Quiero que vuelva Chávez. Pero…

A Chávez, luego de estos años y tantos avatares, no lo vemos exclusivamente como líder político. Aprendimos a quererlo como ser humano. Aprendimos a identificarnos con su condición de persona.

Yo a Chávez lo quiero que jode. Lo extraño. Le reconozco como ejemplo de liderazgo y de inquebrantable compromiso con los expoliados por la historia escrita por los que dominan. Quiero que Chávez regrese, pero, nunca falta un bendito pero. Yo quiero que Chávez regrese, y que se vaya desde Barinas, pasando por Torunos, por la vía que va a Mantecal, y que siga rumbo a Elorza. Yo quiero que Chávez vuelva. Pero quiero que vaya a acostarse en un chinchorro a orillas del Arauca.

En medio de esta coyuntura política, he podido apreciar gestos de sensatez, como de insensatez, a mi parecer. He visto mujeres de la tercera edad, sin formación académica y sin mucha verborrea de opinólogas, que piden por el Comandante y que quieren que regrese, pero que descanse. Que se dedique exclusivamente a preservar su vida y compartir con su familia. He visto a sesudos dirigentes medios, dogmáticos, de perenne inconformidad con la revolución porque aún no vivimos según ellos en el comunismo Bolquevique, y que quieren que Chávez regrese, porque sin él no es posible una revolución, y que la dirigencia hará un pacto inevitable con la burguesía. He visto al dirigente sindical, que quiere que Chávez regrese porque solo el puede resolver “sus problemas”, o la señora inscrita en la Misión Vivienda, que quiere que Chávez regrese porque si no, no le “dan casa”. He visto a un dirigente comunitario, que se entiende a si mismo como Chávez, y quiere que la revolución la hagamos nosotros, desde la base, empujando a la institucionalidad, ejerciendo el poder popular.

Para los chavistas, es muy duro imaginar una revolución sin Chávez en el timonel. La presencia y liderazgo de Chávez, son sencillamente incomparables. Hasta muchísimos opositores ya no saben vivir sin el. Pero vale la pena reflexionar: ¿Hasta que punto nos olvidamos de Chávez como ser humano y le reconocemos solo como dirigente político? ¿Hasta que punto entendemos la revolución como un proceso necesariamente colectivo? ¿Hasta que punto hemos entendido el mensaje del mismo Chávez en desarrollar nuevas formas de ejercer el poder?

Estas consideraciones pueden lucir trilladas. Pero debemos insistir en ellas, ante un probable regreso de Chávez. Pues las expectativas conforme a su regreso, son muy diversas. Persisten posiciones muy notablemente aferradas a su regreso como Presidente. Eso aún no lo sabemos. No sabemos que puede pasar con Chávez. No sabemos como puede evolucionar su salud. No hay algo concluso, o definido, ante esta coyuntura en el espacio medular de gobierno central. Reconocemos como una condición subjetiva, que en el imaginario social, la conducción política de un país (y particularmente de una revolución) reside en el estilo presidencialista de Gobierno. No hay otra forma de verlo, o asociarlo. Así seguirá siendo. Ante esa ineludible realidad, las fuerzas sociales revolucionarias, deben estar preparadas a asumir posibles giros sustantivos en el ejercicio del poder presidencial. Todos sabemos que Maduro no es Chávez. Pero debemos asumir con responsabilidad, la posibilidad de aprender a vivir sin Chávez. Bien sea por su desaparición física, o por que se aparte del ejercicio de la presidencia por razones de salud. Nuestra responsabilidad como militantes disciplinados pero conscientes, debe ser la de asumir de manera irrestricta y crítica, cualquier tarea que haya que asumir ante cualquier escenario.

Siendo la dinámica política por ahora impredecible en buena parte, vale la pena afinar nuestro análisis en función de esos probables escenarios. El objetivo, para quienes queremos a Chávez, es preservar a la niña de los ojos de Chávez y de millones; nuestra revolución. En eso estamos claros. Pero hace falta una labor por realizar; la de hablar, sin tabú alguno, sobre los escenarios posibles que se avecinan. Aunque mi posición (pese a mi desconocimiento sobre como evolucionará la salud de Chávez), es la de que el descanse y resguarde su vida humana, quienes estarán facultados para definir lo que sucederá serán el mismo Chávez y los pronósticos médicos. Eso está fuera de nuestras manos. Hay que decirlo. No hay que ocultarlo. Hay que superar los recelos absurdos que existen en minúsculos sectores hacia Maduro. Hay que superar con claridad y cohesión política, las intrigas conspiranóicas que la derecha ha sabido introducir en el imaginario chavista. Hay que entendernos como una comunidad política diversa, pero revolucionaria. Hay que hablar de la revolución como un proyecto inacabado y prepararnos para una labor histórica, generacional, y no del aquí y ahora, y de que si estoy de acuerdo o no, y de que si me resuelven mi problema o no, e incluso, de que si Chávez está o no.

Espero explicar mi profunda inquietud, por las aristas que surgen ahora, cuando algunos dijeron que nuestra revolución era “antropocéntrica” por girar alrededor de un hombre, o porque Chávez siempre ha sido “mesiánico”, o porque no hay revolución posible sin Chávez. Más allá de tanta majadería, entendamos que a Chávez no hay que reconocerle que siempre hemos confiado en el, hay que reconocerle a el que haya confiado siempre en nosotros. Más bien, entendamos que la derecha si juega a que no haya revolución posible sin Chávez. La derecha no quiere que creamos en nosotros mismos como actores individuales y colectivos. No quiere que nos entendamos a nosotros mismos como sujetos revolucionarios heterogéneos, que pueden impulsar una transformación social.

La labor de la oficialidad institucional revolucionaria, está ahora en comprender la necesidad de derrumbar su propio stablishment político-institucional. Deben entenderlo, y hacerlo, o serán (y nosotros con ellos) avasallados por la historia, con un regreso revanchista de la derecha. Me refiero, a que debemos ir por la consolidación de las nuevas formas de poder social y político. Me refiero a la consolidación del poder popular. Es necesario conjugar un Estado comunal, que haga espacios de equilibrio entre la forma de poder presidencialista tradicional, y el ejercicio del poder como ejercicio colectivo. Hay que hacerlo, esté Chávez o no. Hay que hacerlo, ahora mismo. Hemos avanzado, pero debemos profundizarlo con urgencia. Es la única manera en que la consigna “Yo soy Chávez”, no se convierta en un slogan emotivo, pues debemos asumir como vanguardia histórica, la tarea de resolver conjunta y organizadamente nuestros problemas, y construir la nueva sociedad. En otras palabras, para decir: “Yo soy Chávez”, hay que hacer lo que Chávez nos ha enseñado con su ejemplo.

Quiero que Chávez vuelva. Pero quiero más todavía, que asumamos y comprendamos, la dimensión real de nuestro momento histórico. Más quisiera, que nos entendiéramos como pueblo en rebelión, como pueblo alzao. Más quisiera, que asumieramos la labor de ser Chávez, de corazón.

Franco Vielma
Sociólogo. Militante del Colectivo de Acción Revolucionaria (C.A.R.)

Twitter: @FRANCO_VIELMA
E mail: [email protected]

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