Tres lecciones políticas del 23 de Enero de 1958

Primera lección: Opóngase dictadura a democracia

Desde 1830 el pueblo venezolano padeció de abiertas o vedadas dictaduras militares, que en alianza con poderes imperiales y burguesías nacionales, gobernaron repetidamente el país hasta 1958. Consecuencia política de ello, fue el aprendizaje forzado del soberano a temer y oponerse a aquellos regímenes de facto unipersonales y tiránicos de José Antonio Páez a Marcos Pérez Jiménez, último de los generales en el poder.

Entre las dictaduras militares de 1830 a 1958, son contados los cortos e inciertos espacios y lapsos de gobierno democrático de: José María Vargas (1935 – 1936), Manuel Felipe Tovar (1859 – 1861), Isaías Medina Angarita (1941 – 1945) y Rómulo Gallegos Freire (1948). Depuestos todos por respectivos golpes de Estado, dichos gobiernos ofrecieron a la sociedad venezolana de los siglos XIX y XX, destellos propios para soñar y luchar por formas plurales y colectivas de decisión social y organización estatal.

Segunda lección: Diferencie unidad cívico-militar a pacto de élites

Sí bien es cierto que las visiones encontradas de dictadura y democracia, sirvieron de orientación ideológica al pueblo alzado el 23 de enero de 1958, el elemento práctico destinado a impulsar el definitorio cambio político, sería el de la unidad cívico-militar alcanzada exitosamente a través la Junta Patriótica: Órgano integrado por sectores militares patriotas y progresistas, y el movimiento popular organizado en los partidos proscritos de AD, COPEI, PCV y URD, cuyos valientes hombres y mujeres ofrendaron hasta sus propias vidas por erradicar de estas tierras a los viles gobernantes disfrazados de oficiales.

Sin embargo, aquella unidad cívico-militar tardó muy poco en ceder ante el reacomodo de las antiguas élites militares y civiles nacionales subordinadas al imperio capitalista yanqui. La falta de claridad y fortaleza política de los liderazgos de la Junta Patriótica brindaron dóciles conductas y fáciles escenarios para que el nuevo pacto de generales, empresarios y políticos, fuese sellado con la constitución de la Junta de Gobierno (encabezada por el contralmirante Wolfang Larrazabal y los empresarios Eugenio Mendoza y Blas Lamberti) y posteriormente refrendado por: Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba y Rafael Caldera (respectivos cabecillas de: AD, URD y COPEI) en el llamado “Pacto de Punto Fijo”.

Tercera lección: Distíngase entre traición y revolución

Los responsables directos del derrocamiento del dictador Marcos Pérez Jiménez, fueron prontamente traicionados y desplazados. Pasaron, como el caso del coronel Hugo Trejo, del liderazgo militar a exilio diplomático. O, como el periodista Fabricio Ojeda, de presidir la Junta Patriótica a la diputación de la República, cargo al cual renuncia marchando a la guerrilla, donde finalmente se le captura y asesina, consumándose con su muerte la felonía de quienes mantuvieron por cuarenta años sumidos a Venezuela en una democracia representativa burguesa.

No obstante, aquella semilla del 23 de enero de 1958, sembrada en los corazones de nuestro pueblo y regada con la sangre de sus valientes, hoy en día se levanta (junto con el 27 de febrero de 1989, el 4 de febrero y 27 de noviembre de 1992, y el 13 de abril de 2003), como fructífero e innegable referente histórico y bandera política de lucha de la revolución socialista del siglo XXI, la cual en términos concretos significa la instauración en el país de una auténtica democracia directa, participativa y protagónica, presidida por el comandante Hugo Rafael Chávez Frías y guiada por nuestro máximo líder espiritual Simón Bolívar.

Profesor Asistente y Miembro de la Comisión Coordinadora del PFG en Estudios Políticos y de Gobierno de la UBV.

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