Willie Colón: la estupidez también canta

Sabemos desde hace tiempo que el talento artístico no viene siempre acompañado de una apropiada capacidad reflexiva, de una formación adecuada y menos de una ecuanimidad aceptable.

Que nadie se extrañe, pues, de que alguien, a quien por décadas hemos admirado como músico, sea capaz de proferir la barbaridad que ha vomitado Willie Colón desde el fondo de su ahora expuesta pequeñez.

El asunto es de tal calibre, que a uno casi le da por pensar que el hombre no tenía conciencia exacta de la repercusión de lo que emitía.

El mismo argumento, sin embargo, sirve para sustentar lo contrario: es imposible que alguien, por muy tonto que sea, cometa tamaño dislate desapercibidamente.

Sea por torpe o por canalla, la conclusión es siempre la misma: su música no parece estar ligada con su cerebro.

De un talento sin patria, sin sensibilidad social, sin respeto por sus raíces y sin identidad afectiva, poco puede decirse como no sea que la estupidez también canta.


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