Las Orquestas Infantiles y Juveniles y "el detalle" ausente

Es cierto que una nueva motivación cultural ha movido al colectivo venezolano. En estos últimos años asistimos a las plazas de Venezuela, calles y hasta la plaza de toros de Valencia a disfrutar del arte hecho ritmo y armonía musical en forma exquisita, bajo la batuta de un estudioso de la materia como lo es el joven músico Gustavo Dudamel y la asistencia del maestro Abreu.

Toda una vorágine de expectativas y de estímulos, procedentes algunos de la gran notoriedad internacional, que, la orquesta sinfónica Simón Bolívar arrastra consigo, ha contribuido a crear en los venezolano(a)s el impulso a ver y escuchar con atención los conciertos en vivo o retransmitidos por canales de TV, de este género cultural, por demás apreciado en la mayoría de los países en los cuales, estos grupos orquestales han tenido a bien proyectar su talento en los distintos escenarios mundiales.

Cuando tuvimos la oportunidad de presenciar en vivo la glamorosa presentación, auspiciada por la Alcaldía de Valencia de la orquesta juvenil dirigida por el maestro Dudamel en nuestra majestuosa plaza de toros citadina, nos alegró, en un principio que este ruedo se llenara, no precisamente como había sido su objetivo natural: derramar la sangre de los toros en lidia, después de un atroz sufrimiento, sino, que expusiera al público del centro del país a un espectáculo, donde esperábamos, los allí presentes, se hiciera todo un despliegue justo y armonioso de lo mas representativo de los aportes musicales del orbe, pero, haciendo hincapié, claro, así lo percibía nuestro espíritu y sensibilidad esencialmente nacionalista, de las principales piezas producidas por nuestros talentos nacionales venezolanos. No obstante, solo, al final del largo concierto se nos ofreció el famoso y muy querido “pajarillo”, para rematar con el también famoso “mambo” que todos sabemos es originario de África y fue desarrollado sincréticamente en Cuba, adquiriendo notoriedad bajo los arreglos orquestales de Pérez Prado.

Fue desde entonces, y después de hacerle un seguimiento a los videos y retransmisiones a través de los canales de televisión a la orquesta nacional Juvenil Simón Bolívar , que nos ha quedado en suspenso una inquietud por la vital ausencia de una gran mayoría de las creaciones nacionales en estos encuentros musicales, independientemente del convencimiento de que la música es auténticamente un lenguaje donde confluimos todos los humanos, y dentro de éste, la notoria producción universalmente aceptada de un Mozart, las bellezas de Beethoven, sus sinfonías, o simplemente el legado permanente que le dejó a nuestros momentos de solaz su hermoso Claro de Luna, Schubert, Tcaikosky, y muchas otras celebridades. Sin embargo, una se pregunta, si al maestro Schubert se le han popularizado sus producciones musicales, incluso el torrente de voz de Alfredo Sadel le hizo o el honor de dignificar su afamada “serenata de Shubert”, ¿Por qué en sus presentaciones, la batuta de Dudamel, la dirección administrativa y musical del maestro Abreu, no incentiva la gran producción en forma equilibra musical de nuestros talentos nacionales, tales como las recopilaciones de Vicente Emilio Sojo, los valses bellísimos de Antonio Lauro, un Morir es Nacer, de Manuel Rodríguez Cárdenas, un Conticinio de Laudelino Mejías, Ansiedad e Chelique Sarabia, Desesperanza de María Luisa Escobar, el ritmo parrandero de nuestra Verde Clarita, etc. ; y desparramar toda esa gama de instrumentos musicales autóctonos, como el cuatro, nuestros tambores altisonantes, por qué no se difunde antes que la música centro europea, nuestras fulías, ese ramaje de valses inigualables en belleza y señorío, por qué esa disparidad?, he ahí el detalle.

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