Un milagro para Chávez

Muy adentro de mi corazón se que el Presidente Chávez está librando la batalla más importante de su vida: la recuperación de su salud. Sé que lucha porque su cuerpo le responda y que sus ganas de vivir y servir a Venezuela se sobrepongan a la enfermedad.

Chávez ha entregado su salud para liberarnos. Y ese sacrificio supremo no debe quedar en vano. Hace días mi mamá me decía que estaba arrecha con los santos y con Dios; incluso me refirió entre llanto, que le provocaba lanzar contra el suelo las imágenes que ella veneraba y a las cuales incluso les cumplía promesas. Decía en su llanto ¿porqué a Chávez? No es justo.

Este sentimiento de mi madre, no es sólo de ella o mío, es un sentimiento colectivo de todos los seguidores de Chávez a nivel mundial y más allá; de algunos opositores de buen corazón que no han sido envenenados por el odio y la división que han sembrado lo medios de difusión nacionales e internacionales contra Chávez.

Por eso sirva esta carta como una expresión en voz alta dirigida al universo, a Dios, a Jehová, a Ala, Buda, Jesús de Nazaret, a la Virgen del vale Santísima y toda aquella representación divina: Por caridad: por lo que ustedes más quieran hagan un milagro!!!!

Chávez se lo merece y se lo merece porque en su visión genial, Chávez ha trazado nuevas vías nunca abiertas para solucionar los millones de problemas que ha dejado el capitalismo, desarrolló con una fuerza de voluntad y una tenacidad sus grandes ideas y proyectos, supo mirar la vida con visión de futuro y lo que expresó como sueños, lo visualizó y lo llevó a cabo.

Chávez se enfrentó al status quo nacional, latinoamericano y mundial. Cuando todos pensaban que había llegado el fin de la historia, éste se sobrepuso a todo y a contracorriente con una voluntad profunda en sus concepciones, situándose por encima de hombres con talento para situarse en la categoría de los hombres excepcionales e imprescindibles para el pueblo venezolano y más allá, se opuso al sistema y mostró que hay un nuevo camino para lograr la justicia social.

Un hombre extraordinario no se produce sino de siglo en siglo, -ese es el caso de Chávez-, militar, político extraordinario, psicólogo, sociólogo, humano ante todo, como decía Faraday cuando describía al Libertador y que se puede aplicar tranquilamente a Chávez: “Es un hombre que escucha todas las sugestiones, pero que está resuelto a juzgar por sí mismo. Que no se deja desviar por las apariencias; que no tiene hipótesis favoritas; que no pertenece a ninguna escuela y que, en materia de doctrina, no tiene maestro. Respeta no a las personas, sino a las cosas. Su principal objetivo es la verdad”.

Chávez como Bolívar es una guía y un maestro transformando la naturaleza del venezolano, para imbuirnos en una conciencia nacionalista latinoamericana, derramó en nuestros corazones y mentes los recursos necesarios para levantarnos de la postración y apatía que como pueblo nos habían dejado sembrado los regímenes del punto fijismo.

Recuperamos nuestro orgullo, nuestra dignidad y nuestro respeto. Hicimos actos de constricción para dejar a atrás nuestros errores y rémoras y tratar por sobre todas las cosas ser mejores ciudadanos: Nos hizo ser mejores tratando de parecernos a él.

Ese ejemplo de vida, de sacrificio supremo por el bien común, de deber y de conducta irreprochable: hasta los mas oscuros y miserables opositores dicen pestes de Chávez pero ninguno de ellos, nadie ha podido acusarlo de corrupto o de ladrón, lo cual era común en otros presidentes. Chávez nos ha dejado a los venezolanos que abrimos nuestro corazón para mirar más allá del individualismo que nos enseñó el capitalismo y su modelo educativo; nos enseñó a ponernos en los zapatos de los otros y a tenderle una mano al que ha tenido menos oportunidades para llevar adelante una vida digna.

Le dio voz a los sin voz, visibilizó a los invisibles, habló en nombre de los pobres del mundo, peleó por ellos y redistribuyó las inmensas riquezas que Venezuela posee para favorecer a los excluidos de siempre. Miró con generosidad a nuestros pueblos hermanos para tenderles una mano y sacarlos de sus problemas.

Quienes lo admiramos y amamos sabemos, que no todo en Chávez ha sido perfecto, su fe ciega en la amistad le ha jugado malas pasadas, colocando en cargos de poder a personas que no han sabido responderle adecuadamente, para decir lo menos. Sin embargo, estos errores humanos no opacan la inmensa labor de Hugo Chávez y su trascendencia para Venezuela y para el mundo.

Por ello, imploramos al Universo y a los Dioses de todas las manifestaciones religiosas y más allá, de corazón, por un milagro para Chávez, el Comandante se lo merece.


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María Alejandra Díaz


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