Aprender para enseñar

Entre la reciente conmemoración de otro aniversario del 23 de enero de 1958 y la identificación de los restos de Noel Rodríguez, revolucionario ucevista secuestrado y desaparecido en 1973 por la IV República, no puede sino haber sentimientos dolorosos y encontrados. Para que se haga realidad la palabra de nuestro Alí y que mártires como Noel no puedan llamarse muertos, estamos obligados a aprender de estas aciagas experiencias.

Son demasiadas las heridas abiertas durante los 40 años de la IV que hoy siguen sin sanar y que no son vistas en sus justas proporciones por buena parte de las nuevas generaciones. Si bien las razones de ello son principalmente cronológicas (el reciente Censo arrojó que la mitad de nuestra población tiene 26 años o menos), también demuestran la necesidad de estrategias educativas e informativas más efectivas. Puede leerse como un cliché, pero somos nuestra historia; nuestra memoria y lo que hacemos para fortalecer lo constructivo y erradicar lo destructivo, generando nuevos patrones culturales capaces de ser estratégicamente comunicados. De nuevo, comunicación, información, educación y cultura como bloque indivisible, orientador de la conciencia crítica y por tanto, como condición de posibilidad para profundas transformaciones sociales.

Así como en esta nueva sociedad en construcción cada acción que se ejecute está obligada a ser referencia pedagógica y moral, también cada crimen y atropello que rememoremos debe ser considerado como expresión de una realidad y experiencia que permita aprender para luego enseñar, sin que con ello pierda su condición de denuncia. Un ejemplo: mucho más se habría ganado si la movilización del 23 de enero hubiese sido no sólo una respuesta a los planes desestabilizadores ante las recientes decisiones del TSJ sino la fijación de una postura ante el fraude del Pacto de Punto Fijo, además de servir de antesala a febrero, mes de rebeldía popular y cívico-militar y por tanto, mes de demostración de cómo una praxis revolucionaria puede y debe cambiar los sistemas de injusticia donde y cuando éstos sucedan.

Sigamos denunciando pero también aprendiendo para poder mostrar, especialmente a las nuevas generaciones, que fortalecer la Revolución no es una posibilidad sino una necesidad, para seguir haciendo de Venezuela esa Patria grande y bonita por la día a día que nos la jugamos.

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