¡Al que le quepa el saco, que se lo ponga!

¿Quién no ha mentido alguna vez en la vida? Bueno…para no ser pesimista, muy pocas personas no han mentido por lo menos una vez en la vida. Jesús, siempre dijo la verdad, jamás fue hallado engaño en su boca; Aristóteles, Agustín y Kant, afirmaron que no se podía mentir; Platón, admitía que a veces se podía mentir.

La mentira es un testimonio falso, en parte o en su totalidad, que oculta la verdad total o parcial, con la intención de que sea creída para un fin. Monterroza*, define la mentira como la “manifestación contraria a la verdad, cuya esencia es el engaño y cuya gravedad se mide según el egoísmo o la maldad que encierra”.

Podemos aseverar que la mentira es una herramienta de uso cotidiano en todos los estratos de la sociedad, que acarrea sus consecuencias en menor o mayor grado. Lo triste y preocupante es cuando "se convierte en hábito o la única manera que tiene la persona para relacionarse con la sociedad, entonces se configura lo que se conoce como mitomanía”, asegura González**.

“La Mitomanía no es una enfermedad en sí misma, según González, sino que corresponde a un conjunto de síntomas que pueden presentarse en diversas enfermedades psíquicas, particularmente en trastornos de personalidad”.

Según especialistas, continúa la autora, “el mitómano tiene una tendencia patológica, un impulso irrefrenable por deformar la realidad y el contenido y la extensión de sus mentiras es desproporcionado para cualquier finalidad o ventaja personal que se pretenda con ella. Hay una intención de engaño que al individuo le resulta difícil de controlar. En la mitomanía, el sujeto supone conseguir prestigio, mejorar su imagen o percepción que los demás tienen de él, conseguir afectos, bienes, manipular a las personas o simplemente dañar”.

Según, Bellver***, “la mitomanía es el trastorno psicológico caracterizado por mentir de forma compulsiva y patológica. Se falsea la realidad para hacerla más soportable”. El mitómano “desfigura la idea que tienes sobre sí mismo y la magnífica como en un delirio de grandeza u oculta datos con mentiras. Se diseña una historia y se la cree”.

¿La mitomanía se heredará o se aprenderá? Ibáñez*, afirma que “no hay una respuesta definitiva, sino una suma de tres factores. Uno genético, en el sentido que lo que se hereda es la predisposición a algún tipo de personalidad, en la que puede aparecer la mitomanía como un síntoma. Uno psicológico, que tiene que ver con el procesamiento de la información. Y un tercero que es el aprendizaje”. Ibáñez, aconseja que es importante hacerle ver al “niño” que la mentira no es buena y los “padres” deben ser un ejemplo.

Cualquier parecido con la realidad del acontecer social, económico y sobre todo político y mediático venezolano, ¿será pura coincidencia?

* Enrique Monterroza, Ministro cristiano

** Murielle González. Mitómanos: Necesito mentir, Revista Nos, 2007

***Elena Bellver, Psicóloga. Mitomanía

**** Carlos Ibáñez, Psiquiatra

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