El disfraz en la política

El Carnaval es una celebración milenaria, sus orígenes derivan de los antiguos agricultores, quienes enmascarados pretendían asustar a los males que acechaban sus cosechas. Esa actitud defensiva dio origen a una tradición festivalesca que varía de sociedad en sociedad, tanto así, que en la actualidad se suele asociar con la cristiandad y con el inicio de la Cuaresma.

La tradición está ampliamente extendida, y en estas fechas es común observar grandes entretenimientos y creatividades. En muchas regiones el Carnaval es propicio para promover el turismo, es el caso de Río Janeiro, Trinidad y Tobago, Barranquilla, y otras ciudades. Cada país imprime su toque de autenticidad, desnaturalizando así el espíritu y el origen de la celebración. Lo que aún conservan es el uso de las máscaras y/o disfraces.

Ahora bien, el momento es propicio para reflexionar sobre el ocultamiento de la apariencia física del individuo, es decir, que se esconde detrás de una acción de esta naturaleza, ¿será solo para bromear? ¿Será que el momento es propicio para que aflore mi otro yo? ¿Será que tanta creatividad es producto de la expresión reprimida del individuo? Cualquiera sea la razón, surge otra interrogante, ¿cuantos de nuestros políticos viven cotidianamente en Carnaval, vale decir, ocultando sus verdadera intensiones, pensamientos y actuaciones?

De allí la importancia de que el pueblo observe con profunda rigurosidad las actuaciones de los dirigentes políticos de nuestro país. Evaluar la concordancia entre acción y discurso, es un buen mecanismo para tabular el talante de nuestra dirigencia política. Descifrar el disfraz que puede envestir un dirigente político es un deber ciudadano.

El dirigentes políticos deben comprender e interiorizar que nuestro pueblo tiene las cualidades para detectar una acción que atente contra sus principios, creencias y valores; que una acción ajena a la percepción cognitiva de la sociedad venezolana es acto innoble y/o aventurero, y que su permanecía en el ejercicio del poder dependerá exclusivamente de la honestidad y abnegación al ejercer las funciones que les son confiadas. De lo contrario, no habrá disfraz que pueda encubrir sus inconsistencias y actos indecorosos, así como su salida a patadas, por parte del pueblo, por la puerta trasera de la historia.

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