La verdadera unidad del chavismo

Se equivocan aquellos que siguen pensando que el chavismo es solo una emoción colectiva que permite un vínculo afectivo entre Chávez y el pueblo y como tal desaparece rápidamente. Desde una perspectiva psicológica pudiéramos afirmar que de las emociones emergen los sentimientos y por tanto, una gran carga emocional que desaparece en corto tiempo puede provocar un sentimiento que perdura. La permanencia de los sentimientos colectivos (muchas veces) depende de su cohesión y la vigencia de las razones que los motivaron.

El chavismo nació como un sentimiento colectivo motivado por circunstancias históricas que aún están vigentes. Un sentimiento que se impregnó de ideas, política, objetivos con trascendencia social para desarrollar en el colectivo venezolano la “Conciencia del Ser Social” y dar origen a una inmensa franja social con profundas convicciones políticas estimuladas por la participación activa y protagónica de los ciudadanos en los asuntos públicos como vía para la inclusión social. El chavismo aparece y se desarrolla como un proceso de difícil comprensión y aceptación por la izquierda tradicional y por una clase media que ve amenazado su delirio consumista.

El chavismo va mas allá de los partidos políticos, de las organizaciones tradicionales, de las instituciones y su Poder Constituido para convertirse en hermosa expresión colectiva de un nuevo Poder Constituyente como resultado de un proceso que aun no ha concluido y cuya permanencia en el tiempo depende de la construcción y fortaleza del Poder Popular.

Desde esta visión podemos entender que con el desarrollo del chavismo (como expresión social y política) y la Revolución Bolivariana (como catalizador político de este proceso) se inauguró una nueva interpretación de la Unidad Política, la del Consenso Social que sustituyó la vieja ilusión de la unidad de partidos y desapareció la desvencijada interpretación que reducía el pluralismo político a un desgastado relativismo cultural matizado con escepticismo moral.

Solo la participación activa y protagónica ha estimulado una coincidencia armoniosa y duradera que traduce en unidad política la divergencia social para reivindicar la Unidad Popular como categoría histórica. Es así como la Revolución Bolivariana abrió el camino a la conciencia de la necesidad histórica de un nuevo paradigma que concibe la Unidad Política como un modo de lograr la identidad en la relación de poder entre gobernantes y gobernados; proceso que solo ha sido posible en una Democracia Participativa y Protagónica. De allí, la relación de Chávez con el pueblo como un proceso profundamente político con una inmensa carga afectiva que se puede “confundir” como un simple sentimiento colectivo.

La gran dificultad que presenta este nuevo paradigma de la Unidad Política estriba en la ausencia de antecedentes o experimentos anteriores que vayan mas allá del básico precepto aritmético de que “en la unión está la fuerza”, bajo este minúsculo concepto nació la MUD como clara expresión del vacío político, ideológico y social que embarga al “neoliberalismo criollo”. Otra dificultad es la poca comprensión del liderazgo político-partidista que, ante la densidad que reclama el debate de las ideas, prefiere deambular en políticas institucionales que, muchas veces, terminan en nuevas formas de exclusión social y política. Estas dificultades pueden superarse cuando la Unidad Política tiene como soporte un Proceso Constituyente que conduce a la construcción, fortaleza y desarrollo de un autentico Poder Popular con arraigo y consenso social de indiscutible trascendencia.

Se equivocan, nuevamente, aquellos que asumen la estrategia de pretender dividir al chavismo estimulando (con campañas mediáticas) contradicciones entre sus dirigentes nacionales y regionales. En el chavismo, por su naturaleza política y social, se ha desarrollado la coexistencia armoniosa y combativa de diferentes corrientes, grupos, colectivos y expresiones políticas. Su unidad no depende exclusivamente de su liderazgo nacional, muy al contrario, la coherencia de la dirigencia nacional depende de la fuerza política que expresa la unidad (como consenso social) de esa inmensa franja social llamada chavismo en reconocimiento al liderazgo creativo e innovador del Comandante Hugo Chávez.

Es pertinente advertir que la verdadera unidad del chavismo como hecho intrínseco al Proceso Constituyente de un nuevo Poder Popular lleva inmersa la relación armoniosa de tres dimensiones políticas, en estricto orden de importancia:

1.- La Unidad Popular como expresión histórica del consenso social a través de la Participación Activa y Protagónica estimulada por una nueva institucionalidad.

2.- La Unidad de Acción entre la Fuerzas Armadas Bolivarianas y el chavismo como fuerza social y política.

3.- La coherencia política de la dirigencia nacional, organizaciones políticas, organizaciones sociales y diferentes colectivos a través de su quehacer político.

En consecuencia, la tarea urgente e impostergable de este momento es fortalecer los caminos de Participación Activa y Protagónica para acelerar la construcción del Poder Popular en consonancia con la alianza cívico-militar. Allí está el torniquete político que hace irreversible a la Revolución Bolivariana.

Quienes se desgañitan auto-proclamándose chavistas, comprometidos, revolucionarios, bolivarianos y hasta socialistas y no alcanzan a comprender esta necesidad histórica jamás podrán trascender de la urdimbre de la parcialidad egoísta de sus intereses materiales particulares y no lograrán entender que hoy en Venezuela una política revolucionaria, en tanto innovadora relación de poder, solo es posible garantizando la verdadera unidad del chavismo.

La salud del Comandante Chávez y su victorioso retorno ha de convertirse en acicate para darle impulso a la verdadera unidad del chavismo… el otro debate solo sirve para responder a una oposición que sobrevive en ese depósito de la chatarra política nacional llamado MUD…


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