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El presidente Chávez acaba de señalar que la visita que actualmente realiza a los países del sur es una de las más importantes que ha hecho desde que comenzó a gobernar. Afirmó, además, que antes la nación Argentina tenía las puertas cerradas para él, en particular, y lo que es fácil deducir, para Venezuela en general. Luego de estos primeros años de avance hacia la Revolución Bolivariana, el panorama geopolítico en nuestro continente ha cambiado con firmeza hacia la integración de los pueblos y no de los capitalistas como se pretendía hacer con el ALCA y como de hecho sucedió en el pasado.
En Latinoamérica ya no sólo soplan vientos de cambio, sino que ese viento ha traído las nubes necesarias para regar con su lluvia la semilla revolucionaria que nuestro comandante ha sembrado en el corazón de los pueblos del mundo. La importancia de los acuerdos firmados con el gobierno de la República Oriental de Uruguay así lo confirman, al igual que con Argentina y Brasil. Por fin podemos sentir que se ha dado inicio al proceso de liberación de una América Latina que se está revolucionando a través de la integración de sus pueblos.
Esto, por supuesto, nos pone en la mira del imperialismo, porque subestimaron a la América Revolucionaria, dieron por sentado que aquí no había otra posibilidad en la historia, ya que el lacayismo se había instalado con todas las comodidades y no había en el horizonte posibilidad de desterrarlo. Pero la hora llegó. Venezuela, esta nación que fue saqueada por las oligarquías nacionales e internacionales, al igual que la mayoría de nuestros países, se levantó para echar tierra al pasado de sumisión y conquistar el futuro.
Justamente se trata de eso. El presidente Chávez lo ha señalado numerosas veces y Alí Primera nos invita hacer la historia para que otros la escriban en mundo mejor. Ese mundo es posible, no sólo en Venezuela sino en nuestra América toda, pues a propósito del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, vale decir que aún existe esperanza para nuestro planeta, pues en él vemos a jóvenes valiosos y con firmes convicciones en la necesaria ruptura con lo que fue llamado “el Nuevo Orden” desde las entrañas mismas desde donde se produce.
Nos hemos opuesto a la naturalidad contra la cual nos hicieron morder el polvo durante tantos años y como Bolívar, estamos haciendo que nos obedezca esa naturaleza perversa que nos robó el futuro y que apenas comenzamos a recuperar.
América Latina camina a pasos agigantados hacia la consolidación de un gran proyecto antiimperialista, que le permita desarrollarse como un polo de poder mundial. No se trata sólo de lo económico, sino de la integración real, entre nuestros pueblos, único camino para la liberación definitiva.
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