La Guerra Federal: Ayer y Hoy


Explicaba Carlos Marx y Federico Engels que “...del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a una época de revolución por su conciencia. Por el contrario hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción”.(1) Sin embargo, al revisar el tema de la Guerra Federal en la historiografía falconiana nos convencemos que han sido muy pocos los intentos de interpretación que sobre este acontecimiento se han hecho desde esa perspectiva teórica propia del materialismo histórico.



No obstante, en el contexto de la historiografía nacional se aprecia una situación distinta, pues, son numerosas las elaboraciones concretas que sobre este asunto existen y mayor aún las fuentes testimoniales(*) que facilitan el estudio y análisis de los antecedentes y resultados del movimiento federal que conmocionó a Venezuela a mediados del siglo XIX y comenzó por Coro el 20 de febrero de 1859.(**) En este sentido, es evidente que una de las causas más importantes que explican el estallido de ese conflicto y su prolongada lucha en nuestro país, tiene que ver con el hecho de que, una vez terminada la guerra de independencia y creada la república con la aprobación de la constitución de 1830, la oligarquía territorial y esclavista que se erige con el poder político del Estado que a partir de entonces se organiza, procede a establecer unas reglas de juego a las que imprime el mismo sentido clasista y oligárquico que expresaba su propia condición de beneficiaria directa de un sistema socio-económico que sembró desigualdades sociales y raciales profundas y el cual seguía siendo copia al carbón del que había impuesto en su momento el imperio colonial español.



Sin embargo, como era de esperarse en un escenario de contradicciones de clases (unas irreconciliables y otras no) propias de una sociedad tan profundamente desigual, las luchas sociales fueron pasando de su propósito reivindicativo diverso a otro de sentido y contenido político-militar. De esta forma, en el seno de la propia oligarquía de la época, tanto la del centro como las provinciales, se fueron agudizando las rivalidades por el reparto del poder político entre quienes dominaban el negocio del comercio y las finanzas y los grandes propietarios de tierras y esclavos, todos, por supuesto, pretendiéndose con el derecho a determinar el rumbo del país a partir de las ventajas y beneficios económicos que esperaban siempre lograr desde el control de los espacios e instancias del Estado. En este escenario, el cual entró en irreversible crisis a partir de 1840 con la creación del llamado “Partido Liberal”, los órganos del poder público nacional se desenvolvieron en medio de las apetencias de los dueños de la tierra y los del capital comercial y usuario, este último favorecido gracias a la legislación económica liberal que desde el 10 de abril de 1834 pusieron en vigencia los gobiernos que estuvieron a la sombra del General José Antonio Páez. Esas contradicciones, que se venían arrastrando desde los propios inicios de la república, se hacen evidentes, aunque parezca paradójico, tanto en la finalidad conciliadora de los textos constitucionales de 1811 y 1858, como en el espíritu y propósito de los mensajes que recogieron las proclamas con las que comienza el movimiento federal en 1859 y en los planteamientos y propuestas de quienes después aprueban la ley fundamental de 1864.



Sin embargo, en el transcurso de la confrontación federal en Venezuela, se fue definiendo la participación de cada uno de las clases sociales en ese conflicto: para la población campesina y otros grupos trabajadores venezolanos, la federación fue una alternativa viable de lucha para liquidar a los oligarcas propietarios de los medios de producción, de la riqueza nacional y preñados de privilegios; mientras que para estos últimos significó el camino para dirimir entre ellos las diferencias políticas que aparecieron por el control del Estado, y que a pesar de la guerra, fueron más de formas que de fondo, por lo que pudieron ser conciliadas sin el menor contratiempo en el tratado de Coche que en 1863 puso fin a dicho enfrentamiento. Basta sólo revisar el contenido de algunos de sus artículos para constatar la razón protectora que los mismos guardaban hacia los intereses de los terratenientes y grandes comerciantes, quienes consideraron que de continuar el conflicto bélico, se pondría en peligro su hegemonía económica, política y social frente a una población empobrecida como consecuencia de la inmisericorde explotación de la que era objeto: 1.- El Gobierno Federal reconoce el Gobierno del Jefe Supremo de la República y de su sustituto. 2.- Una Asamblea Nacional se reunirá en Caracas dentro de treinta días después de canjeada la aprobación de este convenio. 3.- Por cada provincia se elegirán cuatro Diputados. No hallándose la República en estado de verificar tranquila y libremente sus elecciones; siendo por otra parte prudente evitar en las actuales circunstancias el choque de los partidos, y queriendo finalmente cuanto se pueda la reunión de la Asamblea, se acuerda que la mitad de los Diputados por cada provincia, y de sus suplentes, será elegida por el Gobierno, y la otra mitad por el señor General Falcón en representación de los federales. 4.- En el momento de instalarse la Asamblea Nacional cesará el Gobierno del señor General Páez y su sustituto, y la Asamblea constituirá enseguida un nuevo Gobierno de la manera que lo estime conveniente...”(2)



Y quizás el mejor ejemplo lo encontramos en la intervención de Antonio Leocadio Guzmán en el congreso de la República en 1867, en donde sentenciaba: “...No sé de dónde han sacado que el pueblo de Venezuela tenga amor a la Federación, cuando no sabe ni lo que esta palabra significa, esa idea salió de mi y de otros que nos dijimos: supuesto que toda revolución necesita banderas ya que la Convención de Valencia no quiso bautizar la Constitución con el nombre de Federal, invocaremos nosotros esa idea, porque si los contrarios, señores, hubieran dicho Federación, nosotros hubiéramos dicho centralismo”(3)



Pero no todos los lideres del movimiento federalista consideraban la confrontación como un simple problema de términos, los hubo también con planteamientos que se identificaban con un mensaje de igualdad y redención social, económica y política para la mayoría del pueblo venezolano. Juan Crisóstomo Falcón y Ezequiel Zamora fueron los más prominentes de sus representantes. Este último, en una de sus proclamas leída en la ciudad de San Felipe el 29 de marzo de 1859, concluía mostrando la finalidad de aquella lucha: “...¡Pueblos del Occidente! Ha llegado el momento de vuestros pronunciamientos, proclamad el evangelio práctico de los principios políticos, la igualdad entre los venezolanos, el imperio de la mayoría, la verdadera República, la Federación...”(4)



Y en su libro, “Vida del Valiente Ciudadano General Ezequiel Zamora”, Laureano Villanueva relata un episodio ilustrativo de la concepción anti-oligárquica de aquel líder, y dice: “Un día se presentó una mujer llorando, porque un soldado le había robado unas prendas. Las prendas no valían mayor cosa. Zamora llamó al soldado; y delante de él le hizo pagar a la mujer lo que ella decía que valían, que no pasaba de 2 a 3 pesos. Despidió a la mujer, y después que ésta se hubo ido, le dice al soldado, delante de sus edecanes, del Secretario, Licenciado Iriarte, y otras personas: ¿Cómo se ha atrevido usted a robar a esta infeliz? ¿Qué va usted a remediarse con esas miserables prendas? ¿No sabe usted que la gente del pueblo es sagrada? Le haré dar a usted unos palos para castigarlo. Lo que debe cogerse son los ganados, bestias y tiendas de los godos; porque con esas propiedades es con lo que ellos se imponen, y oprimen al pueblo. A los godos se debe dejar en camisas, pero a la gente del pueblo, igual a usted, se respeta y se protege...”(5)



Pero es indudable que al concluir la guerra, y pese a su natural balance trágico que significó lo cuantioso de las pérdidas humanas y materiales, fueron muy pocos los beneficios que la contienda dejó a la población venezolana pobre, mientras que la oligarquía, sobre todo la que se hizo llamar “Liberal o “Federal”, contabilizó sus logros con posiciones políticas determinantes en la dirección del Estado. Por esta razón, resulta inconsistente la afirmación que hace Luis Herrera Campins, quien asegura que lo doloroso de la Revolución Federal fue que se “...consumió sin consumarse...”(6) como si esa pequeña clase social oligárquica de Venezuela no hubiese podido lograr las metas que se había propuesto cuando decidió tomar el camino de las armas.



En otra orientación del balance de aquellos sucesos, diversos estudiosos han sido reiterativos en afirmar que a partir de ese momento histórico, los venezolanos alcanzaron la igualdad social y que en el país se echaron las bases para la constitución de un sistema político democrático. No obstante, más bien, al evaluar el proceso histórico venezolano posterior a la Guerra Federal hasta nuestros días, se descubre lo desproporcionado de aquellas afirmaciones, pues la desigualdad ha sido quizás el hecho socio-histórico más constante que se registra en nuestra vida republicana y es uno de los problemas sociales al que mayor interés y esfuerzo pone hoy el Gobierno Revolucionario de nuestro país para superarlo definitivamente. Ni con el fin de la colonia o el de la Guerra Federal, y ni aún con el de las interminables confrontaciones civiles que sacudieron a Venezuela durante buena parte del siglo XIX y principios del siglo XX, se pudo poner punto final a las profundas diferencias socio-económicas que hasta hoy han existido en nuestro país y cuya irrefutable realidad ha sido la de que ellas sólo han cambiado de formas.



Otra afirmación que se hizo célebre en el mensaje de los lideres liberales de la época ( y que continua siendo arma propagandística de la actual dirigencia política opuesta, desde adentro o desde afuera, al procesos revolucionario que vivimos) fue la que le atribuyó al sistema federal de gobierno “la ventaja de poseer todas las respuestas a los grandes problemas de la sociedad venezolana”. Se decía entonces (y aún hoy se propaga la especie) que el centralismo era el quid de todos los males de Venezuela. La proclama federal dada de Coro el 25 de febrero de 1859, es un claro ejemplo de esa repetida conseja: “...la Federación encierra en el seno de su poder el remedio de todos los males de la patria. No; no es que los remedie; es que los hará imposible [...] con la Federación atenderá cada estado a todas sus necesidades y utilizará todos sus recursos, mientras que juntos constituirán por el vínculo del gobierno general el gran bien [...] El orden público dejará de ser un pretexto de tiranía porque será la primera de las atribuciones de cada gobierno particular. Tendrán los pueblos magistrados de su exclusiva elección...” (7)



En Venezuela, la discusión de los grandes problemas políticos, sociales y económicos ha sido siempre mutilada desde el mismo momento en que los proyectos con los que se ha pretendido darles respuestas, han sido limitados a la retórica de la urgencia de cambiar el Centralismo por el Federalismo, y la cuestión, a nuestra manera de ver, no es tan sencilla. En esta búsqueda de explicaciones se ha obviado la necesidad histórica de transformar las relaciones sociales de producción capitalistas por otras de carácter socialistas, pues, es allí en donde reside el origen de los grandes problemas del país y los cuales son, entre otros: pobreza material y espiritual, desigualdades sociales y corrupción en el ejercicio de los gobiernos que en ocasiones sólo responden a los intereses de grupos económicos que explotan a las clases trabajadoras e impiden que aparezca un poder popular organizado y consciente, capaz de avanzar hacia la construcción del Estado Comunal. Por eso, no es difícil advertir que en el presente se ofrecen soluciones similares a las que estuvieron en boga durante el siglo pasado: Federación por Centralismo o a la inversa. Pero también se aprecia que en buena parte de la clase política de nuestro tiempo se conserva el mismo propósito, abierto o encubierto, que guió a la oligarquía en los tiempos de la guerra Federal: repartirse el poder del Estado y establecer un sistema de control que reduce el ejercicio de los derechos de los trabajadores y de toda la población a las decisiones de los caudillos que secuestran a los partidos políticos y los transforman en aparatos de complicidad con la corrupción, el tráfico de influencias y con la más desenfrenadas prácticas nepóticas.





Citas y referencias



1) C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas. Argentina: Editorial Cartago, 1974. p. 240.

(*) Sobre el particular es interesante revisar entre otros documentos la carta de Valentín Espinal, dirigida a su hijo en París y fechada en Caracas el día 8 de febrero de 1860, en la que hace una relación detallada de las causas que a su manera de ver provocaron la Guerra Federal. En este documento se encuentra publicado en la Colección Pensamiento Político Venezolano del siglo XIX, Volumen 12, Conservadores y Liberales: Los Grandes temas políticos Ediciones del congreso nacional Caracas , 1983 pp 684-700 En la misma colección pueden leerse el trabajo de Idelfonso Riera Aguinalde: La Federación , Volumen 12p701, o la Crónica de la Guerra de Pedro José Rojas, en el volumen 8, pp 70-72 y 96.

[email protected]



(**) Véase en: AHEF-UNEFM. Expediente Proceso de la Revolución Federal. Coro, 1859.

2) Rodulfo Cortés, Santos. Antología Documental de Venezuela: 1492-1900. Caracas: Editorial Pregón, 1971. p. 616.

3) Morón, Guillermo. Historia de Venezuela. Edit. Bohemia. Caracas, S/F Tomo 2. p. 413.

4) Proclama de Ezequiel Zamora dada en San Felipe el 29 de Marzo de 1859. En: Pensamiento Político Venezolano del siglo XIX. Caracas, 1983. Tomo II, p. 341.

5) Villanueva, Laureano. Vida del valiente ciudadano general Ezequiel Zamora. San Carlos de Austria: Instituto de Cultura del Estado Cojedes, 2001. pp. 329-330.

6) La entrevista fue publicada en El Nacional de Caracas, el día 21 de febrero de 1959.

7) Boletín Oficial del Estado de Coro. Imprenta de A.W. Neuman. Coro, febrero de 1859. Año1. Nº 1 p.2. En: AHEF-UNEFM. Expediente Proceso de la Revolución Federal. Coro, 1859.

Esta nota ha sido leída aproximadamente 1113 veces.