El cáncer de Chávez como arma de sus adversarios

Hartos y hastiados de la desinformación, deformación y malformación que nos ofrecen a diario los grandes medios de conformación de masas sobre Venezuela y su proceso revolucionario, bien está como compensación recurrir al programa de debate La Tuerka que encontramos en el vídeo adjunto, ofrecido a través de Canal 33 Madrid. Sus intervinientes analizan en el mismo la personalidad política de Hugo Chávez y el deplorable espectáculo que los medios aludidos de aquí y de allá están dando desde hace casi cuatro semanas con motivo de la grave enfermedad que padece el presidente de la República Bolivariana de Venezuela.

Centrados más en la necrofilia que en las posibilidades reales de la oposición venezolana de llegar a ser una alternativa de gobierno, se está pretendiendo utilizar políticamente la adversa circunstancia humana que afecta a la salud de Chávez con el avieso objetivo de conseguir, por medio del cáncer, lo que recientemente esa oposición perdió una vez más y de modo harto rotundo en las urnas. En ese sentido resulta sumamente deplorable la actitud de la obispalía católica venezolana, que también se ha prestado de modo muy contrario a los principios cristianos que debería observar esa jerarquía ante la enfermedad que sufre el presidente electo, a servir de apoyo a las burdas maniobras de esa oposición con una interpretación políticamente interesada y falaz del texto constitucional.

Las lecturas torticeras y tergiversadoras que se están haciendo de la Constitución venezolana por parte de la derecha en aquel país, los medios de la derecha de aquel y este país nuestro, así como por la iglesia católica institucional venezolana, pretenden forzar una repetición de los comicios sobre la base de que Chávez no ha sido proclamado oficialmente presidente de la República el día 10 previsto, a causa de la operación quirúrgica sobrevenida a que fue sometido hace un mes. Esas lecturas se hacen en la esperanza de que así, gracias a la postración por enfermedad del presidente electo de aquella república, el opositor Capriles podrá tener más posibilidades de éxito que las que le ha negado de modo muy claro la mayoría de sus conciudadanos el pasado mes de octubre, a pesar de aglutinar en su torpe liderazgo a toda la derecha venezolana.

Esa derecha debería sentir vergüenza por alentar siquiera esa probabilidad como alternativa para llegar al poder, pues basa su estrategia en servirse del silencio obligado de su adversario y de la gravedad de su postración convaleciente para intentar vencerlo. Esperemos que no se dé el caso -porque nadie debe desear en democracia el silencio ni mucho menos la muerte o el afán de que el adversario muera-, pero si se diera, estoy convencido de que Capriles sufriría una mayor y más rotunda derrota que la última, porque Chávez es, en palabras del presidente de Uruguay José Mújica, la mano de los pobres en América Latina, esos pobres que desde que gobierna Chávez, según recordó Eduardo Galeano en versión de uno de ellos, han dejado de ser invisibles en Venezuela. "Venezuela es el único país de América Latina en donde los pobres están contentos y los ricos están molestos. Eso debería signficar algo", manifestó recientemente el escritor colombiano William Ospina.

Son muchos todavía los pobres que en Iberoamérica tienen la obligación y el derecho a dejar de serlo, y tienen también puestas sus expectativas en lo que Hugo Chávez representa y representará para el subcontinente, pues en el probado arraigo de su ideario durante estos últimos catorce años prima el vínculo bolivariano de unidad en la lucha entre las naciones latinoamericanas, una unidad que fija sus metas en la consecución solidaria de la emancipación política y social.

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