¡Chávez tenemos Patria!

La espiral de la historia ha desatado un nuevo pasaje para este pedazo de tierra que ha visto nacer inconmensurables hombres y mujeres, férreos luchadores por la dignidad y la libertad de nuestro pueblo y de Nuestra América.

Ayer la gesta independentista liderada por el Libertador Simón Bolívar, padre de la patria que nos guío en la senda de la lucha emancipadora librada por las fuerzas del pueblo heroico que derramo su sangre contra la canalla de la oligarquía y las potencias colonialistas, en el concurso de esas largas y duras batallas se fueron brotando de los campos sembrados de hidalgos, los mejores hijos e hijas del pueblo, naciendo de su inspiración el soldado Hugo Chávez en los contingentes irreverentes consumidos por el torrente bolivariano quienes levantaron de nuevo los cielos azules patrios por la definitiva independencia legado de Bolívar, expresados después de doscientos años en la revuelta histórica del 27 de febrero de 1989 que atento aniquilar de un zarpazo económico entreguista a aquel pretendido débil pueblo que el último reducto cipayo puntofijista pro imperialista creyó dominar y aplastar tras sus intereses nefastos del capital, dieron paso al coraje de la rebelión del 4 de febrero de 1992 que mostraron la endereza comprometida del militar, estadista y digno ser humano que luego de aquel legendario ¡Por Ahora! fue conquistando los corazones y las conciencias de las grandes mayorías del pueblo venezolano que consintió en Chávez adelantar los inaplazables intereses histórico-populares de las y los trabajadores, los discriminados, los miserables, olvidados y excluidos por el lastre de la burguesía criolla pitiyanqui. Rescatando de los cimientos de la política, la naciente conformación de una nueva corriente revolucionaria infundida en la unidad cívico-militar surgida en el liderazgo inédito del Comandante Chávez a través del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 que impulsa junto al movimiento popular la consolidación de una perspectiva humilde, solidaria, propia de nuestro pueblo, captada por la gente de a pie, del barrio, de los cerros que de manera inmediato la hizo suya, identificándose con quien fue el presidente y comandante Chávez por catorce años consecutivos.

Ese es Chávez, el hombre, el llanero, el campesino, el soldado, risueño centauro de mil batallas, sempiterno fidelista, chacharachero, el comandante del fuerte apretón de manos y palmada sin medidas, de la sonrisa de niño querendón y el beso atendido para la vieja que aclama su atención para resolverle una de tantas necesidades de nuestro pueblo, de esa increíble sentida sensibilidad que traspasa las pieles de los más funestos chacales. El sencillo y simplemente Chávez que tenía una anécdota siempre de su infancia dura de ejemplo vivo de arañero de Sabaneta y su pintada casita de barro con huertos frutales que correteaba en el patio de su vieja Rosa. Chávez el de sus pasajes por la Academia Militar que lo vio formarse haciéndose soldado de la patria y a su vez soñando querer ser el Látigo Chávez.

El Comandante Chávez nos ha entregado un aprendizaje significativo que vamos a rememorar eternamente por todos los anales de nuestra historia latino-caribeña y para el mundo, como el gran pedagogo incansable robinsoniano que hacía de la dialéctica un arte hermoso, yendo de lo complejo a lo simple y viceversa ante los fenómenos sociales y los procesos políticos, económicos y de cualquier índole productiva teniendo siempre la creatividad fantástica como recurso didáctico sea un mapa, una pizarra o el mismo suelo para explicar llanamente desde su peculiaridad única las explicaciones satisfactorias que pasaban desde un verso, un poema o una canción de las que tanto gustaba interpretar exaltando la música criolla popular.

Sin duda para el continente de América, el comandante Chávez ha sido el portavoz de los que no teníamos voces frente al agobio incesante de la plaga imperialista norteamericana, recoge la incursión esculpida sobre la espada de Bolívar, de genio maravilloso que volvió a regar la tierra de la necesaria integración y unidad de nuestros pueblos hermanos latinoamericanos caribeños, tejiendo los fraternos lazos de hermandad y solidaridad presta a la orden del día para el fortalecimiento de los esperados encuentros del mañana en un solo puño, fuerte y unido.

El pueblo que está ahora llorando el adiós de la vida material de su presidente se hace correspondiente de todo ese infinito amor entregado por Chávez, sabiendo reconfortarse en el espíritu combativo revolucionario aprendido en las batallas diarias de su quehacer por la transformación social de su entorno, de su espacio vital que es y significa la Revolución Bolivariana, la misma que libramos las y los trabajadores dignificando su exclusivo carácter de clase por la consolidación del poder popular, que se hace desde abajo con los de abajo y para los de abajo y no como han intentado y pretenden confundir por parte de las figuras representativas del poder del Estado que se constituye desde el Gobierno.

Este pueblo sabio curtido en cientos de batallas por la defensa del proceso bolivariano, que se expresa en múltiples formas de las fuerzas combativas revolucionarias es consciente del compromiso histórico que se le presenta en este nuevo episodio de confrontación de clase inevitable que en cualquier momento la reacción fascista lacaya pro yanqui intentara de nuevo tratar de arrebatarnos las sendas labradas de nuestro proyecto emancipador por la definitiva independencia, la Patria Grande y el Socialismo.

Nuestra hora, es ahora, en la unidad de todas las fuerzas revolucionarias, donde hay cabida en una franca estrategia: la victoria popular de todo el pueblo frente a la reacción fascista pro imperialista y al imperialismo.

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