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La problemática que se presenta al tratar de analizar el estado Zulia, se hace tan amplia como lo es su territorio, que incluye diversidad de pueblos, de caracteres, de zonas tratando de manifestar desde hace años todo lo que son y lo que habrían podido dar y ser. Es complejo adentrarse en un estado tan sui-generis y de la cual soy parte esencial, pues allí nací; lo que me da razón de peso para evidenciar que los fenómenos sociales y políticos que se generan en este estado-región vienen dados por un abandono tanto local como nacional en lo que a planes de desarrollo se refiere.
El Zulia, estado productor primario de petróleo, carbón, gas, agricultura y ganadería. Estado que de por sí es el granero de Venezuela, vive en un estado de eterna marginalidad sólo antecedida por los estados Sucre y Amazonas. Es allí donde comienza la cobertura de la situación a plantear: ¿Cómo podemos explicar que el estado más rico del país y por ende la cornucopia de Venezuela, sea uno de los estados más desantedidos?
¿Cómo planes de mejoramiento otorgan, entre otras cosas, dinero para infraestructura de producción minera, dejando a un lado el entorno humano?
¿Hasta donde tiene que aguantar el pueblo zuliano que su lago sea una cloaca abierta a todo cielo, a todo ser que transita ese territorio?
¿Debemos aguantar que los patrones de enseñanza cultural sean propuestos y determinados por una cultura pro-mayamera?... Sólo preguntas al azar, entre muchas más, que deben ser urgentemente contestadas.
Esta región necesita la cooperación de todos los que componen el engranaje que llamamos país; más sin embargo necesita también de comprensión para entender sus consecuencias, que se ven reflejadas en contradicciones políticas y sociales donde el oficialismo se maneja en pequeños grupos dominados por cuchillos, celos, mentiras, golpes y sablazos… y todo esto, tristemente enmarcado en una supuesta lucha por las mejoras regionales. Estos grupos que desoyen la voz de ellos mismos son un desagravio para la revolución y también son un hecho histórico que nos enseña a pequeña escala la falta de filosofía política y bolivariana, de la cual está adoleciendo todo el sistema revolucionario venezolano.
Recordemos que el Presidente Chávez ha repetido hasta el cansancio que se necesita de nuestra colaboración intelectual para enfilar, estudiar y enmarcar la ideología bolivariana que tanto necesitamos para desmontar y construir plataformas socio-políticas de desarrollo. Ese es uno de los grandes males que acechan los intentos de movimiento de esta revolución que queremos: una gran falta de coordenadas teóricas que limiten el entorno filosófico del pensamiento bolivariano.
Por otro lado nos encontramos una zona sometida por otros grupos, que me atrevo a llamar “suprapeligrosos”, originados en la cuarta república y alimentados por un cuadro de contradicciones políticas que han dejado abierto huecos por donde se han sabido colar polítiqueros y, peor aún, personas y personajes totalmente comprometidos con la desestabilización y con un desmembramiento de esta región para ser entregada a planes norteamericanos de balcanización.
Es necesario que el estado venezolano entienda que la palabra descentralización no sólo debe estar enmarcada en la entrega de un poder político y económico a un territorio sino en la entrega de un proyecto de desarrollo cultural y social del entorno.
No es posible que en un estado turístico per se, no haya tal infraestructura. Las costas y playas entre las más bellas del país, que se encuentran en el extremo norte de la península de la guajira y no han sido explotadas, están allí tiradas a la mano de un dios que parece no acordarse de ellas. Allí hay un tesoro para crear todo un programa de desarrollo ecológico y social, sin precedentes en el occidente del país. Si vamos luego a la zona del sur del lago, entonces encontramos los humedales y ríos mas propicios para el desove y crecimientos de peces y aves marinas y terrestres que llegan a este refugio natural desde otros países de la orbita terrestre. Allí están el relámpago del catatumbo, regenerador de la capa de ozono y uno de los más grandiosos espectáculos naturales del mundo. Aparte se encuentra el pueblo Congo–Mirador, que en una época fue un cumbé de esclavos huidos de las zonas cacaoteras y que luego se aplacaron dedicados a la pesca en las otrora cristalinas aguas del lago de Maracaibo. Es ahí donde crece la primera cepa de cacao del mundo. Es ahí donde convergen como un enlace todos los ríos nor-occidentales de los estados andinos. En fin que el Zulia es un tesoro y las políticas nacionales y estadales dejan a un lado todo este potencial de progreso.
Las contradicciones son un plato de cada día en el Zulia:
Vemos como la desidia crece en los campos y zonas petroleras.
Las calles de Maracaibo, que siendo la capital deberían ser un poquito más “adornadas”, naufragan en un mar de huecos que gritan a los cuatro vientos por un poco de asfalto. Vaya contradicción: petróleo saliendo y faltando.
La educación muere de merma en los pueblos y caseríos y un gobernador que hasta el momento solo ha demostrado ser un golpista agazapado y tirador de dardos, ah y se me olvidaba, un depredador de parques solo con la idea de reconstruirlos con sus compañías afiliadas; deja a una región de oro morirse de mengua en todo sentido.
Es este el horizonte donde se presenta una abstención y un cuadro político que debe llamar a la reflexión a todo el país, por que es aquí donde vemos en carne viva las contradicciones de un entorno demócrata que no esta perfilando el norte social y que debemos, como gestores y controladores sociales, cuidar y mejorar en el día a día histórico.
Otra vez se pierde el Zulia para este “proceso de cambios”. Otra vez se deja en manos de un señor y sus grupos, que no han sabido pedir el verdadero perdón por haber participado en una intentona golpista que quiso arrancar de tajo la vía más democrática que hemos tenido en todos estos años de historia. Otra vez le dejamos este pedazo de tierra bendita por Dios a las manos terribles de un diablo, que sabemos quien es, que sabemos como trabaja, que sabemos como se esconde.
Es hora de reflexionar en grande y dejar atrás las pequeñeces. Es hora de afrontar que sólo la creación de un entorno cultural y educativo y por ende de crecimiento social, logrará socavar la dejadez profunda en la cual esta este fragmento de Venezuela y lo enfilará a una participación dentro de las circunstancias que el proceso necesita.
Gerardo Martínez.
Colectivo Bolivariano Machete – colectivo.machete@gmail.com
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