) que osó enfrentarse cara a cara con los grandes poderes mundiales (los Estados Unidos y los países Europeos) y decirles frontalmente las verdades. El estadista internacional que fue imponiendo un nuevo estilo de relación entre las naciones, diciendo públicamente y sin empacho las realidades que normalmente los políticos tradicionales en todo el mundo ocultan o disfrazan bajo eufemismos y discursos formales. El que trataba a sus pares de otros países con absoluta familiaridad e informalismo, y hasta logró imponiendo ese estilo, que hoy los presidentes latinoamericanos se llamen por sus nombres de pila en las reuniones internacionales y hagan públicas sus relaciones a nivel personal. El hombre que “olió azufre” en las Naciones Unidas (porque George W.Bush había ocupado ese foro el día anterior), el de las acciones y respuestas imprevisibles, transversales a las situaciones y capaces de resolverlas en forma no tradicional. El que inventó las Misiones Sociales para hacer un by-pass a la estructura burocrática del Estado venezolano heredado. El que se atrevió a mantener relaciones diplomáticas cercanas con naciones que el gobierno de George W. Bush había calificado como “Eje del mal”. El que impulsado por el ideario latinoamericanista de Simón Bolívar, generó, promovió e impulsó los mecanismos colectivos de integración como el ALBA, la CELAC, el Banco del Sur, PETROCARIBE, etc. El que con su carácter, discurso y acciones apasionados y provocadores despertó amores y odios desmesurados. En fin, el Jefe de Estado que llegó al Siglo XXI como el pionero de nuevas actitudes y propuestas.

Y que conste que la enumeración anterior está constituida por hechos inobjetables, no significa de ninguna forma un panegírico de parte de un creyente acrítico. El hombre a quien nos referimos nunca perdió su condición inalienable de ser humano, vivió y actuó con los errores y contradicciones naturales cuya existencia cada uno de nosotros lleva consigo, por el mero hecho de pertenecer a la humanidad. Sin embargo estamos hablando de alguien quien mantiene siempre un amplio excedente positivo en cualquier balance que hagamos de su vida y su obra, sea éste balance apasionado u objetivo.

Y la mejor forma de mostrar el peso y la importancia de este hombre a nivel internacional, es analizar las respuestas de Latinoamérica y el mundo frente a su muerte. Durante más de 24 horas, la muerte del presidente Chávez ha sido la noticia principal, aún en aquellas cadenas mediáticas corporativas que siempre le fueron adversas y que durante catorce años generaron matrices de opinión descalificadoras tendientes a demonizar sus actos y desestabilizar su gobierno. Esta mera presencia destaca en principio la importancia universal de Hugo Chávez como estadista y el peso de sus acciones, que aún los medios interesados no pueden más que aprovechar.

Las declaraciones ante su muerte de los dirigentes latinoamericanos han sido - sobre todo de aquellos más cercanos- de profundo amor, de profundo dolor y de total valoración de su persona y su obra. Desde un Evo Morales cuya primera declaración bordeó el llanto, o la actitud de Cristina Fernández de suspender toda su agenda y viajar inmediatamente a Venezuela, o las emocionantes declaraciones de Rafael Correa declarando su intención de seguir llevando adelante las propuestas integracionistas del presidente Chávez, hasta las actitudes de duelo nacional y de pesar de Daniel Ortega y de Raúl Castro y las declaraciones de Pepe Mujica, todas ellas redondeaban con transparencia el peso que la muerte del líder tiene para el proceso de integración y liberación latinoamericano que estamos viviendo. Dilma Rouseff fue sorprendida por la noticia en un acto con sindicalistas brasileros, y si bien el contenido de su declaración fue muy mesurado, destacó la importancia de Chávez como líder latinoamericano y dejó ver cómo la noticia la afectaba a nivel personal.

Hasta un adversario político como el presidente chileno Piñera se mostró conmovido y destacó el aspecto humano personal de Hugo Chávez, dejando entrever el efecto que su carisma personal provocaba en las personas.

Comentario aparte merece la intervención del presidente de Colombia Juan Manuel Santos, que comenzó explicando las profundas diferencias de concepción política y de visión del mundo que los separaban a él y a Chávez, y como sin embargo desde el primer día que en Santa Marta se reunieron a solas, acordaron llevar adelante una tarea común por el bien de ambas naciones. Y de cómo esa tarea fue llevada con éxito en todos estos años. Y redondeó reconociendo públicamente por primera vez, que la intervención del presidente Chávez y del gobierno venezolano fueron el factor fundamental para poder entablar las conversaciones de paz que su gobierno está llevando con las FARC y que nunca habían llegado tan adelante. Terminó finalmente diciendo que el mejor homenaje que él y Colombia podían hacer a Chávez, era llegar a un verdadero acuerdo de paz, con lo que cumplirían el anhelo fundamental del presidente venezolano.

En el resto del mundo las reacciones fueron múltiples y variadas. Desde un Vladimir Putin, un Dmitri Medvédev y unos medios oficiales rusos que destacaron el pesar por la muerte de quien calificaron como “un amigo de Rusia”, o una cancillería china que a través de uno de sus altos funcionarios hizo llegar sus condolencias y su pesar y destacó la importancia del presidente Chávez como líder internacional, hasta las declaraciones más formales de la Unión Europea, que también incluyeron un reconocimiento a su trayectoria de líder y los cambios que su gobierno provocó en Venezuela. El Secretario General de las Naciones Unidas, un títere de las potencias centrales de muy tristes recientes actuaciones, también fue sorprendido por la noticia en medio de un acto público, y realizó una improvisada declaración que dejó traslucir cuánta importancia le asignaba al suceso.

No faltaron algunas condolencias que nos sonaron a “lagrimas de cocodrilo”, como la del presidente de Perú o la del canciller de Gran Bretaña, o aún en lo interno la que realizó la MUD (Mesa de la Unidad Democrática) que se supone el principal vocero de la oposición.

Y por supuesto existieron aquellas reacciones más inhumanas, que van desde las declaraciones del presidente Barak Obama y de su viceministra de estado, que en ningún momento se refirieron de la muerte de un presidente y hombre de Estado, sino que se limitaron a señalar (nada desinteresadamente) que Venezuela entraba en una nueva etapa y que esperaban que ahora (cuando el principal obstáculo a su modo de ver había desaparecido) pudieran mejorar sus relaciones diplomáticas y que “apoyaban al pueblo venezolano”; hasta las desbocadas reacciones de alegría y fiesta reseñadas por las cadenas internacionales de los venezolanos residentes en Miami (que después intentaron justificar con el pretexto que la alegría no era por la muerte de Chávez, sino por la posibilidad de que Venezuela retornara a la “democracia). En la propia Caracas vimos algunos sectores del Este, dónde hubo también grupos de personas festejando. Como dijimos, todo el inmenso amor que Chávez supo despertar en su pueblo, ha tenido como contrapartida un profundo odio de algunos grupos humanos del país y del exterior.

Igualmente, muchos de esos medios corporativos que llenaron sus noticieros con el suceso de su muerte, aprovecharon la ocasión para seguir destilando la ponzoña mediática de descalificación y demonización. Algunos que podemos mencionar dónde eso se hizo evidente, fueron los periódicos de derecha y las televisoras españolas, la CNN en español (propiedad de la gusanera cubana de Miami) y muchos otros medios de derecha nacionales venezolanos e internacionales.

Pero en definitiva el análisis nos muestra el peso y la magnitud de la labor de Hugo Chávez como estadista a nivel internacional. La historia se encargará de encontrarle finalmente el lugar más adecuado, pero nosotros creemos que estamos hablando de uno de los hombres públicos más destacados e importantes a nivel mundial de este Siglo XXI.

Finalmente, el hombre desaparece pero nos queda su legado. En el ya muy lejano 1962, cuando escuchábamos emocionados a Ernesto Guevara de la Serna en el Paraninfo de la Universidad de Uruguay hablarnos de integración latinoamericana y de combate al imperialismo, aunque creíamos en él, nunca imaginamos que sus ideas o sus propuestas serían, medio siglo después, el discurso común de muchos mandatarios oficiales del continente.

De la misma forma, la obra y las ideas del presidente Chávez quedan allí para ser llevadas adelante, sobre todo en manos de un pueblo que ya, desde el primer momento, muestra estar comprometido en tomar esas banderas en sus manos y llevar adelante la lucha por ellas, como el mejor homenaje a realizar al líder caído.

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