Mi palabra

Carta al Comandante Chávez

"De la tierra suben sus héroes,

como las hojas por la savia"

Pablo Neruda

Estimado comandante: El año pasado visite Elorza después de sus famosas y concurridas fiestas patronales; me encontré a la orilla del majestuoso río Arauca un auténtico llanero: descalzo, pantalón corto (tuco) con el cuchillo a la cintura en una cubierta colgando de un cincho viejo sacado del cuero del ganado; estaba sentado donde se encuentra un santuario muy bien cuidado por un núcleo familiar muy dado a las creencias del llano; me permitió entablar una larga y amena conversación, le pregunté si había conocido al Presidente Chávez cuando estuvo por esos lares cumpliendo con un deber: servirle a la patria como soldado en aras de la libertad y las buenas costumbres; rápido levantó la mirada con muestras de alegría para responderme con una inmensa satisfacción: “Si, en muchas oportunidades hable con él, era uno más de estas tierras, ojala el pueblo le reconozca el esfuerzo que está haciendo por ayudar a la gente” Se despidió con respeto y un fuerte apretón de mano; parecía seguir la corriente del caudaloso río en el horizonte.

En esas interminables llanuras de Apure, se consiguen hombres y mujeres entrados en años, que recuerdan emocionados los días cuando estuviste por aquellos parajes sonriendo y aprendiendo de sus coterráneos con el inmenso orgullo de un auténtico revolucionario; allí empezó a germinar en tu mente la idea de libertad, como recordando a los bravos lanceros de la gesta emancipadora comandados por José Antonio Páez; el llano te enseño a sufrir al lado de los más débiles; los inclementes aguaceros cubrían para aquel entonces largas extensiones de tierra y con ello llegaban muchas calamidades, que solamente las personas de esas tierras sabían soportar; fue en esos bellos e impresionantes lugares donde se templó tu conciencia de amor por el pabellón tricolor; en la soledad de la llanura escuchabas las canciones de nuestro padre cantor Alí Primera, para empezar a soñar con la patria bonita, que muchas veces parece solamente un espejismo en el horizonte de las extensas sabanas.

En el lecho de enfermo, en la tierra de José Martí el apóstol de la Revolución Cubana, donde sigue encendido con mucha fuerza un faro de luz, iluminando a los verdaderos revolucionarios del mundo, te encuentras librando una inesperada batalla por la vida; esa corta ausencia para muchas personas entre ellos algunos profesionales: ejemplo un médico con dos posgrados (internista y reumatólogo) sin ningún apremio económico le corta la voz y los ojos se le empañan con lágrimas de admiración y preocupación por la férrea lucha por vencer la muerte; sabe de tu empeño por sacar a Venezuela del atraso, de tu preocupación por los pobres y desposeídos del mundo atrapados por la voracidad del capitalismo salvaje como lo bautizó Juan Pablo II, quien no pudo ocultar tanta desigualdad entre pobres y ricos; vio la miseria en sus largos viajes alrededor de la tierra.

Estamos conscientes del trance histórico en el cual te encuentras; esa confusa situación ha despertado a los pobres del mundo en eternas plegarias por tu completa recuperación, sabiendo que eres un apasionado seguidor y admirador de un gran amigo Jesús de Nazareth; siempre haz demostrado ser un verdadero discípulo de ese inmortal hombre de la tierra; por otro lado las ancianas a quienes les devolviste el inmenso deseo de vivir, gritar y enarbolar las banderas de la libertad y la dignidad, son un ejército de madres amorosas montando guardia en sus improvisados altares como si estuvieran al lado de un hijo convaleciente; ven el cuerpo de un combatiente indoblegable por la dignidad; hacen todos los pedimentos posibles para volver a tocar tu rostro con ternura maternal, para sentir el amor que le profesas a tu heroico pueblo muchas veces golpeado, pero con la suficiente moral para levantar las banderas de la unidad y defender este hermoso proyecto con muchos obstáculos y vericuetos en el camino, pero amor con amor se paga, como siempre pregonas a todo pulmón delante de un pueblo que reconoce tu gallardía.

Los niños a lo largo y ancho del país, seguirán creciendo sin olvidar tu rostro curtido en los avatares de la vida; son los más golpeados por un sistema inhumano incluido los Estados Unidos, conmovido en los últimos días por la absurda muerte de 20 chiquillos en la misma aula de estudio; país donde cada día aumentan los episodios sangrientos protagonizados por jóvenes enfermos por la misma sociedad que los vio nacer.

Para finalizar quiero hacerte llegar la última estrofa de un poema del profesor Emigdio Cañizales Guedez: “Por la mujer que amamanta la miseria en su entrañas/ por el que tumba montañas para crear riqueza tanta mientras el hambre espanta comiendo luz de lucero/ por el niño pordiosero que vive de luna y sueño, juro con todo empeño comunista vivo y muero”. Ese ha sido tu norte. ¡Hasta la victoria siempre!

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