Al fin alguien le pone la cascabel al gato

No podemos menos que aplaudir la firmeza con que la Ministra del Poder Popular para el Sistema Penitenciario, está confrontando a las criminales mafias carcelarias que a través de la historia han venido esclavizando a los infelices que por alguna situación no deseada han tenido la desgracia de caer en situación de privados de libertad y como tal van a parar esos depósitos de cadáveres vivientes, como lo son las denominadas cárceles donde no hay derecho humano que valga y de eso tenemos constancia quienes a lo largo del ejercicio periodístico, hemos realizado periodismo policial.

El viacrucis de quien por el delito de haber nacido pobres caen en la ruta al margen de la ley comienza en las llamadas investigaciones policiales, donde muchas veces son obligados a realizar confesiones de delitos que no han cometido, para librarse de las palizas y maltratos habituales en los centros de investigación. Bueno es destacar que eso ha mejorado con las modificaciones del proceso, que ahora está en manos del Ministerio Público y el presunto indiciado hasta puede enfrentar la situación en libertad, hasta que las instancias pertinentes decidan, que merece la privativa o no.

Pero el verdadero infierno del infeliz, comienza cuando traspasa las rejas del penal, porque allí pasa a ser doble prisionero. Es prisionero del Estado y la Sociedad, que le está cobrando una deuda por el error cometido, pero al mismo tiempo es prisionero de las mafias carcelarias que desde afuera mantienen a los denominados “Pranes” en los recintos carcelarios que no son otra cosa que desalmados sicarios que someten a las prácticas más viles a quienes ingresan a sus dominios.

De hace algunas décadas a la fecha se ha conocido la modalidad de la “protección”, quien entra a un penal, debe pagar un canon diario, para no ser molestado y tener derecho a un espacio para pernoctar. Si no tiene medios económicos para responder al impuesto de la mafia, entonces tiene que convertirse en esclavo hasta sexual, del “Pran” y sus “Luceros” o de lo contrario paga con su vida la osadía de haber ido a parar allí.

Esta situación se agrava cada día, porque no tenemos un sistema de clasificación de los privados de libertad, para evitar que las cárceles sean universidades del delito. Ojalá dentro de esta movida de mata en el sistema penitenciario, las autoridades tomen en cuenta algunas recomendaciones del maestro Elio Gómez Grillo, que tanto ha escrito y gritado en el desierto sobre este sensible tema, que preocupa a tanta gente con sensibilidad. Particularmente hemos seguido a este insigne maestro de la criminología, desde que tenía su columna “Hora de audiencia” en un diario nacional y luego en otros medios, así como sus publicaciones sobre el tema carcelario. Desafortunadamente no ha encontrado eco suficiente

por eso nos llena de optimismo cuando vemos la entereza de la ministra, en el desafío a las mafias, frente a las cuales sabe que expone su propia vida. Porque son muchas las fachadas de esa organización criminal, desde los “observatorios” hasta “defensores de derechos humanos”, buenos disfraces para alimentar a los capos que explotan la mina de la violencia penitenciaria, a quienes deben meterle la lupa los organismos de inteligencia.

Ojalá esta luchadora social, como lo es la doctora Iris Varela, conocida popularmente en el medio revolucionario, como “La Fosforito”, por su apasionamiento en lo que emprende, logre romperle el espinazo a esa poderosa organización, que a lo largo de los años se ha enriquecido a costa de la desgracia humana y que en la calle tiene “pranes”, de cuello blanco, conspicuos representantes de la sociedad civil.

El sistema de enjuiciamiento o de juzgar a los presuntos indiciados, también debe ser reformado, porque hasta ahora para lo único que ha servido es para fomentar el delito. Quien no lo crea que reflexione, a cerca de lo que ocurre, cuando un campesino o un obrero, sin más antecedentes que un cuadro de familia de cuatro o más muchachos y una esposa, que los cuida, comete un homicidio o cualquier otro delito. El Estado burgués por complacer a una sociedad plagada de prejuicios condena a este ciudadano a la pena máxima, porque como de paso es pobre, no tiene como comprar su libertad. Es decir es separado de su familia por 25 o 30 años y es lanzado a ese depósitos de cadáveres vivientes, de donde difícilmente salga físicamente vivo, porque en su defecto sale éticamente muerto y cargado de odio hacia la sociedad y es posible que venga a fortalecer la banda de los cinco chicos que quedaron al cuidado de la indefensa madre, cuando fue condenado, situación que les obligó a emigrar a los cinturones de pobreza de la ciudad, para estar más cerca del reo, pero que también les arrastró al aluvión de la delincuencia. He allí la obra maestra del Estado, por castigar a un “delincuente”, pro creo a cinco delincuentes más. Entonces es allí donde está la necesidad de convertir a los penales en centros de trabajo productivo, con remuneración justa para quienes están internos y trabajan, para que de esa manera no pierdan la responsabilidad ni la conexión con su familia. Y en vez de esas absurdas y largas penas, sin derecho a nada, someterlos a periodos más humanos y de rehabilitación y formación para su reinserción en la sociedad.

La clasificación de los privados de libertad de acuerdo a su procedencia y el delito cometido, es un paso urgente que se debe dar. Otro paso importante pudiera ser , aunque parezca absurdo y, es la municipalización de los penales, que en vez de tener una macro cárcel, con miles de internos, tener moderados recintos en cada municipio, donde sean recluidos los de esa parte del país y cuyo control sería más efectivo y el contacto con los familiares más continuo. ¿Nos preguntamos, por ejemplo, que hace un nativo del Municipio Urdaneta del Estado Zulia, en una cárcel de Ciudad Bolívar? ¿No sería más justo y más beneficioso para la sociedad, que estuviese allá en su terruño nativo, donde están sus familiares, quienes pudieran ayudar a su regeneración mediante programas del sistema penitenciario articulados con la comunidad para ayudar a combatir las mafias carcelarias, que tienen su caldo de cultivo en el hacinamiento y falta de orientación del privado de libertad?

Son alguna reflexiones que se nos ocurren, a propósito de que felizmente, al fin alguien le pone el cascabel al gato.

Periodista

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