Las más caras del Carnaval o las más caras afrentas después del Carnaval

¡Caramba, carambita, carambola!!! Soy seguidor por lectura de APORREA, maravilloso blog de opinión que cada día tiene mayor protagonismo geopolítico y público para con la necesaria credibilidad del proceso histórico Revolucionario Venezolano, denominado de alguna forma, como Socialismo del Siglo XXI. Me placería iniciarme y compartir activamente en este escenario de Aporreadores; sobre todo hoy, entumecido con lo que no logro entender, tal vez por mi ignorancia en materia económica, pero sí sintiendo que el río truena, y por algo será.

Me hago repetidamente la misma pregunta que ya tantos, también, se la han hecho, no sólo por este medio, después de este otro viernes “negro o rojo” 08 de febrero, que como artilugio económico trastocan los momentos esperados, postreros y decisivos para los que sentimos una Revolución encaminada a hacerse realidad. Desearía estar equivocado en el razonar consciente de los pensamientos que ahora se me vienen a la mente y, muy por el contrario, sí sentir que ya fuera la hora del alivio ansiado para este colmo sobrevenido con todos los males que estamos viviendo por el desamparo de las autoridades competentes por la no aplicación de medidas contra la especulación, escasez y el alza de precios de la mayoría de los rubros que consumimos los venezolanos.

Más aún, o aún peor, implementar una medida económica de mayor devaluación de la ya existente para nuestra moneda Bolívar, justo antes del asueto de Carnaval, temporada en la que por lo general y por tradición la venimos usando para ir a la playa, a la montaña, o a cualquier parte, a descansar y tratar de pasarlo bien de acuerdo a las posibilidades de cada quien.

Algunos en este asueto festejan bailando y disfrazándose para lucir máscaras, unas muy aspaventosas y otras sencillas que realzan los protagonismos desde cualquier hecho cotidiano o, simplemente, aprovecharlo para el desahogo de ímpetus que no permiten la comunión con la ansiada espiritualidad cultivada en Religiosidad. Pero nunca imaginamos que, también, tendría cabida para fechorías que, desgraciadamente, hagan caer precipitadamente en la ignonimia a nuestros gobernantes. Creo que el propio Chávez, nuestro Presidente, a quien admiro, pero en este momento por su convalecencia y aun cuando nos han dicho que no es de su intelecto y facultades mentales; entonces, si nos hace pensar que desconoce su participación en el asunto que nos trae esta consabida y negada, pero sí inoportuna devaluación de nuestra moneda.

Cuando más creíamos en el advenimiento de una moneda sustituta para el dólar y que, “según nos han dicho”, se viene cocinando la Divisa Sucre (uso comillas porque ya empiezo a dudarlo como mecanismo opcional). He aquí el meollo y la afrenta que en estos momentos a los muchos que no poseemos recursos económicos para palear y arropar con nuestros ingresos económicos y sueldos la mayor carestía que se nos avecina para los tiempos de la V República y, todo sucede con un zarpazo enmascarado pre-carnavalesco, sin darnos una explicación precisa y directa por parte de nuestros Ministros de Economía, Finanzas, Comercio y afines; hasta ahora, simplemente un amén y oídos sordos gubernamentales.

En mis vivencias con respecto a las devaluaciones monetarias históricas de nuestra querida Venezuela en los últimos años, puedo decir con propiedad que no han dejado nada bueno; los capitales se han seguido fugando a Bancos y Comercios transnacionales. Los ricos cada vez más ricos, y somos pocos los que podemos utilizar CADIVI (otro elefante blanco, otro RECADI, pero pintado de rojo); no obstante, sí somos muchos los que nos beneficiamos de poder adquirir insumos necesarios para la cesta básica alimentaria y el quehacer cotidiano. Productos que, muchos desafortunadamente, no producimos en Venezuela y que estamos lejos de hacerlo, independientemente de lo que se diga y se ha hecho desde el Gobierno en su intento de solucionarlo, pero con pocas ganas de concretarlo; sin desconocer los logros y beneficios sociales inherentes a salud, educación y vivienda encaminados y que se empiezan a ver cumplidos.

Nos hemos acostumbrado a la minería y su rentabilidad, sin interesarnos verdaderamente en buscar alternativas viables para utilizar estos grandes ingresos y lograr la complementariedad de lo que carecemos en lo material. Compramos todo la porquería que no sirve por su mala confección, ya que en nuestro país no se habla de calidad de productos disponibles en el mercado. Ello repercute en la propia calidad de vida, altamente deteriorada, para todos los que sobrevivimos obviando obstáculos y a la suerte de cada quien. Las cosas buenas, o mejor, de buena calidad sobrevienen por acumulación con el buen desempeño de c/u. de los haceres cotidianos compartidos en este bello espacio que ocupamos.

Importamos todo de la China y el Asia que lo dan todo por tener divisas. De esas florecientes naciones, potencias industriales, nunca le hemos exigido que nos vendan productos de calidad, que si fabrican y le venden a otros países que se lo exigen. Será que todavía vamos a seguir anonadados con espejitos o como narra la historia sobre Atahualpa, ya prisionero de Pizarro con honores de huésped especial, dentro del barco español, le dieron de beber agua en un vaso de vidrio y él maravillado de la novedad por su transparencia, lo intercambió por uno suyo de oro. Los secuestradores españoles, embebidos por la codicia del oro, le trajeron todos los vasos de vidrio existentes en el barco para que se los cambiara por unos de oro, que imaginaban que el secuestrado Cacique Inca mandaría a buscar con su gente; pero, inmediatamente Atahualpa ante tantos vasos de cristal juntos, despreció y tiro contra el piso la presea del trueque hecho.

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