Las medidas económicas

En una especie de controversia sostenida hace ya algunos meses en esta misma sección con quienes no vale la pena mencionar, dijimos que en virtud de su demencial política económica, basada esencialmente en el colosal despilfarro de recursos, que yo era partidario de un chavismo sin Chávez. Pues bien, las medidas económicas que acaba de anunciar el gobierno a través de sus cómplices, viene a confirmar lo que hemos venido sosteniendo desde hace mucho tiempo; es decir, que aquí no hay peor amenaza para este Proceso que el propio Presidente. Ahora, éste trata de recoger velas anunciando, con el con el fin de atraer CAPITALES, la eliminación de las medidas que prohiben los depósitos en dólares. Sin embargo, esfuerzo además de inútil tardío, porque continúan existiendo otros factores que hacen poco atractivas las inversiones en Venezuela. Como lo es, permite esa ley del trabajo, que además de reducir la jornada laboral, permite que una trabajadora pueda permanecer seis meses en su casa cobrando y sin trabajar. Total, que en relación con la 4ta. República es bien poco lo que hemos cambiado, porque si no nos coge el chingo nos coge el sin nariz. Ahora, por lo que hay que pedir es por la salvación de Venezuela. Dios nos agarre confesados.

Ahora bien, ¿es Chávez el único responsable de una medida que, como la devaluación, va golpear significativamente el salario real de los trabajadores y, por consiguiente, a atentar igualmente contra la calidad de vida de la mayoría de los venezolanos? Desde luego que no, porque tanta responsabilidad tiene el Presidente en la toma de esta nefasta decisión, como también la tiene, entre otros, el ministro Giordani, que se supone es el que mayor peso tiene en la conducción y orientación de la política económica del gobierno.

Y en este sentido, ¿acaso no sabía el ministro que ese torrencial chorro de dinero que se lanzó a la calle en el marco de la misión del amor mayor y, en general, de la política social, iba a originar una tremenda distorsión de la economía, y ello debido a que el aparato productivo no podía adaptarse al desmesurado crecimiento de la demanda y que tal hecho iba a provocar, entre otras cosas inconvenientes, un gran desabastecimiento? Pero, además, ¿ no sabía tampoco que esas descomunales erogaciones provocarían un enorme hueco fiscal? Yo no soy economista y sin embargo lo sabía, y no dudo que el ministro también lo sabía. Y si lo sabía, por qué entonces no alertó al Presidente acerca de los estragos que esa adicción que Chávez tiene por el gasto improductivo originaría? Que lo alerto y no le hizo caso. Pues entonces, debido a que usted no es empleado de Chávez, ministro, sino de la nación, renuncie, pero no se haga cómplice de los tremendos desaciertos del Presidente.

Por otra parte, están los economistas de la Asamblea Jesús Faría, Rodrígo Cabeza, Andrés Eloy Méndez y los otros, quienes también guardaron silencio ante unos desafueros administrativos que podrían costarle muy caro, pero muy caro al país. Por qué estos diputados, como en el caso del ministro Giordani, tampoco pusieron en cuenta al Presidente acerca de la peligrosa inconveniencia de dedicarles tantos recursos a unos programas sociales en los que en apenas catorce años se invirtieron 500 mil millones de dólares, esto es , el doble, y hay que decirlo, de lo manejado por los gobiernos de la cuarte República en 40 años?. Cómo pensar que semejante cantidad de dinero volcado al torrente monetario no podía provocar lo que en estos momentos está provocando: la devaluación, que es el último recurso, un recurso casi desesperado al que cualquier gobierno trata por todos los medios de eludir, y sólo se apela a él cuando ya no hay otras salidas. Lo cual no es el caso de nuestro país que ha contado con astronómicas sumas de dinero y de divisas -un billón de dólares-. De manera que todos son responsables. Ministros, diputados, dirigentes, comunicadores, periodistas, etc. Y en el caso de estos últimos, en lugar de darle cursos a las opiniones que de buena fe se vertían sobre lo que en relación al manejo irracional de los dineros públicos se estaba haciendo, las ignoraban, por lo cual se convertían también en responsables. Y en el caso de los diputados mencionados, su responsabilidad es aun mayor, porque sabiendo adonde podía conducir el desproporcionado gasto social, callaron. En lugar de mostrarse leales y consecuentes con quienes los eligieron, que era su deber, se mostraron dóciles y complacientes con los dictados provenientes de Miraflores. Por lo que, sin atenuantes, se convirtieron en unos simples levantamanos al servicio no del país sino del Comandante Presidente.

En realidad, no creemos que hayamos llegado a una situación en la que tengamos que llamar a María. Sin embargo, lo ocurrido nos indica claramente que para no tener que hacerlo en el futuro hay que realizar profundos cambios tanto en la dirección del Partido como en la conducción del gobierno. Y mientras más pronto se hagan pues mucho mejor. Esto es indispensable hacerlo, repito, porque no se puede continuar dejando en manos de una sola persona, que por lo además ha demostrado ser muy deficiente, la toma de decisiones que puedan comprometer seriamente la estabilidad del Proceso y del país. El dedo y el amiguismo, que están en la base de la ineficiencia gubernamental, deben desaparecer si se quiere que se siga llamando esto democracia y revolución. O cambiamos o fracasamos, no hay alternativa.

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Alfredo Schmilinsky Ochoa


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