La culpa es de la vaca

Quiero confesar, que nunca leí este libro de supuesta filosofía mundana y que aparentemente fue un éxito mercantil. Solo tomo el título, para indicar aquello que un nuestro filosofarlo popular es “echarle la culpa al mas pendejo”; o que los más desvalidos, sean los más perjudicados.

La devaluación desmentida de manera muy mediática por nuestros zares de la economía era un secreto a voces y que no dejó mal parada esa difícil decisión, sino a la vocería oficial que la negaba. Y eso, molestó al colectivo trabajador, a la ciudadanía, al pueblo llano, no a los usureros de la “lechuga verde” que ya habían tomado sus previsiones y provisiones.

Somos un país confinado en un estamento burocrático estadal corporativo burgués, donde un gobierno nacido de las entrañas del descontento popular y liderizado por el Camarada Chávez, ha tratado de subvertir a través de un socialismo endógeno, esta realidad del estatismo creado a cal y canto por los gobiernos de derecha que lo han precedido. Tarea harto difícil esta, que a lo largo de casi tres lustros aun es cuesta arriba y que se ha visto trastocada no solo por el accionar de la oscura derecha apátrida, sino por el maniobrar torpe de algunos “mandos revolucionarios” o conspicuos individuos que han desviado la brújula enrumbada, que el Comandante colocó, como guía en el mapa de nuestra patria.

Este cambio de valor monetario con respecto al verde dictador del dólar que nos sigue mandando, ha sido interpretado y analizado por un pueblo educado e informado gracias a la dialéctica pedagógica del Camarada Chávez y los programas de formación popular creados bajo su égida en el Gobierno Bolivariano. Y este análisis va mas allá de decir que son “apenas 2 bolos” el aumento y no los 2000 bolívares de antes del 2008. No, nuestro culto pueblo con saberes de economía formal, informal y vivencial ve con preocupación que hay un cisma en su capacidad de adquisición, no de los gustos suntuosos, sino de sus más básicas necesidades. Es decir, una incontrolable especulación que no tiene fin a pesar de que existen y se han creado todo un arsenal de medidas y formado un contingente de “servidores públicos” para contrarrestar esta inhumana y criminal actividad, que mercantiliza nuestro quehacer diario. Y esto, no es un secreto a voces; es una cruda y cruel realidad que embarga literalmente nuestro ánimo y nuestra economía familiar.

El problema compañeras, compañeros, camaradas, no era la aplicación de esa necesaria devaluación y evitar que desangrara económicamente el país a través de CADIVI y otras vías creadas por el mismo gobierno. El problema es la real repercusión que se pueda medir en términos favorables, para los que no tienen acceso a los pretendidos billetes verdes sino que utilizan para sus transacciones nuestro bolivariano dinero y que con un salario que adelgazó consuman bienes y servicios que engordaron, en un abrir y cerrar de ojos. Hay especulación, acaparamiento, accionar de tortuga en la producción. Hay todo un entramado de pillaje “que justifican” los que manejan los medios de producción y comercialización, por la aplicación de esta medida de la devaluación.

De repente, los que hemos escrito sobre esto y en estos términos, estamos de manera prematura evaluando un escenario que puede cambiar. Ojala que estemos errados y que esta desvalorización estimule el consumo y la producción interna. Ojala que las medidas socio-económicas que se implementen, cambien el ceño fruncido en el rostro de preocupación del pueblo y la conviertan en una “carita feliz”. Porque, la culpa no es de la vaca, ni mucho menos de un pueblo que escogió su derrotero bajo la premisa de que “El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”. Amalaya.



Sin Chávez no hay revolución, porque Chávez es la Revolución. Y Chávez somos todos.


El autor es: Ingeniero

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Carlos J. Contreras


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