¿Le estarán jugando Kikirigüiki a Maduro?

Hay dos cosas superdesagradables de ese encuentro del tercer tipo que tuvimos.

Una, efectivamente, era un no rotundo el hecho de la devaluación.Y nosotros, acostumbrados a la seriedad conque nuestro Comandante nos trataba, de huevones, les creimos.

Maduro ni se molestó en explicar por qué, qué ganaba la revolución con eso, porque no sólo es que esto o aquello me va a costar más, porque "con hambre y desempleo con Chávez me resteo",sino que va a ganar nuestro proceso al socialismo con esa medida.

En este mismo punto está que ni por asomo hubo una disculpa por el cambio de opinión, Maduro casi ni dejó que nadie hablara y encima nos dijo antes de lanzar su bombita que Merentes y Giordani eran unos seres fuera de toda sospecha. Y casi nos dice que estaba fuera de toda discusión discutir revolucionariamente una medida de tal trascendencia política (ya que supone un coñazo a media noche para la autoestima del venezolano.).

Dos, la estupidez de que todos estaban más creyentes que antes. Me molestó porque su cara era de burla al gabinete y porque sus palabras sonaban más falsas que las promesas de Obama a su electorado.

Las comparaciones son odiosas, pero Chavez siempre ha metido sus creencias en su oratoria y se lo aceptamos no porque creamos en su fe sino porque es auténtico, y sepa Maduro que muchos venezolano sí sabemos leer entre líneas, interpretar imágenes y sobre todo desde que nuestro Comandante nos arrimó el hombro y puso su vida en juego para hacer posibre este proceso. Y ahora viene él y la caga.

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