Hasta dónde puede crecer la oposición

La oposición venezolana ha logrado aumentar significativamente su votación en los sectores populares de las grandes ciudades a pesar de que su discurso que, en lo esencial, no ha cambiado en el sentido de oponerse a los planteamientos gubernamentales de gasto social, contiene sólo propuestas que pertenecen al mundo neoliberal, discurso este ampliamente conocido: de la mayor eficiencia de un Estado disminuido y alejado de controles, ampliación del área de la economía en manos del sector privado, etc.

Se han señalado varias causas de tal crecimiento: el más utilizado es el del desgaste que produce en cualquier gobierno su ejercicio, sobre todo si no logra resolver problemas que han estado en su propaganda de oferta y del ejercicio que le sigue; otra ha sido la de considerar que la oposición logró leer la desilusión de ese pueblo ante las faltas de respuesta, por el gobierno, a sus requerimientos de satisfacción de necesidades materiales y de subjetividad.

En este escrito pretendo mostrar una vía de interpretación que está muy cerca de los planteamientos del argentino E. Laclau, en su análisis de la lógica populista

Cuando el autor nos habla de la presencia de un “significante vacío”, especie de expresión-representación de la exigencia popular que, aunque no es solicitada por ningún grupo, se convierte en aglutinante, atractor, que le da sentido, que le da significado a todas las otras, no importa su diversidad; estás últimas si están presentes en las exigencias de los grupos de población popular y que no han recibido respuesta satisfactoria por el gobierno. También podemos incluir, por su persistente presencia, el maltrato que tal población recibe de funcionarios y servidores públicos cuando solicitan tal servicio.

El desgaste de cualquier gobierno que se desarrolle sobre la lógica electoral proviene de su imposibilidad de cumplir con su oferta de beneficio a los sectores populares de la población (la mayoría), sobre todo en un mundo donde la lógica neoliberal toma cuerpo creciente. En el caso de Venezuela podemos considerar que tal lógica se sortea con una mayor distribución de los recursos del erario nacional, mediante los distintos planes a ese fin diseñados.

Pero puede no ser suficiente si nos manejamos preferentemente en un ámbito electoral. La acción de freno de cualquier promesa de cambio nos la muestra un analista político estadounidense George Lakoff:

“La neurociencia nos dice que cada uno de nuestros conceptos —los conceptos que estructuran nuestro modo de pensar a largo plazo— están incrustados en las sinapsis de nuestro cerebro. Los conceptos no son cosas que pueden cambiarse simplemente porque alguien nos cuente un hecho. Los hechos se nos pueden mostrar, pero, para que nosotros podamos darles sentido, tienen que encajar con lo que está ya en las sinapsis del cerebro. De lo contrario, los hechos entran y salen inmediatamente. No se los oye, o no se los acepta como hechos, o nos confunden. ¿Por qué habrán dicho eso? Entonces calificamos el hecho de irracional, de enloquecido o de estúpido. Eso es precisamente lo que ocurre cuando los progresistas «confrontan a los conservadores con los hechos». Tiene escaso o nulo efecto, a menos que los conservadores tengan un marco que dé sentido a los hechos.” (Pag. 17)

Por supuesto ocurren de uno y otro lado de los participantes. En ese sentido, según el modo de ver que expongo, hay dos elementos principales que juegan en contra del mensaje del chavismo: uno es la propia concepción del Estado Nacional en sus funcionarios y servidores, donde una inmensa y muy entrelazada burocracia es capaz de entrabar cualquier ejecución, por directa que se haga; la otra, podría considerarse en la creación de expectativas que la distribución de recursos genera en los beneficiarios de la misma. Esto, el que sean expectativas y no esperanzas de un mundo mejor, las hace de crecimiento infinito, como corresponde a la lógica liberal-capitalista, por tanto imposibles de satisfacer -no podemos ser todos ricos-. Eso ocurre con ganancias, sueldos, objetos, servicios, etc.

En el caso de la burocracia podemos decir que bastante se ha hecho, por parte del gobierno, para disminuir su embate, mediante la creación de otras vías de ejecución. Sin embargo, como la lógica del capital, estos intentos son reabsorbidos por lo existente, cuando la lógica que corresponda y está presente, siempre generada por la del capital, se ajusta a las nuevas formas de evadirla intentadas. En esta situación podemos ejemplificar con la más perversa expresión de tal lógica, cual es la que genera la diferencia entre quien tiene el poder, la discreción de decidir, como lo es el funcionario, en el caso de la burocracia, y el que solicita el servicio. Esta perversión consiste en “mirar” al otro como disminuido frente a la posición dada por el cargo, de la manera como desarrollo el capitalismo de mirar al pobre.

En el caso de la generación de expectativas sustitutas de las esperanzas, creo viene a colación, los señalamientos del crítico del disciplinamiento por escolarización I. Illich (la sociedad desescolarizada)

y del psicólogo social E, Fromm, en la suya sobre la sociedad estadounidense (tener y ser)

En la propuesta de I. Illich la esperanza corresponde a la fe, a ese hecho inmaterial, imaginario que permite los símbolos para avanzar en la construcción de una sociedad cada vez más justa, por el contrario, la construcción de expectativas corresponde al deseo, también imaginario, del capitalismo liberal de crecimiento infinito: expectativas crecientes. Aquellas, las esperanzas, siempre posibles, cualquiera sea el horizonte a alcanzar, siempre necesario de inventar; ésta, la expectativa, siempre visible en su condición de expansión, pero cuyo horizonte está limitado por la imposibilidad de respuesta sino sólo y cada vez más a una minoría, la que recibe los beneficios de la expansión.

Según Fromm es la propiedad quien crea la necesidad de crecimiento ilimitado y, por supuesto, debe acudir a la toma de recursos cada vez mayores para poder “tener”, no importa el “ser”, esto hasta romper cualquier limite de los llamados a equilibrio que cada sociedad a hecho ante el temor de agotamiento. La excusa a continuar es lógica se plantea en incorporar la idea de expectativas crecientes y crecimiento ilimitado a las soluciones que una manera de ver, de conocer la realidad ha desarrollado: la tecnología -hoy en el mismo entredicho de los temores señalados-.

Aquella imposibilidad de satisfacer las “expectativas crecientes”, por imposibilidad de alcanzar el infinito en un mundo finito y, la otra, la necesidad de “tener” como sustituto del “ser” son obviadas por el creciente sistema capitalista, creciente en la ampliación a toda forma de presencia social, a toda forma de su existencia. Es en este sentido en el que la presencia de funcionario que no da servicio sino a cambio de su cuota de poder -también expectativa creciente- o de generar expectativas en vez de esperanzas, digo, por aquí, por donde penetra, por la imposibilidad de satisfacción antes señalada, la opción de una oposición que convierte en un sólo significante -salgamos de Chavez, por ejemplo- cualquier insatisfacción popular. Claro, podrían decirme que por eso no ganaron, porque Chavez no está en las insatisfacciones populares, pero si lo está -los que trabajan con Chavez lo hacen mal y le mienten- y si Chavez no puede llegar a todas partes, se hace verdad la insatisfacción hasta el nivel de alejarse de Chavez o, peor aun, de la esperanza generada por este líder sobre este movimiento.

Por supuesto debemos considerar un problema mayor. Si se observa el escrito vemos fácilmente como me refiero sólo a ámbitos electorales, porque la respuesta correcta, que parece ser la de la política con P mayúscula es la que se ve disminuida, esa que escucha al pueblo y lo politiza en el sentido de la creación de poder. Si creación porque no hay recetas.

Repito, la opción para crezca la oposición, cualquiera sea su objetivo real, está abierta.

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Centro de investigaciones contemporaneas (CINCO). UPEL. Maracay


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